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Cuando la superficie ocular revela una enfermedad sistémica

Departamento Editorial de Franja Visual

La superficie ocular no funciona de manera aislada. Su estabilidad depende de la interacción entre la película lagrimal, los párpados, la córnea, la conjuntiva y los mecanismos nerviosos e inmunológicos que regulan su funcionamiento. Por ello, distintas enfermedades sistémicas pueden manifestarse mediante sequedad, inflamación, alteraciones de la sensibilidad corneal o dificultades en la reparación epitelial.

Estas manifestaciones responden a mecanismos diferentes. Algunas enfermedades comprometen directamente las glándulas lagrimales; otras alteran la inervación corneal, modifican la composición de la lágrima o desencadenan procesos inflamatorios que afectan los tejidos oculares. También existen condiciones en las que los cambios anatómicos de los párpados favorecen la exposición y la evaporación lagrimal.

Reconocer estas relaciones es importante para la atención primaria en salud visual. La presencia de ojo seco no confirma una enfermedad sistémica, pero determinados hallazgos, especialmente cuando se acompañan de antecedentes generales o signos de alarma, pueden justificar una evaluación más amplia.

Enfermedades autoinmunes: más allá de la sequedad

La enfermedad de Sjögren es uno de los ejemplos más representativos de afectación ocular asociada con autoinmunidad. En esta condición, la infiltración de células inmunitarias en las glándulas exocrinas, especialmente lagrimales y salivales, produce inflamación y deterioro de su función. Como consecuencia, disminuye la secreción acuosa, se altera la homeostasis lagrimal y aumenta la vulnerabilidad del epitelio ocular. (1)

El problema no se limita a producir menos lágrimas. La inflamación persistente puede modificar su composición, favorecer el daño epitelial y perpetuar un círculo en el que la inestabilidad lagrimal mantiene activa la respuesta inflamatoria.

Por eso, estos pacientes pueden presentar tinción corneal y conjuntival, sensación de cuerpo extraño, fotofobia y fluctuaciones visuales. En situaciones avanzadas, el daño puede comprometer la integridad corneal. Las recomendaciones de la British Society for Rheumatology destacan la necesidad de evaluar tanto las manifestaciones glandulares como las sistémicas de Sjögren. (2)

La artritis reumatoide también puede comprometer la superficie ocular. La inflamación sistémica y las alteraciones inmunitarias pueden relacionarse con disfunción lagrimal y queratoconjuntivitis seca. Sin embargo, algunas complicaciones son considerablemente más graves, como la queratitis ulcerativa periférica, en la que la inflamación favorece la degradación del estroma y el adelgazamiento corneal. (3)

De manera similar, el lupus eritematoso sistémico puede asociarse con queratoconjuntivitis seca, alteraciones de las glándulas de Meibomio y compromiso conjuntival. La respuesta inflamatoria puede afectar las células caliciformes y la producción de mucinas, necesarias para mantener la estabilidad lagrimal. (4)

Aunque estas enfermedades comparten manifestaciones, sus mecanismos y niveles de gravedad son distintos. La coexistencia de sequedad ocular con molestias articulares, sequedad bucal, fatiga u otros antecedentes autoinmunes puede orientar la necesidad de una evaluación interdisciplinaria. Asimismo, la presencia de dolor intenso, inflamación importante o adelgazamiento corneal requiere valoración oftalmológica urgente.

Diabetes: cuando la córnea pierde sensibilidad

Aunque la retinopatía diabética es una de las complicaciones oculares más conocidas, la diabetes tipo 2 también puede comprometer la superficie ocular.

La hiperglucemia sostenida favorece la acumulación de productos finales de glicación avanzada, el estrés oxidativo y la activación de vías inflamatorias. Estos procesos pueden alterar las células epiteliales, la función lagrimal y la integridad de los nervios corneales. (5)

La inervación corneal es esencial no solo para percibir estímulos, sino también para los reflejos de parpadeo y secreción lagrimal, así como para el mantenimiento del epitelio. Cuando la neuropatía diabética afecta estos nervios, puede disminuir la sensibilidad corneal y alterarse la respuesta protectora de la superficie ocular.

Esta combinación explica una situación clínicamente relevante: un paciente puede presentar alteraciones corneales significativas sin referir molestias proporcionales al daño observado.

La queratopatía diabética puede manifestarse mediante queratitis punteada superficial, erosiones epiteliales recurrentes y retraso en la cicatrización. Además, pueden coexistir alteraciones de las glándulas de Meibomio e inestabilidad lagrimal.

Una revisión publicada en Progress in Retinal and Eye Research analiza estos mecanismos y el potencial de la microscopía confocal para estudiar los cambios de la inervación corneal. (5)

Por tanto, ante lesiones epiteliales persistentes o recurrentes en pacientes diabéticos, resulta importante considerar la sensibilidad corneal, el control metabólico y los antecedentes de neuropatía.

Enfermedad ocular tiroidea: exposición e inflamación

La enfermedad ocular tiroidea puede provocar alteraciones de los párpados y tejidos orbitarios como consecuencia de procesos autoinmunes e inflamatorios.

La retracción palpebral, el aumento de la apertura entre los párpados y la proptosis pueden incrementar la exposición corneal. Cuando el parpadeo no distribuye adecuadamente la lágrima o el cierre palpebral es incompleto, aumenta la evaporación y se compromete la protección epitelial.

Sin embargo, la exposición no explica completamente las alteraciones observadas. Una revisión sistemática publicada en Frontiers in Ophthalmology describe anomalías de la película lagrimal y procesos inflamatorios incluso en pacientes sin proptosis evidente. (6)

Por ello, la evaluación no debe limitarse a la posición de los párpados. También conviene examinar la frecuencia y amplitud del parpadeo, la exposición corneal, la estabilidad lagrimal y la integridad epitelial.

La presencia de diplopía reciente, disminución visual o dolor orbitario importante requiere valoración especializada para descartar complicaciones orbitarias.

Dermatitis atópica: la enfermedad y su tratamiento

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria que puede comprometer los párpados, la conjuntiva y la córnea. La alteración de la barrera epitelial y la respuesta inmunitaria favorecen manifestaciones como blefaritis, conjuntivitis y, en algunos pacientes, compromiso corneal.

El prurito y el frotamiento ocular repetido pueden agravar la irritación y contribuir al deterioro de la superficie.

A esta relación se suma un aspecto importante: determinados tratamientos sistémicos utilizados para controlar la enfermedad pueden asociarse con manifestaciones oculares.

El dupilumab, un anticuerpo monoclonal utilizado en dermatitis atópica, se ha relacionado con conjuntivitis y otras alteraciones de la superficie ocular. Un consenso de la British Association of Dermatologists y el Royal College of Ophthalmologists destaca la importancia de reconocer estas manifestaciones y coordinar su manejo entre especialistas. (7)

En consecuencia, la anamnesis debe contemplar los medicamentos sistémicos, la fecha de inicio y la posible relación temporal con los síntomas. Una sospecha de asociación farmacológica no implica suspender automáticamente el tratamiento.

Otras alteraciones sistémicas con repercusión ocular

La enfermedad de injerto contra huésped, que puede aparecer después de un trasplante alogénico de células madre hematopoyéticas, constituye otro ejemplo de compromiso de la superficie ocular por mecanismos inmunológicos.

En estos pacientes, la respuesta de las células inmunitarias del donante contra los tejidos del receptor puede ocasionar inflamación y fibrosis de las glándulas lagrimales, así como alteraciones conjuntivales y de las glándulas de Meibomio. (8)

Como resultado, pueden coexistir deficiencia acuosa, inestabilidad lagrimal, inflamación persistente y daño epitelial. En los casos graves, estas alteraciones pueden comprometer significativamente la integridad corneal.

La evaluación temprana y la atención interdisciplinaria resultan fundamentales, especialmente ante sequedad intensa, fotofobia o lesiones corneales persistentes.

La lágrima como fuente de información

La relación entre las enfermedades sistémicas y la superficie ocular también ha despertado interés por la película lagrimal como fuente de información biológica.

La lágrima contiene proteínas, lípidos, metabolitos y mediadores inmunológicos cuyas concentraciones pueden modificarse en determinadas condiciones generales.

Una revisión sistemática publicada en The Ocular Surface, que reunió 54 artículos, examinó el potencial de estos componentes como biomarcadores relacionados con enfermedades autoinmunes, endocrinas y neurodegenerativas. (9)

Aunque esta línea de investigación abre posibilidades para desarrollar métodos no invasivos de evaluación, todavía existen limitaciones relacionadas con la reproducibilidad de los resultados, la estandarización de las muestras y la validación clínica. Por ello, estas aplicaciones no reemplazan los procedimientos diagnósticos establecidos.

Qué debe considerarse en la consulta

La diversidad de mecanismos descritos muestra que no todos los pacientes con alteraciones de la superficie ocular requieren el mismo abordaje.

La anamnesis debe explorar antecedentes de enfermedades autoinmunes, diabetes, trastornos tiroideos, afecciones dermatológicas y tratamientos sistémicos. También conviene preguntar por sequedad bucal, síntomas articulares, neuropatías y cambios recientes en la medicación.

La evaluación puede incluir cuestionarios de síntomas, pruebas de estabilidad y producción lagrimal, tinción de la superficie ocular y examen de las glándulas de Meibomio. En pacientes seleccionados, la valoración de la sensibilidad corneal aporta información adicional.

Es importante reconocer que la intensidad de los síntomas no siempre corresponde con los signos clínicos, especialmente cuando existen alteraciones neurosensoriales. Asimismo, el dolor intenso, la fotofobia marcada, la disminución visual, los defectos epiteliales persistentes y el adelgazamiento corneal constituyen señales de alarma que requieren atención especializada.

Estas manifestaciones no significan que todo paciente con ojo seco tenga una enfermedad sistémica. Sin embargo, cuando los hallazgos son persistentes, atípicos o graves, o se acompañan de antecedentes generales relevantes, es necesario considerar una evaluación interdisciplinaria.

La superficie ocular puede aportar información sobre procesos que afectan otros órganos. Reconocer estas relaciones permite orientar mejor el diagnóstico, identificar situaciones de riesgo y contribuir a una atención que considere tanto la salud ocular como las condiciones generales del paciente.

Referencias

1. Baldini C, Fulvio G, La Rocca G, Ferro F. Update on the pathophysiology and treatment of primary Sjögren syndrome. Nat Rev Rheumatol. 2024;20(8):473-491.

https://doi.org/10.1038/s41584-024-01135-3

2. Price EJ, Benjamin S, Bombardieri M, et al. British Society for Rheumatology guideline on management of adult and juvenile onset Sjögren disease. Rheumatology (Oxford). 2025;64(2):409-439. Publicado en línea en 2024.

https://doi.org/10.1093/rheumatology/keae152

3. Ruiz-Lozano RE, Prida-Espaillat LA, Moll-Auais RA, et al. Ocular inflammatory manifestations in patients with rheumatoid arthritis. Reumatol Clin (Engl Ed). 2025;21(5):501891.

https://doi.org/10.1016/j.reumae.2025.501891

4. Musa M, Chukwuyem E, Ojo OM, et al. Unveiling Ocular Manifestations in Systemic Lupus Erythematosus. J Clin Med. 2024;13(4):1047. https://doi.org/10.3390/jcm13041047

5. Singh I, Poynten AM, Krishnan AV, Willcox MDP, Markoulli M. The ocular surface in type 2 diabetes: pathophysiology and impact of anti-diabetic drugs. Prog Retin Eye Res. 2026;110:101417. Publicado en línea en 2025. https://doi.org/10.1016/j.preteyeres.2025.101417

6. Wong AS, Chelnis JG. Systematic review of ocular surface treatments in the setting of thyroid eye disease. Front Ophthalmol (Lausanne). 2024;4:1352355.

https://doi.org/10.3389/fopht.2024.1352355

7. Ardern-Jones MR, Brown SJ, Flohr C, et al. An expert consensus on managing dupilumab-related ocular surface disorders in people with atopic dermatitis 2024. Br J Dermatol. 2024;191(6):865-885.

https://doi.org/10.1093/bjd/ljae344

8. Quiroga-Garza ME, Ruiz-Lozano RE, Rodriguez-Gutierrez LA, et al. Lessons Learned From Ocular Graft versus Host Disease: An Ocular Surface Inflammatory Disease of Known Time of Onset. Eye Contact Lens. 2024;50(5):212-221.

https://doi.org/10.1097/ICL.0000000000001082

9. Fotovat-Ahmadi N, Siddiqui O, Ong J, et al. The ocular surface tear film as a biomarker for systemic health. Ocul Surf. 2025;37:283-300. https://doi.org/10.1016/j.jtos.2025.05.005

 

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