La salud visual infantil suele entrar en la conversación escolar cuando un niño no ve bien el tablero, se acerca demasiado al cuaderno o manifiesta cansancio durante la lectura. Sin embargo, las cifras disponibles sugieren que el problema es más amplio: en América Latina y el Caribe, la pérdida visual en edad escolar continúa siendo una condición subidentificada, mientras los errores refractivos no corregidos, la ambliopía y algunas alteraciones de la visión binocular pueden interferir con actividades esenciales del aprendizaje, como leer, copiar, sostener la atención visual de cerca y mantener un desempeño funcional en el aula.
Según el Banco Interamericano de Desarrollo, en América Latina y el Caribe cerca de 1,3 millones de niños en edad escolar presentan pérdida visual, pero solo alrededor de 137.000 han sido identificados por los sistemas educativos. Esta diferencia evidencia una brecha relevante entre la presencia del problema y su reconocimiento institucional, especialmente si se considera que la escuela es uno de los escenarios más importantes para detectar signos tempranos de dificultad visual.1
La Organización Mundial de la Salud también ha señalado que el defecto refractivo no corregido sigue siendo una de las principales causas de discapacidad visual tanto en niños como en adultos. Además, la iniciativa WHO SPECS 2030 plantea que el acceso a servicios de refracción y anteojos continúa siendo insuficiente, especialmente en contextos de menores ingresos, donde dos de cada tres personas que necesitan gafas no acceden a ellas.2,3
EL PRIMER DATO PENDIENTE: DETECTAR NO SIEMPRE SIGNIFICA RESOLVER
En salud visual escolar, la cifra más importante no es solo cuántos niños fallan un tamizaje, sino cuántos llegan realmente a una evaluación completa, reciben corrección óptica cuando la necesitan y permanecen en seguimiento. Esta cadena —detección, remisión, diagnóstico, corrección y control— suele fragmentarse, lo que convierte una condición tratable en una barrera funcional para el niño.
Los programas de salud visual escolar tienen, por tanto, un valor estratégico. Las guías de la International Agency for the Prevention of Blindness destacan que las iniciativas escolares deben integrar tamizaje, disponibilidad de servicios, referencia, entrega de corrección cuando corresponda y seguimiento, sin limitarse a una medición aislada de agudeza visual.4
Esta mirada es clave para Latinoamérica, donde las desigualdades territoriales, económicas y educativas pueden dificultar el acceso a atención especializada. En algunos contextos, el niño es detectado, pero no llega a consulta; en otros, recibe una fórmula, pero no accede a los anteojos; y, en otros casos, la corrección se entrega, pero no se verifica su uso, adaptación o pertinencia clínica. La terapia visual puede renovar esperanzas cuando se entiende como una intervención clínica seria, no como una moda ni como un producto milagroso. Su aporte social está en mejorar la eficiencia visual, la comodidad, la funcionalidad, la participación y la calidad de vida. La responsabilidad de los profesionales de la salud visual es defender una práctica basada en evidencia, ética y centrada en el paciente, reconociendo tanto el impacto transformador de la terapia visual bien indicada como los riesgos de aplicar procedimientos sin respaldo científico.
ERRORES REFRACTIVOS: CAUSA CORREGIBLE CON IMPACTO FUNCIONAL
Los errores refractivos no corregidos siguen siendo uno de los puntos más sólidos para hablar de cifras en visión escolar. La evidencia regional muestra que miopía, hipermetropía y astigmatismo están presentes en la población infantil latinoamericana, aunque con variaciones importantes según país, edad, método de medición, uso o no de cicloplejia, punto de corte diagnóstico y características de la muestra estudiada.
En el caso de la miopía, una revisión sistemática y metaanálisis de 2024, realizada en niños y adolescentes latinoamericanos de 3 a 20 años, estimó una prevalencia regional agrupada de 8,61 %, con un intervalo de confianza del 95 % entre 5,22 % y 13,87 %. El análisis, que incluyó 24 estudios y 165.721 participantes, mostró cifras individuales muy variables, entre 0,80 % y 47,36 %. Esta diferencia no necesariamente indica contradicción, sino que refleja diferencias metodológicas, edades incluidas, zonas geográficas y criterios refractivos empleados.⁵
Cuando se observan estudios por país, el panorama se vuelve más concreto. En Colombia, una investigación realizada en Soacha con 1.139 niños de 5 a 12 años de cinco colegios públicos encontró que el astigmatismo fue el defecto refractivo más frecuente, con una prevalencia de 31,1 %, seguido por la miopía, con 20,8 %, y la hipermetropía, con 13,1 %. Además, el estudio señaló que el astigmatismo y la miopía aumentaban significativamente con la edad, mientras la proporción de niños sin errores refractivos disminuía.⁶
En México, un estudio realizado en escolares de zonas económicamente desfavorecidas del noroeste del país, con protocolo basado en el Refractive Error Study in Children, evaluó a 2.422 niños y reportó una prevalencia de miopía de 14,55 %, hipermetropía de 3,23 % y astigmatismo de 18,63 %.⁷ En este caso, el astigmatismo también tuvo una presencia relevante, mientras la hipermetropía fue menos frecuente que la miopía bajo los criterios utilizados por los autores.
Estos datos permiten una lectura importante para la práctica clínica: en Latinoamérica, el problema no puede resumirse únicamente en la miopía. Aunque su crecimiento merece vigilancia, el astigmatismo aparece con frecuencia como uno de los errores refractivos más reportados en población escolar, y la hipermetropía sigue siendo clínicamente relevante, especialmente por su relación con síntomas en visión próxima, esfuerzo acomodativo, ambliopía o dificultades funcionales cuando no se detecta ni se corrige oportunamente.
El problema, además, no se limita a la presencia del defecto refractivo. En el aula, una ametropía no corregida puede traducirse en dificultad para copiar del tablero, fatiga durante tareas prolongadas, reducción del rendimiento en actividades que exigen precisión visual y menor participación en determinadas dinámicas escolares. Por eso, la corrección óptica en la infancia debe entenderse como una intervención funcional, no solo como una respuesta refractiva.
AMBLIOPÍA: UNA CIFRA PEQUEÑA CON ALTO PESO CLÍNICO
La ambliopía también debe ocupar un lugar en una sección de cifras sobre pediatría visual. Aunque su prevalencia global puede parecer menor frente a otros problemas visuales, su relevancia clínica es considerable porque depende de una detección oportuna y de una intervención durante etapas sensibles del desarrollo visual.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Frontiers in Pediatrics estimó una prevalencia global de ambliopía infantil de 1,36 %, con base en 97 estudios que incluyeron más de 4,6 millones de niños.8
Este dato permite una lectura importante: una prevalencia aparentemente baja puede representar un número significativo de niños cuando se proyecta sobre poblaciones escolares amplias. Además, a diferencia de otras condiciones visuales, la ambliopía exige actuar dentro de una ventana terapéutica en la que la detección temprana modifica el pronóstico visual.
En este punto, la evaluación pediátrica no puede depender únicamente de la queja del niño o de la observación del docente. Muchos pacientes pediátricos no identifican su dificultad visual como un problema, especialmente cuando la alteración ha estado presente desde etapas tempranas. Por eso, los controles visuales programados y los tamizajes bien estructurados siguen siendo una herramienta fundamental.
VISIÓN BINOCULAR Y LECTURA: EL DATO QUE AMPLÍA LA EVALUACIÓN
La lectura, la escritura y el trabajo sostenido de cerca no dependen únicamente de la agudeza visual. También requieren coordinación binocular, acomodación, movimientos oculares eficientes y capacidad para mantener el esfuerzo visual durante periodos prolongados. En este punto, la terapia visual aparece como un campo relevante, siempre que se aborde desde un diagnóstico clínico preciso y no desde afirmaciones generales sobre el aprendizaje.
La insuficiencia de convergencia es una de las alteraciones binoculares más estudiadas. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en The Open Ophthalmology Journal reportó una prevalencia agrupada de 7,98 %, aunque con alta heterogeneidad entre estudios.9
Este dato debe interpretarse con prudencia. No significa que todos los niños con bajo rendimiento escolar tengan un problema binocular, ni que toda dificultad lectora sea de origen visual. Sin embargo, sí respalda la necesidad de considerar la binocularidad y la acomodación dentro de una evaluación visual completa cuando existen síntomas como cansancio, cefalea, visión doble, pérdida del renglón, dificultad para sostener la lectura o rechazo a tareas de cerca.
Desde esta perspectiva, la terapia visual no debe presentarse como una solución genérica para el aprendizaje, sino como una intervención indicada en condiciones específicas, con objetivos medibles y seguimiento profesional.
UNA CIFRA NO BASTA: EL RETO ESTÁ EN CERRAR LA BRECHA
Las cifras sobre visión escolar en Latinoamérica muestran un problema doble. Por un lado, existen condiciones visuales prevalentes, tratables o manejables, como los errores refractivos no corregidos, la ambliopía y algunas disfunciones binoculares. Por otro, persiste una brecha entre la detección y la atención efectiva.
Por eso, hablar de salud visual infantil en la escuela exige ir más allá de la agudeza visual. La pregunta no debería ser únicamente cuántos niños ven mal, sino cuántos son evaluados de manera integral, cuántos reciben la corrección o intervención que necesitan y cuántos continúan en seguimiento.
En una región donde millones de niños avanzan en su trayectoria escolar con dificultades visuales no identificadas, la salud visual pediátrica debe posicionarse como parte de la agenda educativa, clínica y social. Detectar a tiempo no solo permite corregir una ametropía o tratar una ambliopía; también puede favorecer mejores condiciones para leer, aprender, participar y desarrollarse con mayor autonomía.
Porque, cuando un problema visual pasa inadvertido en el aula, no solo se afecta la forma en que un niño ve: también puede limitarse la manera en que se relaciona con el conocimiento, con su entorno y con sus propias posibilidades.
REFERENCIAS
1. Näslund-Hadley, E. (2025). What Do the Data Tell Us about Vision Loss and Blindness in School-age Children? Banco Interamericano de Desarrollo.
2. Organización Mundial de la Salud. (2026). Blindness and vision impairment. WHO.
3. Organización Mundial de la Salud. (2024). SPECS 2030. WHO.
4. International Agency for the Prevention of Blindness. (2024). IAPB School Eye Health Guidelines: 2024 edition. IAPB.
5. Guedes, J., Da Costa Neto, A. B., Fernandes, B. F., Faneli, A. C., Ferreira, M. A., Amaral, D. C., Mora-Paez, D. J., & Ambrósio, R., Jr. (2024). Myopia prevalence in Latin American children and adolescents: A systematic review and meta-analysis. Cureus, 16(6), e63482. https://doi.org/10.7759/cureus.63482
Corrección: Guedes, J., et al. (2025). Correction: Myopia prevalence in Latin American children and adolescents: A systematic review and meta-analysis. Cureus, 17(10), c349. https://doi.org/10.7759/cureus.c349
6. García-Lozada, D., Angulo-Sánchez, S. V., & Sánchez-Espinosa, J. M. (2024). Prevalence of refractive errors in school-aged and preadolescent children in Colombia. International Journal of Ophthalmology, 17(12), 2288.
7. Teran, E., Romo-García, E., & Santiago, H. C. (2024). Refractive errors of school children from economically disadvantaged areas in Northwest México. Journal of Clinical Medicine, 13(11), 3094. https://doi.org/10.3390/jcm13113094
8. Hu, B., Liu, Z., Zhao, J., Zeng, L., Hao, G., Shui, D., & Mao, K. (2022). The global prevalence of amblyopia in children: A systematic review and meta-analysis. Frontiers in Pediatrics, 10, 819998. https://doi.org/10.3389/fped.2022.819998
9. Mohamed, Z., & Alrasheed, S. H. (2023). A systematic review and meta-analysis of convergence insufficiency prevalence and management options. The Open Ophthalmology Journal, 17, e187436412306231. https://doi.org/10.2174/18743641-v17-20230712-2023-8



