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El test DEM como herramienta de cribado en dificultades lectoras

Uno de los problemas de aprendizaje más relevantes y prevalentes en la población escolar está relacionado con las dificultades en la lectura. Se ha descrito un incremento preocupante de los trastornos del aprendizaje, con aproximaciones que señalan hasta un tercio de la población escolar afectada. Dentro de este grupo, los problemas relacionados con la lectura ocupan un lugar preponderante, ya que interfieren de forma directa con la adquisición de conocimientos, el rendimiento escolar y la participación plena en el entorno educativo. Por esta razón, su detección oportuna constituye una prioridad clínica, educativa y social. (1)

En términos generales, la identificación de niños con posibles dificultades lectoras se ha basado, en primer lugar, en la observación docente y, posteriormente, en la aplicación de pruebas psicopedagógicas estandarizadas, como el Test de Análisis de Lectoescritura (TALE) o la Batería de Evaluación de los Procesos Lectores (PROLEC), en el contexto hispanohablante. Aunque estas herramientas ofrecen una evaluación detallada de los distintos procesos implicados en la lectura, su administración requiere tiempo, recursos especializados y, en muchos casos, una interpretación compleja de los resultados. Esto puede convertirse en una limitación que retrasa la detección temprana y dificulta la implementación de intervenciones oportunas, especialmente en escenarios clínicos o escolares con recursos limitados.(1–3)

La lectura es una habilidad compleja que depende de la interacción de múltiples factores cognitivos, lingüísticos y visuales. Además de procesos como la conciencia fonológica y la denominación automática rápida (RAN, por su sigla en inglés), la función visual desempeña un papel fundamental en la eficiencia lectora. En este sentido, componentes como la agudeza visual, la corrección refractiva adecuada, la binocularidad y el sistema acomodativo, son necesarios para favorecer un desempeño lector eficiente.

Las alteraciones en cualquiera de estos sistemas pueden incrementar el esfuerzo visual, generar fijaciones más prolongadas, movimientos sacádicos ineficientes y, en consecuencia, una lectura más lenta y menos fluida. De hecho, se ha descrito que los niños con dificultades lectoras suelen presentar patrones atípicos de movimientos oculares, caracterizados por movimientos sacádicos inexactos, mayor número de regresiones y fijaciones más frecuentes o prolongadas.

En este contexto, el Developmental Eye Movement Test (DEM) se ha consolidado como una de las pruebas psicométricas más utilizadas en la práctica clínica optométrica para evaluar la eficiencia de los movimientos oculares en combinación con la denominación automática rápida. Diseñado originalmente para diferenciar entre alteraciones oculomotoras y dificultades en la automatización verbal, el test DEM analiza el tiempo empleado en leer series de números dispuestos vertical y horizontalmente, así como el número y tipo de errores cometidos. A partir de estas medidas se obtienen diferentes parámetros, como el tiempo vertical, el tiempo horizontal ajustado y el ratio, que permiten clasificar el rendimiento del paciente y plantear una interpretación funcional. (1)

Por sus características, se ha propuesto el uso del test DEM como una herramienta rápida y sencilla de cribado para detectar dificultades lectoras, dado que su administración es breve y no requiere formación psicopedagógica especializada. Sin embargo, la literatura ha mostrado resultados contradictorios respecto a su capacidad predictiva, lo que hace necesario analizar con mayor precisión su utilidad clínica. (1)

En esta línea, Sanchez-Parra, Martin-Gonzalez y Sanchez (2026) realizaron un estudio con el objetivo de evaluar la relación entre el test DEM y la velocidad lectora, así como su precisión diagnóstica y su utilidad como herramienta de tamizaje para las dificultades de lectura. Para ello, desarrollaron un estudio retrospectivo en niños de 7 y 8 años evaluados en un centro optométrico, que contaban con una exploración visual completa y una evaluación lectora realizadas en la misma sesión. La velocidad lectora se estableció como variable principal y fue medida mediante la prueba de lectura del PROLEC, clasificando a los participantes según presentaran un rendimiento lector adecuado o inferior al esperado para su edad. (1)

La evaluación optométrica incluyó agudeza visual, estereopsis, facilidad acomodativa, punto próximo de convergencia, cover test, estimación refractiva y análisis de los movimientos oculares mediante el test DEM. En esta prueba se analizaron el tiempo vertical, el tiempo horizontal ajustado, el ratio y una variable combinada definida como tiempo total. Los resultados mostraron una asociación significativa entre el rendimiento en el test DEM y la velocidad lectora: a mayor tiempo empleado en la prueba, se observó una lectura más lenta. (1)

Esta relación fue especialmente consistente para el tiempo horizontal ajustado y para el tiempo total, que integró el tiempo vertical y el horizontal ajustado. Por su parte, el tiempo vertical presentó asociaciones más moderadas, mientras que el ratio fue el parámetro menos relacionado con la velocidad lectora. Desde el punto de vista diagnóstico, los parámetros temporales del DEM mostraron una sensibilidad elevada para identificar a los niños con velocidad lectora inferior a la esperada para su edad, especialmente el tiempo horizontal ajustado y el tiempo total. Sin embargo, la especificidad fue baja de forma constante, lo que indica una capacidad limitada para discriminar adecuadamente entre lectores con y sin dificultad. (1)

En síntesis, los autores concluyen que el test DEM presenta una relación significativa con la velocidad lectora y una alta sensibilidad, sobre todo cuando se utilizan el tiempo horizontal ajustado o el tiempo total. No obstante, su baja especificidad impide considerarlo un instrumento diagnóstico autónomo para las dificultades lectoras. Su principal utilidad clínica radica en su papel como herramienta de cribado, orientada a identificar niños que requieren una evaluación lectora y optométrica más profunda.

Estos hallazgos refuerzan la necesidad de un enfoque multidimensional en la valoración de la lectura, que integre medidas oculomotoras, acomodativas, binoculares y cognitivas. En el contexto de la optometría pediátrica, el test DEM puede aportar información útil para orientar la toma de decisiones clínicas, especialmente cuando se interpreta como parte de una evaluación integral y no como una prueba aislada. De esta manera, su uso puede contribuir a la detección temprana de niños que necesitan una valoración más completa y un abordaje interdisciplinario oportuno.  (1)

REFERENCIAS

1. Sanchez-Parra MC, Martin-Gonzalez S, Sanchez I. Efficacy of the DEM test as a predictor of reading difficulty. J Optom. 2026 Jul 1;19(3). doi:10.1016/j.optom.2025.100605

2. Cuetos Vega F, Rodríguez Díez B, Ruano Hernández E. PROLEC : batería de evaluación de los procesos lectores de los niños de Educación Primaria [Internet]. 2004 [citado el 1 de mayo de 2026]. Disponible en: http://hdl.handle.net/10651/54841

3. Andrade C. Z Scores, Standard Scores, and Composite Test Scores Explained. Indian J Psychol Med. el 1 de noviembre de 2021;43(6):555–7. doi:10.1177/02537176211046525

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