El ojo seco es una enfermedad frecuente, multifactorial y de manejo cada vez más complejo. Su prevalencia varía ampliamente según los criterios diagnósticos y la población estudiada, mientras su impacto clínico, económico y funcional exige una evaluación más precisa y un manejo mejor orientado. Por ello, el abordaje no debería limitarse a la recomendación general de lágrimas artificiales. La alteración de la superficie ocular puede responder a distintas causas, comprometer diferentes componentes de la película lagrimal y presentarse con grados variables de severidad.
En este contexto, el Consenso Latinoamericano sobre Lubricantes Oculares y Ojo Seco (LUBOS) se convierte en un documento de referencia para comprender esta condición desde una mirada regional, clasificar su severidad y orientar la selección clínica adecuado de lubricantes oculares. Publicado en Oftalmología Clínica y Experimental, volumen 17, suplemento 1, marzo de 2024, el consenso fue desarrollado por un grupo de expertos latinoamericanos con el propósito de construir un algoritmo diagnóstico-terapéutico para el ojo seco, centrado en el uso apropiado de lubricantes oculares.
Un consenso con mirada regional
El LUBOS parte de una necesidad concreta: adaptar el conocimiento disponible sobre ojo seco a la realidad latinoamericana. El documento reconoce que la región tiene características sociales, culturales, geográficas, ambientales y sanitarias propias, por lo que no siempre basta con trasladar de manera directa los conceptos desarrollados en otros contextos.
El consenso se organiza en preguntas clínicas que abordan la composición y función de la película lagrimal, la definición de ojo seco, su carga económica, prevalencia, etiología, severidad, componentes de las lágrimas artificiales, selección del lubricante, tratamientos complementarios y algoritmo diagnóstico-terapéutico. Esta estructura muestra que no se trata solo de una revisión sobre productos, sino de una guía amplia para ordenar el manejo de la enfermedad.
Ojo seco: más que falta de lágrima
Uno de los aportes centrales del LUBOS es recordar que la película lagrimal es una estructura compleja, dinámica y esencial para la homeostasis de la superficie ocular. Cumple funciones ópticas, lubricantes, inmunológicas, endocrinas y neurotróficas. Por eso, el ojo seco no debe entenderse únicamente como falta de lágrima, sino como una alteración de la estabilidad, composición y función de la película lagrimal.
El consenso define el ojo seco como una enfermedad multifactorial de la superficie ocular, caracterizada por pérdida de homeostasis de la película lagrimal. Además, lo clasifica según su origen en evaporativo, acuodeficiente o mixto, y reconoce el papel de la inestabilidad lagrimal, la hiperosmolaridad, la inflamación, el daño tisular y las alteraciones neurosensoriales. También señala que los factores ambientales y de estilo de vida pueden desencadenar o agravar la enfermedad.
Prevalencia, carga económica y calidad de vida
El LUBOS dedica apartados específicos a la dimensión epidemiológica y económica del ojo seco. En cuanto a prevalencia, el consenso recoge que las cifras pueden variar entre 6,8 % y 54 %, según la población estudiada, los criterios diagnósticos utilizados y si se consideran solo los síntomas, solo signos clínicos o la combinación de ambos. Esta falta de homogeneidad explica por qué los estudios reportan porcentajes tan distintos y por qué aún es difícil comparar resultados entre regiones.
Aun con esta variabilidad, el documento identifica tendencias consistentes: el ojo seco es más frecuente en mujeres y aumenta con la edad. Además, advierte que los factores de estilo de vida, como el uso prolongado de pantallas, están adquiriendo relevancia en la aparición de síntomas en personas jóvenes.
Para América Latina, el LUBOS cita una revisión sistemática y metaanálisis de 2024 que incluyó 14 estudios latinoamericanos y 11.594 participantes. En ese análisis, la prevalencia reportada fue de 41 % en México y 13 % en Brasil. Además, se observaron cifras elevadas en grupos específicos: 70 % en trabajadores de interiores, 71 % en estudiantes y 83 % en pacientes atendidos en clínicas de oftalmología general. Estos datos refuerzan la necesidad de estudios regionales más homogéneos, que permitan dimensionar mejor el impacto real de la enfermedad.
La carga económica también es un punto central. El LUBOS recuerda que el impacto del ojo seco no se limita al costo de consultas, medicamentos o procedimientos. También incluye costos indirectos, como la disminución del rendimiento laboral, y costos intangibles relacionados con dolor, incomodidad, fluctuación visual, limitaciones en actividades diarias y deterioro de la calidad de vida. En este sentido, la enfermedad no solo afecta la superficie ocular, sino también el desempeño funcional del paciente.
Para América Latina, el consenso identifica una brecha importante: no existen datos confiables sobre el costo económico del ojo seco en los países de la región. Por ello, plantea la necesidad de investigaciones que integren variables locales y permitan dimensionar el impacto directo e indirecto de la enfermedad en los sistemas de salud, los pacientes y la productividad.
Clasificar para orientar el tratamiento
El LUBOS propone cuatro niveles de severidad: leve, moderado, severo y plus. Para establecerlos, considera criterios como el cuestionario OSDI, el tiempo de ruptura lagrimal, la tinción de la superficie ocular y la funcionalidad de las glándulas de Meibomio. La categoría “plus” incluye casos de mayor complejidad, como aquellos con daño irreversible de la superficie ocular, anestesia corneal, queratinización, lagoftalmos con erosión epitelial o simbléfaron extenso.
Esta clasificación tiene una utilidad práctica: ayuda a evitar que todos los pacientes sean tratados de la misma manera. Un ojo seco leve, con síntomas intermitentes, no exige el mismo abordaje que un caso severo o plus, en el que puede requerirse mayor vigilancia, tratamiento más intensivo y seguimiento estrecho.
El papel de los lubricantes oculares
El consenso dedica una sección central a los componentes de las lágrimas artificiales. Allí se explica que los lubricantes deben hidratar y lubricar la superficie ocular, ofrecer osmoprotección, reducir la evaporación, permanecer más tiempo sobre la superficie, contribuir indirectamente a disminuir la inflamación, reducir los síntomas y ayudar a restaurar la homeostasis lagrimal.
Por esta razón, no todas las lágrimas artificiales actúan igual. Las formulaciones pueden incluir agentes que aumentan la viscosidad, derivados de celulosa, carboximetilcelulosa, hialuronato de sodio, osmoprotectores, lípidos, polímeros, geles, ungüentos, emulsiones y sistemas con o sin conservantes.
El LUBOS también advierte que, aunque los lubricantes suelen tener un amplio margen de seguridad, no deberían indicarse de forma indiscriminada. La frecuencia de uso, la presencia de conservantes, el estado de la superficie ocular y la severidad del cuadro deben considerarse al seleccionar la formulación.
Una herramienta para la práctica clínica
El punto de llegada del consenso es su algoritmo diagnóstico-terapéutico. Para ello, el panel LUBOS elaboró cuatro productos principales: una definición de ojo seco, un algoritmo diagnóstico, una escala de severidad y un algoritmo terapéutico.
El algoritmo propone iniciar con una historia clínica detallada, incluyendo antecedentes médicos, medicamentos, estilo de vida, dieta y factores de riesgo. También contempla cuestionarios validados, como el OSDI, y pruebas no invasivas como apoyo cuando estén disponibles. En el manejo, el consenso resalta la educación del paciente, el uso de lubricantes según síntomas y frecuencia, el cuidado palpebral y, según el caso, la integración de tratamientos complementarios.
¿Dónde se encuentra?
El Consenso Latinoamericano sobre Lubricantes Oculares y Ojo Seco (LUBOS) está publicado en la revista Oftalmología Clínica y Experimental, volumen 17, suplemento 1, marzo de 2024, con el título Latin American Consensus on Ocular Lubricants and Dry Eye (LUBOS). La publicación corresponde a Oftalmol Clin Exp. 2024;17(S1):eS1-eS103.
Referencia
Rodríguez García A, Núñez MX, Pereira Gomes JA, Garza M, Aguilar A, Henríquez MA, et al. Latin American Consensus on Ocular Lubricants and Dry Eye (LUBOS). Oftalmol Clin Exp. 2024;17(S1):eS1-eS103.



