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Ojo seco: tecnología para un diagnóstico más preciso

Valentina Giraldo M. 

Periodista de Franja Visual

La enfermedad de ojo seco representa uno de los desafíos más frecuentes de la consulta visual debido a su carácter multifactorial y a la diversidad de mecanismos que pueden producir síntomas similares. Por esta razón, su diagnóstico no debería limitarse a identificar molestias ni su tratamiento a recomendar una lágrima artificial. Su origen puede involucrar alteraciones lagrimales, inflamatorias, palpebrales, sistémicas e incluso emocionales, por lo que requiere una evaluación amplia y organizada.

Para conocer cómo puede integrarse este análisis en la práctica clínica, Franja Visual conversó con el Dr. Julián Triviño, experto en diagnóstico y manejo de la superficie ocular. El especialista destacó la importancia de combinar la historia clínica, las pruebas básicas y la tecnología diagnóstica para determinar qué está ocurriendo en cada paciente.

Una condición frecuente en la consulta

De acuerdo con la experiencia clínica del Dr. Triviño, cerca de siete de cada diez pacientes evaluados presentan algún signo o síntoma relacionado con ojo seco. Esta observación evidencia la necesidad de incorporar la revisión de la superficie ocular dentro de la consulta cotidiana, incluso cuando el motivo inicial de atención sea diferente.

El reto, según explicó, consiste en no considerar el ojo seco como una sola enfermedad ni asumir que todos los pacientes requieren el mismo tratamiento.

“Lo primero que se debe hacer es descubrir cuál es el origen de la enfermedad para establecer un tratamiento adecuado”, afirmó el especialista.

La evaluación debe permitir reconocer si predominan la inestabilidad lagrimal, la evaporación, la deficiencia acuosa, el compromiso de las glándulas de Meibomio, las alteraciones epiteliales o alguna condición sistémica asociada.

Tres marcadores para iniciar la evaluación

El Dr. Triviño propone incorporar en la consulta tres marcadores básicos para evaluar la homeostasis de la superficie ocular: la presencia de síntomas, la estabilidad de la película lagrimal y las tinciones vitales. La historia clínica complementa esta valoración al permitir identificar antecedentes y factores asociados. Este protocolo puede realizarse en pocos minutos y proporciona información inicial para orientar las pruebas posteriores. 

Síntomas e historia clínica

El primer paso consiste en escuchar al paciente y caracterizar sus síntomas. Para ello pueden utilizarse cuestionarios estandarizados, entre ellos el índice de enfermedad de la superficie ocular, que permite organizar la información relacionada con molestias, limitaciones visuales y factores ambientales.

Además del cuestionario, la anamnesis debe explorar antecedentes médicos personales y familiares, medicamentos, hábitos digitales, condiciones ambientales, calidad del sueño y presencia de enfermedades sistémicas.

Estabilidad de la película lagrimal

El segundo marcador corresponde a la estabilidad lagrimal. Esta puede evaluarse mediante el tiempo de ruptura de la película lagrimal y mediante tecnologías que realizan mediciones no invasivas.

Según el protocolo clínico compartido por el Dr. Triviño, un tiempo de ruptura inferior a siete segundos puede alertar sobre una película lagrimal inestable y debe interpretarse junto con los síntomas y los demás hallazgos clínicos.

Algunos queratómetros, autorrefractómetros y equipos especializados permiten observar cambios en la regularidad de las imágenes reflejadas sobre la córnea. Estas mediciones facilitan la identificación de alteraciones sin depender exclusivamente de pruebas invasivas.

Tinciones vitales

El tercer marcador es la evaluación del epitelio corneal y conjuntival mediante tinciones vitales. Para el especialista, este paso es indispensable porque permite localizar y caracterizar el daño de la superficie ocular.

La fluoresceína permite observar alteraciones del epitelio corneal y medir el tiempo de ruptura lagrimal mediante iluminación azul cobalto. La incorporación de un filtro amarillo de barrera incrementa el contraste y facilita la visualización de las áreas teñidas.

El verde de lisamina, por su parte, permite examinar células conjuntivales comprometidas y áreas con protección mucínica alterada. El patrón, la intensidad y la localización de la tinción deben interpretarse dentro del contexto clínico de cada paciente.

“Las tinciones brindan información que no debería omitirse. La lámpara de hendidura continúa siendo una herramienta fundamental para comprender el estado real de la superficie ocular”, señaló el Dr. Triviño.

Tecnología para precisar el mecanismo

Las pruebas básicas permiten establecer una orientación inicial, pero algunos pacientes necesitan estudios complementarios que ayuden a confirmar el mecanismo predominante.

Cuando existe sospecha de ojo seco evaporativo o disfunción de las glándulas de Meibomio, la meibografía permite visualizar su estructura, reconocer pérdida o atrofia glandular y documentar cambios en el tiempo. Esta información debe complementarse con la evaluación del borde palpebral, la expresión glandular y las características del meibum.

En pacientes con hallazgos discordantes, síntomas intensos o sospecha de alteraciones sistémicas, pueden considerarse otras pruebas, entre ellas la medición de la osmolaridad lagrimal, el patrón de cristalización lagrimal, el análisis de Demodex y la citología de impresión.

También aclaró que la tecnología no reemplaza el criterio clínico. Su principal valor está en ampliar la información, documentar los hallazgos y facilitar decisiones más precisas.

Más allá de la lágrima artificial

Uno de los errores frecuentes en el abordaje del ojo seco es asumir que todas sus manifestaciones pueden controlarse exclusivamente con lubricantes. Aunque las lágrimas artificiales sin conservantes pueden formar parte del manejo, el tratamiento debe responder al origen identificado.

En algunos casos serán necesarias medidas de higiene palpebral, aplicación de calor, manejo de la inflamación, modificación de hábitos o tratamientos dirigidos a las glándulas de Meibomio. En otros, los hallazgos pueden indicar la necesidad de una valoración interdisciplinaria.

El Dr. Triviño resaltó que dermatología, reumatología y endocrinología pueden participar cuando existen enfermedades cutáneas, autoinmunes, metabólicas u hormonales relacionadas con la alteración ocular.

La nutrición, el sueño y el estado emocional también deben considerarse. El estrés, la ansiedad y las alteraciones del descanso pueden intensificar la percepción de los síntomas y afectar la experiencia del paciente, por lo que el manejo no debe concentrarse únicamente en la superficie ocular.

Diagnosticar antes de tratar

El abordaje contemporáneo del ojo seco exige integrar la entrevista clínica, la observación detallada y las herramientas tecnológicas. Protocolizar la evaluación ayuda a detectar alteraciones que pueden pasar inadvertidas durante una consulta convencional y evita indicar tratamientos generales frente a una condición multifactorial.

La tecnología aporta precisión, pero su utilidad depende de la interpretación del profesional. Para el Dr. Julián Triviño, el objetivo no es realizar todas las pruebas disponibles, sino seleccionar aquellas que permitan responder una pregunta esencial: ¿qué mecanismo está alterando la superficie ocular de ese paciente?

Solo a partir de esa respuesta será posible establecer un tratamiento individualizado, coordinar las interconsultas necesarias y ofrecer un seguimiento dirigido a mejorar la comodidad y la calidad visual.

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