Las alteraciones de la superficie ocular ya no se observan únicamente en pacientes mayores. En la consulta actual, adolescentes y adultos jóvenes llegan con mayor frecuencia por síntomas compatibles con ojo seco, alergia ocular o cuadros en los que ambas condiciones se superponen. Este cambio plantea un reto clínico importante: diferenciar cuál es la condición de base, qué factores la acompañan y cómo evitar que el manejo se limite al alivio transitorio de los síntomas.
En los últimos años, y con mayor notoriedad después de la pandemia, los fenómenos alérgicos y otras patologías de la superficie ocular han aumentado de manera importante en la práctica clínica. Lo más llamativo no es solo la frecuencia, sino el perfil de quienes consultan: adolescentes y personas entre los 20 y 30 años, altamente sintomáticas, con exposición prolongada a pantallas, ambientes cerrados, cambios en los hábitos de vida y múltiples factores que pueden alterar la estabilidad de la película lagrimal.
Uno de los principales retos es que los síntomas pueden confundirse. Algunos pacientes llegan convencidos de tener ojo seco cuando la condición predominante es alérgica; otros consultan por alergia, pero presentan inestabilidad lagrimal, disfunción palpebral o alteraciones propias del ojo seco. Además, en muchos casos ambas condiciones coexisten. Por eso, la pregunta no debe ser solo si el paciente tiene ojo seco o alergia, sino cuál es la patología de base y qué factores están manteniendo el cuadro.
Neurodeprivación y cirugía refractiva
En la población joven, uno de los factores que ha cobrado relevancia es la cirugía refractiva. La resequedad posterior a estos procedimientos puede relacionarse con neurodeprivación, es decir, con la alteración de terminaciones nerviosas corneales que participan en la sensibilidad y en la regulación refleja de la lágrima. En estos casos, la sequedad no debe interpretarse como una molestia menor, sino como una condición que requiere evaluación específica, especialmente si se acompaña de fluctuación visual, ardor persistente o incomodidad prolongada.
El entorno también afecta la superficie ocular
El ambiente tiene un papel determinante. Muchos adolescentes y adultos jóvenes estudian o trabajan en espacios cerrados, con bajo recambio de aire, aire acondicionado o calefacción. Esta condición, asociada al llamado síndrome del edificio enfermo, puede favorecer la acumulación de irritantes, reducir la humedad ambiental y comprometer la superficie ocular. Si a esto se suma el uso prolongado de pantallas, la disminución del parpadeo y la evaporación lagrimal, el resultado puede ser un paciente joven con síntomas persistentes, aunque sin hallazgos severos en una primera valoración.
Hábitos, cosméticos y medicamentos
A estos factores se agregan elementos cotidianos que no siempre se exploran en la consulta. El maquillaje y otros productos perioculares pueden actuar como irritantes o desencadenantes de hipersensibilidad, especialmente cuando se aplican cerca del borde palpebral o no se retiran adecuadamente.
La alimentación, la hidratación, el consumo de tabaco o vapeadores, la falta de sueño, el estrés sostenido y el uso de medicamentos sistémicos también pueden influir en la respuesta inflamatoria y en la función lagrimal. En particular, algunos ansiolíticos, antidepresivos y antihistamínicos pueden asociarse con sequedad ocular o bucal, por lo que revisar la historia farmacológica es indispensable en pacientes con síntomas persistentes.
Tres señales para la consulta optométrica
Para el optómetra, que suele ser uno de los primeros profesionales en recibir a estos pacientes, hay señales que pueden orientar la remisión oportuna. La primera es el uso de lentes de contacto. En estos casos, la presencia de papilas no siempre corresponde a alergia; también puede relacionarse con irritación mecánica por años de uso, colocación, retiro y roce del lente sobre la conjuntiva tarsal.
La segunda es la fluctuación visual asociada al parpadeo: cuando el paciente gana o pierde líneas de agudeza visual después de cerrar y abrir los ojos, puede existir una alteración en la dinámica lagrimal. La tercera es la presencia de condiciones corneales o geométricas, como queratocono, trasplante de córnea o miopía elevada, que pueden modificar la relación entre la lágrima, la córnea y el parpadeo.
Ponerle “apellido” al ojo seco
El diagnóstico de superficie ocular no debe quedarse en una categoría general. Es necesario establecer la severidad del cuadro y el componente predominante. Para ello, la evaluación puede incluir cuestionarios como el OSDI, medición del volumen lagrimal con test de Schirmer, tinciones vitales, osmolaridad lagrimal, análisis computarizado de la lágrima, valoración del parpadeo, tiempo de ruptura lagrimal no invasivo y estudio de las glándulas de Meibomio.
En algunos casos, también puede ser útil evaluar pestañas y borde palpebral para identificar microorganismos asociados con blefaritis, como Demodex folliculorum, Staphylococcus o Malassezia furfur. Con esta información, es posible clasificar el ojo seco como leve, moderado o severo, y determinar si predomina un componente acuodeficiente, mucodeficiente o lipodeficiente.
Esta precisión es fundamental porque no todos los pacientes requieren el mismo tratamiento. Una alergia ocular, una irritación mecánica, una blefaritis, una alteración neurosensorial o un cuadro mixto exigen abordajes diferentes.
Estabilizar antes de intervenir
En pacientes con síntomas de superficie ocular, la prioridad no siempre es avanzar de inmediato hacia una nueva fórmula, una adaptación de lentes de contacto o un procedimiento. En muchos casos, primero es necesario estabilizar la superficie ocular para que las decisiones clínicas sean más precisas y sostenibles. Una superficie alterada puede afectar la calidad visual, la tolerancia a los lentes de contacto, la exactitud de las mediciones, la recuperación posquirúrgica y la satisfacción del paciente.
El aumento de síntomas de ojo seco, alergia ocular y cuadros mixtos en adolescentes y adultos jóvenes obliga a ampliar la anamnesis y fortalecer la relación entre optometría y oftalmología. El reto ya no es solo aliviar el síntoma, sino identificar qué lo desencadena, qué lo mantiene y qué intervención puede modificar su curso. En una población cada vez más expuesta a pantallas, ambientes cerrados, estrés, cosméticos, medicamentos y procedimientos refractivos, la superficie ocular exige una mirada preventiva, personalizada y realmente integral.
Artículo basado en el programa de Franja TV Adulto joven con alergia ocular y ojo seco, con la participación de la Dra. Martha Lizarazo, oftalmóloga especialista en cirugía plástica ocular, órbita y oncología; especialista en enfermedades de superficie ocular y ojo seco; y directora de la Unidad de Superficie Ocular de la Clínica Oftalmológica del Caribe.



