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Ojo seco: qué cambia con TFOS DEWS III

 

Sandra Carolina Durán Cristiano, O.D., MSc, PhD 

Universidad Complutense de Madrid. 

La enfermedad de ojo seco continúa ganando relevancia por su frecuencia, su impacto sobre la calidad de vida y la creciente comprensión de los mecanismos que intervienen en su desarrollo. La actualización TFOS DEWS III amplía la mirada sobre esta condición e incorpora nuevos elementos relacionados con anomalías neurosensoriales, estilo de vida, biomarcadores y alternativas terapéuticas emergentes.

Estudios epidemiológicos recientes sitúan la prevalencia del ojo seco entre el 25 % y el 50 %, dependiendo de la población analizada. Además, la enfermedad ya no se observa únicamente en grupos tradicionalmente considerados de riesgo, sino también en personas jóvenes e incluso en niños.

El entorno digital, las condiciones ambientales y diferentes aspectos del estilo de vida aparecen entre los factores que pueden contribuir a su creciente presencia.

Una enfermedad que va más allá de la superficie ocular

DEWS III refuerza la necesidad de comprender el ojo seco como una enfermedad compleja y multifactorial.

La actualización mantiene elementos fundamentales como la inestabilidad de la película lagrimal, la pérdida de la homeostasis, la hiperosmolaridad, la inflamación, el daño de la superficie ocular y las alteraciones neurosensoriales, pero amplía su comprensión al integrar otras variables que pueden influir en la aparición y evolución de la enfermedad.

Uno de los aspectos que cobra especial relevancia es la relación entre la lágrima y los mecanismos neurosensoriales. La película lagrimal deja de entenderse únicamente como un fluido protector para convertirse también en una fuente de información biológica.

El estudio de las biomoléculas presentes en la lágrima permite profundizar en diferentes procesos asociados con la superficie ocular y abre posibilidades para avanzar hacia una evaluación cada vez más personalizada.

Sueño, dieta y ambiente entran en la conversación

La actualización también amplía la atención hacia factores relacionados con el estilo de vida, entre ellos la dieta, el sueño, la contaminación ambiental y otros hábitos cotidianos que pueden influir sobre la superficie ocular.

Las alteraciones del ritmo circadiano, por ejemplo, comienzan a considerarse dentro de la comprensión de los cambios en el volumen lagrimal y la actividad de las glándulas de Meibomio.

Esta perspectiva lleva al profesional a mirar más allá del hallazgo clínico aislado. Un menisco lagrimal reducido o una baja producción de lágrima pueden requerir también la valoración de hábitos, condiciones sistémicas y factores ambientales capaces de intervenir en la enfermedad.

El impacto también puede ser emocional

El ojo seco no se limita al ardor, la sensación de arenilla, el prurito o el ojo rojo. Su repercusión puede extenderse a otros ámbitos de la vida del paciente.

Investigaciones recientes han comenzado a explorar la relación entre la enfermedad de ojo seco, la salud mental y las alteraciones del sueño, incluyendo su asociación con ansiedad y depresión.

Esta mirada refuerza la necesidad de un abordaje más amplio, que considere no solo los signos y síntomas oculares, sino también la manera como la enfermedad repercute en la vida cotidiana.

Hacia una mayor precisión en el diagnóstico

Otro de los componentes relevantes de DEWS III es la actualización del enfoque diagnóstico.

Las diferentes pruebas pueden analizarse de acuerdo con los mecanismos fisiopatológicos que buscan evaluar y se incorporan algoritmos clínicos que facilitan la organización de la información y su aplicación en consulta.

A las pruebas tradicionales se suma el creciente interés por los biomarcadores lagrimales. Entre ellos se encuentra la evaluación de la metaloproteinasa 9 (MMP-9), además del estudio de moléculas como MUC5AC y los microARN.

Estos desarrollos apuntan hacia un objetivo cada vez más presente en superficie ocular: avanzar hacia un diagnóstico temprano y una medicina de precisión.

La identificación de determinados marcadores podría contribuir no solo a detectar alteraciones, sino también a establecer su severidad y determinar qué pacientes requieren un seguimiento más estrecho.

Un panorama terapéutico más amplio

Los lubricantes continúan teniendo un lugar importante en el manejo del ojo seco, pero el abordaje actual contempla otras estrategias de acuerdo con el mecanismo predominante de la enfermedad.

Entre las opciones consideradas se encuentran las intervenciones dirigidas a las glándulas de Meibomio, la luz pulsada intensa (IPL), la neuroestimulación, la bioestimulación, la luz infrarroja, los inmunomoduladores y otras alternativas farmacológicas y no farmacológicas.

La neuroestimulación adquiere interés particularmente frente a los componentes neuropáticos de la enfermedad, mientras que los inmunomoduladores cobran mayor relevancia a partir del reconocimiento del componente inflamatorio.

También continúa creciendo el interés por la medicina regenerativa, incluyendo el uso de hemoderivados y otras aproximaciones orientadas a favorecer la recuperación de la superficie ocular.

No todas estas alternativas se encuentran disponibles de manera generalizada en América Latina. Sin embargo, algunas ya forman parte de las posibilidades terapéuticas de la región y podrían adquirir mayor presencia conforme avancen la evidencia y el acceso a nuevas tecnologías.

Prevenir también hace parte del manejo

Otro cambio importante es entender que el abordaje puede comenzar antes de que la enfermedad alcance estadios avanzados.

La dieta, el sueño, los factores ambientales y otras variables relacionadas con el estilo de vida pueden formar parte de las estrategias de prevención y mitigación.

DEWS III también plantea el interés por los extractos naturales como posibles líneas de investigación para el ojo seco, un campo que podría tener especial relevancia para regiones biodiversas como Colombia y América Latina.

La lágrima como fuente de información

La actualización consolida un concepto que ha venido evolucionando durante los últimos años: la lágrima puede aportar mucha más información de la que tradicionalmente se obtenía durante la consulta.

El estudio de biomarcadores, las nuevas tecnologías de análisis y las herramientas asociadas con inteligencia artificial podrían permitir en el futuro comprender con mayor detalle los procesos biológicos presentes en cada paciente.

La investigación avanza así hacia métodos capaces de proporcionar información cada vez más específica sobre la superficie ocular y favorecer un manejo individualizado.

DEWS III representa, por tanto, no solo una actualización del conocimiento disponible, sino una invitación a ampliar la forma de evaluar al paciente con ojo seco: integrar signos, síntomas, mecanismos fisiopatológicos, entorno, estilo de vida y nuevas herramientas diagnósticas y terapéuticas.

La enfermedad de ojo seco deja de entenderse como un problema limitado a la lubricación insuficiente y se consolida como una condición compleja que requiere valoración integral y seguimiento adaptado a las características de cada paciente.

Artículo basado en el programa Salud Visual Hoy de Franja TV, en conversación con Sandra Durán, O.D. experta en superficie ocular e investigadora en análisis de la lágrima. Ver programa aquí:

 

 

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