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Lo que dice la evidencia sobre cómo se está manejando el ojo seco

Javier Oviedo, O.D.


Cuando un paciente regresa a la consulta con las mismas molestias, es habitual preguntarse si el lubricante fue el adecuado. Pocas veces se cuestiona si el diagnóstico lo fue. Este artículo reúne estudios, registros y encuestas que permiten responder, con datos, una pregunta incómoda: ¿cuántos pacientes con enfermedad de superficie ocular se tratan adecuadamente?

El punto de partida es el informe TFOS DEWS III, publicado en 2025 con la participación de 80 expertos de 18 países, que define el ojo seco como una enfermedad multifactorial y sintomática, caracterizada por la pérdida de la homeostasis de la película lagrimal y/o de la superficie ocular. En ella intervienen la inestabilidad lagrimal, la hiperosmolaridad, la inflamación, el daño de la superficie y las anomalías neurosensoriales.1

Frente a la versión de 2017, hay dos cambios clave: se enfatiza que la enfermedad es siempre sintomática y se reconoce que la pérdida de homeostasis también puede involucrar directamente la superficie ocular, no solo la película lagrimal. Su prevalencia, según la revisión epidemiológica de TFOS, oscila entre el 5 % y el 50 %, dependiendo de la población y de los criterios empleados.2

MUCHOS SÍNTOMAS, POCOS DIAGNÓSTICOS

Apenas uno de cada cinco adultos con síntomas de ojo seco ha recibido un diagnóstico formal. Ese es uno de los hallazgos centrales del estudio NESTS (Needs Unmet in Dry Eye: Symptoms, Treatment and Severity), presentado en el 43.º Congreso de la ESCRS en Copenhague, en septiembre de 2025.3

Según los resultados comunicados, el 58 % de la población general encuestada refirió síntomas de ojo seco, pero solo el 20 % de los europeos y el 17 % de los estadounidenses con síntomas tenían diagnóstico. Además, hasta un tercio de los pacientes convivió más de cinco años con los síntomas antes de consultar, mientras que uno de cada tres reportó que sus molestias empeoraron en el último año.

La muestra fue amplia: más de 5.000 personas en Reino Unido, Francia, Alemania, Polonia y Arabia Saudita, además de 2.003 adultos en Estados Unidos. 

En la región, los datos apuntan en la misma dirección. En Brasil, una encuesta a 3.107 personas de las cinco regiones del país encontró una prevalencia de ojo seco del 12,8 %, considerando diagnósticos previos y síntomas severos.4 Por su parte, un estudio domiciliario publicado en 2025, en mayores de 40 años del sureste brasileño, halló síntomas en el 38,1 % de la población urbana frente al 20 % de la rural. El uso de pantallas por más de dos horas diarias fue uno de los factores asociados.5

DIAGNOSTICADO NO SIGNIFICA BIEN TRATADO

Los registros muestran que menos de la mitad de los pacientes diagnosticados tenía documentado un tratamiento específico. En el registro IRIS de la Academia Americana de Oftalmología se identificaron casi 2,8 millones de pacientes con ojo seco en 2017. De ellos, solo el 47,7 % contaba con al menos un tratamiento, procedimiento o cirugía específicos para la enfermedad registrados. En los demás casos, no constaba una intervención de este tipo, aunque algunos pacientes pudieron haber utilizado gotas de venta libre.6

La percepción de los propios pacientes también refleja esa brecha. En NESTS, apenas el 25 % sintió que su tratamiento correspondía a sus necesidades particulares.3 Y en la encuesta clínica de la ASCRS de 2017, los cirujanos reportaron atender, en promedio, a 30 pacientes al mes cuyos síntomas no se controlaban bien con lágrimas artificiales.7

Estos resultados recuerdan lo que ocurre con los pacientes que regresan a consulta: las gotas pueden proporcionar alivio, pero las molestias persisten cuando los mecanismos involucrados no se han identificado o abordado adecuadamente.

EL MISMO SÍNTOMA, MECANISMOS DISTINTOS

La mayoría de los pacientes con ojo seco tiene un componente evaporativo, y no una simple falta de lágrima. Lemp y colaboradores analizaron retrospectivamente pacientes diagnosticados con ojo seco en 10 centros clínicos de Estados Unidos y la Unión Europea.8

En esta cohorte, alrededor del 50 % presentaba ojo seco evaporativo puro; cerca del 36 %, una forma mixta, evaporativa y por deficiencia acuosa; y solo el 14 % tenía deficiencia acuosa pura.

En total, el 86 % mostraba signos de disfunción de las glándulas de Meibomio. Aunque los lubricantes pueden contribuir al alivio momentáneo de los síntomas, no siempre abordan los mecanismos involucrados. Por eso, la evaluación de los párpados y las glándulas de Meibomio es fundamental para orientar el tratamiento.

El DEWS III llevó esta idea más lejos. En lugar de dividir el ojo seco solo en evaporativo y deficiente acuoso, identifica nueve factores etiológicos agrupados en tres áreas: la película lagrimal, los párpados y la superficie ocular.1,9 Su enfoque terapéutico considera esos factores y reconoce que con frecuencia es necesario combinar varias intervenciones, porque la enfermedad tiene múltiples causas.10 El objetivo es identificar qué está impulsando el ojo seco en cada paciente en particular.

LO QUE EL PACIENTE SIENTE NO SIEMPRE COINCIDE CON LO QUE SE VE

Los síntomas y los signos clínicos del ojo seco se correlacionan poco. Este hallazgo se ha repetido durante más de veinte años:

Nichols, Nichols y Mitchell (2004) no encontraron asociaciones relevantes entre los síntomas referidos y los signos diagnósticos en pacientes con ojo seco.11

Posteriormente, Bartlett y colaboradores (2015) revisaron sistemáticamente 33 estudios y encontraron que, de 148 coeficientes de correlación reportados, el 87 % se ubicó entre −0,4 y 0,4, es decir, una correlación de baja a moderada.12

Por su parte, el estudio DREAM evaluó 535 pacientes con ojo seco moderado a severo. Las correlaciones entre síntomas y signos fueron bajas al inicio y todavía más débiles al comparar sus cambios a lo largo de 12 meses.13

La consecuencia clínica es doble. Un paciente con síntomas intensos y signos leves puede tener un componente de dolor neuropático, que el DEWS III reconoce como factor etiológico de la enfermedad.1 Y un paciente con pocas molestias puede tener una superficie ocular comprometida. Ninguno de los dos se identifica con una sola prueba.

CÓMO SE EVALÚA LA SUPERFICIE OCULAR EN AMÉRICA LATINA

La evaluación de la superficie ocular entre los profesionales encuestados en Latinoamérica se apoya principalmente en la lámpara de hendidura y la fluoresceína. Así lo muestra la primera encuesta latinoamericana sobre el tema, publicada por Borrone y colaboradores en 2024.14 Respondieron 559 oftalmólogos de 18 países, y el protocolo fue aprobado por la Sociedad Argentina de Superficie Ocular. Ver Tabla 1.

 

Práctica evaluada

Resultado

Cuestionarios de síntomas (OSDI, DEQ-5, SPEED)

Cerca del 80 % los usa poco o nunca

Tinción con fluoresceína

Más del 95 % la usa con alta frecuencia

Tinción con verde de lisamina

Cerca del 80 % la usa poco o nunca

Meibografía

Menos del 20 % de los oftalmólogos generales y en formación la usa con frecuencia

Osmolaridad lagrimal

El 91 % la usa poco o nunca

Conjuntiva tarsal superior

Casi el 20 % no la evalúa

 

Tabla 1. Frecuencia de uso de herramientas y procedimientos para la evaluación de la superficie ocular entre oftalmólogos latinoamericanos.

Fuente: Adaptado de Borrone y colaboradores (2024).¹⁴

Los autores concluyen que hacen falta protocolos estandarizados. Esa variabilidad no es exclusiva de la región. La encuesta internacional de la TFOS 2023-24, con 905 profesionales de todo el mundo (52 % optómetras y 42 % oftalmólogos), también encontró una gran variabilidad en el manejo del ojo seco.15

Un dato alentador del mismo estudio es que la mayoría de los profesionales encuestados ya diferencia el tratamiento según el subtipo. Para el ojo seco evaporativo se prefieren la higiene y el calor palpebral; para el deficiente acuoso, la oclusión de puntos lagrimales y los secretagogos.

QUÉ CAMBIA EN LA CONSULTA

La evidencia sugiere que la proporción de pacientes con ojo seco que reciben un tratamiento adecuado podría ser menor de lo que habitualmente se supone. Los estudios analizados permiten identificar cuatro ajustes concretos.

Preguntar de forma sistemática. El DEWS III recomienda el OSDI-6 como cuestionario de tamizaje, con un punto de corte de 4 o más para identificar a los pacientes que requieren una evaluación diagnóstica.1

Evaluar los párpados en todos los casos. En el estudio de Lemp y colaboradores, el 86 % de los pacientes presentó signos de disfunción de las glándulas de Meibomio.8 Aunque esta proporción corresponde a una cohorte clínica específica, destaca la importancia de incluir la evaluación palpebral en el examen de la superficie ocular.

Seguir un protocolo diagnóstico estandarizado. Con un cuestionario positivo en el OSDI-6, el DEWS III establece que el diagnóstico puede confirmarse mediante al menos uno de los siguientes hallazgos:1

– Un tiempo de ruptura lagrimal no invasivo menor de 10 segundos.

– Una osmolaridad de 308 mOsm/L o más en cualquiera de los ojos, o una diferencia entre ambos ojos mayor de 8 mOsm/L;

– Más de cinco puntos de tinción corneal con fluoresceína, más de nueve puntos de tinción conjuntival con verde de lisamina o tinción del margen palpebral con verde de lisamina de al menos 2 mm de longitud y el 25 % de su anchura. 

La evaluación debe contemplar también el diagnóstico diferencial y la selección de pruebas según las características clínicas de cada paciente. Precisamente, varias de estas herramientas son poco utilizadas por los profesionales incluidos en la encuesta latinoamericana.

Programar el control. El paciente que vuelve con las mismas molestias representa una oportunidad para revisar el diagnóstico, evaluar la respuesta al tratamiento e identificar posibles mecanismos que aún no se han abordado.

No se trata de tener todos los equipos, sino de aplicar un razonamiento clínico que vaya más allá del lubricante. Detrás de cada consulta hay una persona que espera algo más que alivio momentáneo.

REFERENCIAS

  1. Wolffsohn JS, et al.; TFOS Collaborator Group. TFOS DEWS III: Diagnostic Methodology. Am J Ophthalmol. 2025;279:387-450. doi:10.1016/j.ajo.2025.05.033
  2. Stapleton F, Alves M, Bunya VY, et al. TFOS DEWS II Epidemiology Report. Ocul Surf. 2017;15(3):334-365.
  3. Wozniak P. Needs Unmet in Dry Eye: Symptoms, Treatment and Severity (NESTS). Presentado en el 43.º Congreso de la ESCRS, Copenhague, septiembre de 2025. Estudio conducido por Bausch + Lomb. Reportado en: Evans A. The True Extent of DED. The Ophthalmologist, octubre 2025. https://www.theophthalmologist.com/issues/2025/articles/october/the-true-extent-of-ded/
  4. de Castro JS, Selegatto IB, de Castro RS, et al. Prevalence and risk factors of self-reported dry eye in Brazil using a short symptom questionnaire. Sci Rep. 2018;8. doi:10.1038/s41598-018-20273-9
  5. Pereira LA, Arantes LB, de Souza EL, Garcia DM, de Souza IG, Pontelli RCN, Rocha EM. Prevalence of dry eye in Brazil: Home survey reveals differences in urban and rural regions. Clinics (Sao Paulo). 2025;80. https://revistas.usp.br/clinics/article/view/238124
  6. Siffel C, et al. Treatment patterns of patients with dry eye disease: an analysis of the AAO IRIS Registry. Presentado en la reunión anual de la American Academy of Optometry, San Antonio, 2018. Reportado en Healio, diciembre 2018. https://www.healio.com/news/optometry/20181213/most-dry-eye-patients-may-be-undertreated
  7. ASCRS Clinical Survey 2017. Suplemento de EyeWorld, American Society of Cataract and Refractive Surgery. https://supplements.eyeworld.org/i/890857/7
  8. Lemp MA, Crews LA, Bron AJ, Foulks GN, Sullivan BD. Distribution of aqueous-deficient and evaporative dry eye in a clinic-based patient cohort: a retrospective study. Cornea. 2012;31(5):472-478.
  9. Perez VL, Chen W, Craig JP, Dogru M, Jones L, Stapleton F, Wolffsohn JS, Sullivan DA. TFOS DEWS III: Executive Summary. Am J Ophthalmol. 2025;282:135-145. doi:10.1016/j.ajo.2025.09.035
  10. Jones L, Craig JP, Markoulli M, et al.; TFOS Collaborator Group. TFOS DEWS III: Management and Therapy. Am J Ophthalmol. 2025;279:289-386. doi:10.1016/j.ajo.2025.05.039
  11. Nichols KK, Nichols JJ, Mitchell GL. The lack of association between signs and symptoms in patients with dry eye disease. Cornea. 2004;23(8):762-770.
  12. Bartlett JD, Keith MS, Sudharshan L, Snedecor SJ. Associations between signs and symptoms of dry eye disease: a systematic review. Clin Ophthalmol. 2015;9:1719-1730. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4577273
  13. Tawfik A, Pistilli M, Maguire MG, et al.; DREAM Study Research Group. Association of dry eye symptoms and signs in patients with dry eye disease. Ophthalmic Epidemiol. 2024;31(3):274-282. doi:10.1080/09286586.2023.2248629
  14. Borrone MA, Aguilar A, Berra A, Brunzini R, Galperín G, Berra M. Preferencias en las prácticas para la evaluación de la superficie ocular entre los oftalmólogos de América Latina. Oftalmol Clin Exp. 2024;17(1):e77-e88. https://revistaoce.com/index.php/revista/article/view/290/487
  15. Wolffsohn JS, Semp D, Dutta D, Jones L, Craig JP. Clinical practice patterns in the management of dry eye disease: A TFOS international survey 2023-4. Ocul Surf. 2025. doi:10.1016/j.jtos.2024.12.008

 

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