Departamento editorial de Grupo Franja
El uso de lentes de contacto (LC) es una alternativa para la corrección de defectos refractivos y también puede desempeñar un papel en el manejo de determinadas condiciones de la superficie ocular. Los avances en materiales y diseños han contribuido a mejorar sus resultados clínicos, sin embargo, su éxito puede verse condicionado por la aparición de molestias oculares asociadas al inconfort, que afecta la adherencia terapéutica y, en un porcentaje considerable de casos, pueden conducir al abandono definitivo de su uso. (1,2)
En este contexto, la incomodidad asociada al uso de LC (Contact Lens Discomfort, CLD, por su sigla en inglés) se reconoce actualmente como una entidad multifactorial caracterizada por sensaciones oculares adversas, con o sin alteración visual, derivadas de una interacción inadecuada entre el lente y el microambiente de la superficie ocular.(1–3)
En el análisis fisiopatológico, el CLD se encuentra estrechamente vinculado a la alteración de la homeostasis de la película lagrimal, particularmente a la inestabilidad de su capa lipídica y al incremento de la evaporación lagrimal. En este escenario, la disfunción de las glándulas de Meibomio (DGM) se considera un componente crítico, ya que dichas estructuras desempeñan un componente crítico, ya que dichas estructuras desempeñan un papel esencial en la secreción lipídica que contribuye a reducir la evaporación lagrimal y mantiene la integridad de la superficie ocular. De esta manera, la alteración cualitativa o cuantitativa del meibum, junto con fenómenos obstructivos glandulares, favorece un entorno inflamatorio crónico que puede perpetuar los signos y síntomas del CLD. (1,2,4)
A pesar de la disponibilidad de estrategias terapéuticas convencionales orientadas al manejo de la DGM, que incluyen la higiene palpebral, compresas térmicas y tratamientos farmacológicos, la respuesta clínica suele ser variable y, en muchos casos, transitoria, lo que pone de manifiesto la necesidad de abordar el problema desde enfoques terapéuticos más integrales. Así las cosas, la luz pulsada intensa (Intense Pulsed Light, IPL, por su sigla en inglés) surge como una alternativa terapéutica innovadora, inicialmente empleada en dermatología, pero progresivamente incorporada al manejo de enfermedades de la superficie ocular. (1,4)
El fundamento biológico de la IPL radica en su capacidad para inducir efectos fototérmicos en los tejidos perioculares, promoviendo la licuefacción del meibum, la reducción de mediadores inflamatorios y la modulación de la vascularización anómala, factores que en conjunto contribuyen a la restauración de la función de las glándulas de Meibomio y a la estabilización de la película lagrimal. En consecuencia, su aplicación en pacientes usuarios de lentes de contacto con sintomatología de incomodidad representa una alternativa a tener en cuenta por los profesionales encargados de su adaptación. (1,4)
Con la anterior premisa, Dumpati y colaboradores (2026) realizan una investigación con el fin de evaluar los efectos de la terapia IPL sobre los signos y síntomas del CLD en usuarios sintomáticos de LC. Para ello, los autores diseñaron un estudio prospectivo, aleatorizado y doble enmascarado, en el que se evaluaron 36 ojos de 18 usuarios sintomáticos de LC, asignados a un grupo de intervención con IPL o a un grupo control. (1)
Todos los participantes presentaban sintomatología significativa según el cuestionario CLDEQ-8 (≥12 puntos) y fueron sometidos a dos sesiones terapéuticas separadas por intervalos de tres semanas, seguidas de un periodo de seguimiento clínico hasta los 90 días. Paralelamente, en ambos grupos se realizó expresión de glándulas de Meibomio posterior a cada intervención, y se efectuó una evaluación integral que incluyó parámetros subjetivos de incomodidad, así como variables objetivas relacionadas con la estabilidad de la película lagrimal, la función glandular y el estado de la superficie ocular. (1)
Los resultados encontrados por los autores evidenciaron que la terapia IPL produjo una reducción clínicamente significativa de la sintomatología de incomodidad, reflejada en la disminución de las puntuaciones del CLDEQ-8, especialmente a los 42 días, acompañada de una mejoría en la función de las glándulas de Meibomio, expresada mediante el incremento del Meibomian Gland Secretion Score (MGSS, por su sigla en inglés) y la reducción de signos como el taponamiento y la protrusión glandular. (1)
Asimismo, se observaron mejorías transitorias en parámetros inflamatorios de la superficie ocular, tales como la hiperemia conjuntival y la tinción corneal. Sin embargo, estos cambios no se tradujeron en modificaciones significativas en los parámetros cuantitativos de la película lagrimal, incluyendo el tiempo de ruptura lagrimal no invasivo (NITBUT), la altura del menisco lagrimal, y el espesor de la capa lipídica, lo que sugiere que la mejoría funcional glandular no necesariamente implica una restitución inmediata de la dinámica lagrimal.
Ante ello, los autores indican que los hallazgos del estudio sugieren que la IPL actúa principalmente sobre los componentes fisiopatológicos asociados a la DGM, probablemente mediante mecanismos fototérmicos que favorecen la licuefacción del meibum, la modulación de mediadores inflamatorios y la reducción de la vascularización anómala periocular. No obstante, la ausencia de cambios en los parámetros lagrimales y la reversión parcial de los beneficios clínicos hacia el día 90 muestran un carácter transitorio del efecto terapéutico, lo cual plantea la necesidad de esquemas de tratamiento más prolongados o protocolos de mantenimiento.
Adicionalmente, el hecho de que la expresión glandular aislada no generara cambios significativos en el grupo control refuerza la hipótesis de que el beneficio observado es atribuible fundamentalmente a la acción biológica de la IPL y no a la intervención mecánica por sí sola. En este sentido, los autores concluyen que la terapia de IPL, en combinación con la expresión de glándulas de Meibomio, constituye una estrategia eficaz para la reducción de los síntomas de inconfort en usuarios de LC y para la mejora de la función glandular a corto plazo. Sin embargo, se deben optimizar los protocolos terapéuticos, incluyendo la frecuencia de aplicación y la duración del seguimiento, con el fin de lograr beneficios clínicos sostenidos y mejorar la experiencia y la tolerancia al uso de lentes de contacto a largo plazo. (1)
Referencias
1. Dumpati S, Iqbal F, Vijay AK, Tan J, Kumar M, Willcox M. Intense pulsed light therapy to improve signs and symptoms of contact lens discomfort. Cont Lens Anterior Eye. 2026;49(1):102486. doi:10.1016/j.clae.2025.102486. PMID: 40796411.
2. Nichols KK, Redfern RL, Jacob JT, Nelson JD, Fonn D, Forstot SL, et al. The TFOS International Workshop on Contact Lens Discomfort: report of the definition and classification subcommittee. Invest Ophthalmol Vis Sci. 2013;54(11):TFOS14–TFOS19. doi:10.1167/iovs.13-13074. PMID: 24058134.
3. Stapleton F, Tan J. Impact of contact lens material, design, and fitting on discomfort. Eye Contact Lens. 2017;43(1):32–39. doi:10.1097/ICL.0000000000000318. PMID: 28002225.
4. Min JS, Jun I, Kim TI, Arita R, Seo KY. Comparison of intense pulsed light treatments including upper lid or lateral canthus in patients of meibomian gland dysfunction. J Clin Med. 2024;13(12):3581. doi:10.3390/jcm13123581. PMID: 38930110



