La contactología sigue avanzando, pero no siempre al mismo ritmo con el que el sector la promueve, la enseña o la incorpora de manera decidida a la práctica. Para entender ese panorama en Latinoamérica, Franja Visual acudió a Guillermo Carrillo, optómetra, especialista en superficie ocular y lentes de contacto, y un referente con casi dos décadas de experiencia en IACLE. Su trayectoria le permite leer esta área no solo desde la práctica clínica, sino también desde la formación, la evolución del mercado y los cambios que están redefiniendo el papel de los lentes de contacto dentro de la salud visual.
Desde su perspectiva, los mercados todavía tienen margen de crecimiento y la contactología mantiene su fuerza gracias a la aparición de nuevas opciones. En ese panorama ubica la contactología especializada, los lentes esclerales, los nuevos RGP y también los lentes blandos de descarte diario personalizados, que hoy amplían las posibilidades para ciertos grupos de pacientes.
A nivel global, Carrillo identifica al control de la miopía como una de las principales tendencias. Muchos de los diseños que hoy impulsan esta línea están en lentes de contacto, lo que refuerza su lugar dentro de la práctica contemporánea. A esto se suma la evolución de los materiales, que han permitido una relación menos invasiva con la superficie ocular y una mayor biocompatibilidad.
La enseñanza universitaria también ha tenido que adaptarse a estos cambios. Para Carrillo, la digitalización y herramientas como la inteligencia artificial han ampliado el alcance de los estudiantes, pero también han impuesto a los docentes el reto de integrar estas tecnologías como un complemento del conocimiento clínico, no como un reemplazo.
Desde la visión de IACLE, considera fundamental que el profesional que adapta lentes de contacto tenga un sólido manejo de la fisiología de la superficie ocular, conozca los diseños disponibles y comprenda con claridad qué beneficio ofrece cada opción al paciente. A esto añade la importancia de saber comunicar ese valor, tanto en la formación de futuros profesionales como en la práctica diaria.
Aunque la industria avanza con rapidez, Carrillo reconoce que todavía existe una brecha entre lo que se desarrolla y lo que llega a la clínica. Allí menciona propuestas relacionadas con realidad virtual, realidad aumentada, administración de medicamentos y biomarcadores en lentes de contacto, soluciones que ya existen, pero que no se han masificado.
Al analizar las barreras que siguen limitando la recomendación o adaptación de lentes de contacto en algunos países, Carrillo no pone el foco en el costo. Contrario a lo que con frecuencia se piensa, considera que la principal limitación sigue siendo la falta de proactividad de los profesionales. En muchos modelos de negocio óptico, las gafas continúan ocupando el lugar principal, mientras que los lentes de contacto permanecen como una opción complementaria. Sin embargo, en su opinión, el profesional debería presentar al paciente todas las posibilidades de corrección disponibles, especialmente cuando los lentes de contacto pueden aportar beneficios funcionales en actividades deportivas, recreativas o en necesidades específicas de la vida diaria.
Esa falta de impulso no se relaciona únicamente con el profesional. También se cruza con el nivel de desconocimiento que aún persiste entre los pacientes. A pesar de que los lentes de contacto llevan muchos años en el mercado, Carrillo señala que todavía existen dudas básicas sobre su uso, su ubicación en el ojo y su funcionamiento general. En ese sentido, considera que la educación del paciente sigue siendo una responsabilidad fundamental del profesional de la salud visual, no solo para resolver temores, sino también para mostrar con claridad que los lentes de contacto siguen siendo una opción válida, segura y útil dentro de la corrección visual.
Mirando hacia los próximos años, anticipa innovaciones orientadas no solo al desempeño visual, sino también a la protección y a la interacción con la superficie ocular. Menciona lentes de contacto con protección ultravioleta, con filtros que ayuden a la superficie ocular, con mejor humectación y con recubrimientos que disminuyan la adherencia de microorganismos. También proyecta lentes con un papel más terapéutico, capaces de servir como apoyo en la administración de medicamentos, lo que ampliaría el alcance de esta tecnología más allá de la corrección visual tradicional.
A la hora de señalar un gran desafío y una gran oportunidad para América Latina, Carrillo vuelve a poner el foco en la actitud del sector. A su juicio, todavía hay mucho terreno por trabajar y buena parte del reto consiste en animarse a desarrollar más esta área. El potencial está ahí, pero hace falta asumirlo con mayor decisión. Al mismo tiempo, ve una oportunidad en nuevas aplicaciones que no se han popularizado del todo en la región, como lentes con filtros dirigidos a pacientes con migraña y otros trastornos neurológicos. Según explicó, ya existe evidencia científica y estudios clínicos que muestran resultados positivos, lo que abre la puerta a una relación más estrecha entre la contactología y otras especialidades médicas, como la neurología.
En ese escenario, el profesional de la salud visual podría verse cada vez más llamado a dialogar con otras áreas de la medicina, no solo para abordar patologías oculares, sino también para participar en soluciones dirigidas a condiciones más amplias que afectan la calidad de vida del paciente. Esa posibilidad, en opinión de Carrillo, obliga a pensar la contactología como un campo en evolución, con mayor proyección interdisciplinaria y con una responsabilidad creciente dentro del sistema de salud.
Su mensaje final apunta a fortalecer la práctica desde una visión estratégica: entender primero en qué nicho quiere posicionarse cada profesional, identificar qué herramientas necesita y, cuando sea necesario, apoyarse en la colaboración y en la derivación para integrarse mejor a un trabajo interdisciplinario dentro de la salud visual.
La lectura que ofrece Guillermo Carrillo deja ver que la contactología no solo conserva vigencia, sino que atraviesa un momento de expansión y transformación. Nuevos materiales, nuevas aplicaciones, cambios en la formación, mayor énfasis en la biocompatibilidad y una creciente relación con otras áreas clínicas hacen evidente que su desarrollo sigue abierto. El reto, en buena medida, está en que el sector se anime a asumir todo lo que todavía puede construir.
La contactología sigue avanzando, pero no siempre al mismo ritmo con el que el sector la promueve, la enseña o la incorpora de manera decidida a la práctica. Para entender ese panorama en Latinoamérica, Franja Visual acudió a Guillermo Carrillo, optómetra, especialista en superficie ocular y lentes de contacto, y un referente con casi dos décadas de experiencia en IACLE. Su trayectoria le permite leer esta área no solo desde la práctica clínica, sino también desde la formación, la evolución del mercado y los cambios que están redefiniendo el papel de los lentes de contacto dentro de la salud visual.
Desde su perspectiva, los mercados todavía tienen margen de crecimiento y la contactología mantiene su fuerza gracias a la aparición de nuevas opciones. En ese panorama ubica la contactología especializada, los lentes esclerales, los nuevos RGP y también los lentes blandos de descarte diario personalizados, que hoy amplían las posibilidades para ciertos grupos de pacientes.
A nivel global, Carrillo identifica al control de la miopía como una de las principales tendencias. Muchos de los diseños que hoy impulsan esta línea están en lentes de contacto, lo que refuerza su lugar dentro de la práctica contemporánea. A esto se suma la evolución de los materiales, que han permitido una relación menos invasiva con la superficie ocular y una mayor biocompatibilidad.
La enseñanza universitaria también ha tenido que adaptarse a estos cambios. Para Carrillo, la digitalización y herramientas como la inteligencia artificial han ampliado el alcance de los estudiantes, pero también han impuesto a los docentes el reto de integrar estas tecnologías como un complemento del conocimiento clínico, no como un reemplazo.
Desde la visión de IACLE, considera fundamental que el profesional que adapta lentes de contacto tenga un sólido manejo de la fisiología de la superficie ocular, conozca los diseños disponibles y comprenda con claridad qué beneficio ofrece cada opción al paciente. A esto añade la importancia de saber comunicar ese valor, tanto en la formación de futuros profesionales como en la práctica diaria.
Aunque la industria avanza con rapidez, Carrillo reconoce que todavía existe una brecha entre lo que se desarrolla y lo que llega a la clínica. Allí menciona propuestas relacionadas con realidad virtual, realidad aumentada, administración de medicamentos y biomarcadores en lentes de contacto, soluciones que ya existen, pero que no se han masificado.
Al analizar las barreras que siguen limitando la recomendación o adaptación de lentes de contacto en algunos países, Carrillo no pone el foco en el costo. Contrario a lo que con frecuencia se piensa, considera que la principal limitación sigue siendo la falta de proactividad de los profesionales. En muchos modelos de negocio óptico, las gafas continúan ocupando el lugar principal, mientras que los lentes de contacto permanecen como una opción complementaria. Sin embargo, en su opinión, el profesional debería presentar al paciente todas las posibilidades de corrección disponibles, especialmente cuando los lentes de contacto pueden aportar beneficios funcionales en actividades deportivas, recreativas o en necesidades específicas de la vida diaria.
Esa falta de impulso no se relaciona únicamente con el profesional. También se cruza con el nivel de desconocimiento que aún persiste entre los pacientes. A pesar de que los lentes de contacto llevan muchos años en el mercado, Carrillo señala que todavía existen dudas básicas sobre su uso, su ubicación en el ojo y su funcionamiento general. En ese sentido, considera que la educación del paciente sigue siendo una responsabilidad fundamental del profesional de la salud visual, no solo para resolver temores, sino también para mostrar con claridad que los lentes de contacto siguen siendo una opción válida, segura y útil dentro de la corrección visual.
Mirando hacia los próximos años, anticipa innovaciones orientadas no solo al desempeño visual, sino también a la protección y a la interacción con la superficie ocular. Menciona lentes de contacto con protección ultravioleta, con filtros que ayuden a la superficie ocular, con mejor humectación y con recubrimientos que disminuyan la adherencia de microorganismos. También proyecta lentes con un papel más terapéutico, capaces de servir como apoyo en la administración de medicamentos, lo que ampliaría el alcance de esta tecnología más allá de la corrección visual tradicional.
A la hora de señalar un gran desafío y una gran oportunidad para América Latina, Carrillo vuelve a poner el foco en la actitud del sector. A su juicio, todavía hay mucho terreno por trabajar y buena parte del reto consiste en animarse a desarrollar más esta área. El potencial está ahí, pero hace falta asumirlo con mayor decisión. Al mismo tiempo, ve una oportunidad en nuevas aplicaciones que no se han popularizado del todo en la región, como lentes con filtros dirigidos a pacientes con migraña y otros trastornos neurológicos. Según explicó, ya existe evidencia científica y estudios clínicos que muestran resultados positivos, lo que abre la puerta a una relación más estrecha entre la contactología y otras especialidades médicas, como la neurología.
En ese escenario, el profesional de la salud visual podría verse cada vez más llamado a dialogar con otras áreas de la medicina, no solo para abordar patologías oculares, sino también para participar en soluciones dirigidas a condiciones más amplias que afectan la calidad de vida del paciente. Esa posibilidad, en opinión de Carrillo, obliga a pensar la contactología como un campo en evolución, con mayor proyección interdisciplinaria y con una responsabilidad creciente dentro del sistema de salud.
Su mensaje final apunta a fortalecer la práctica desde una visión estratégica: entender primero en qué nicho quiere posicionarse cada profesional, identificar qué herramientas necesita y, cuando sea necesario, apoyarse en la colaboración y en la derivación para integrarse mejor a un trabajo interdisciplinario dentro de la salud visual.
La lectura que ofrece Guillermo Carrillo deja ver que la contactología no solo conserva vigencia, sino que atraviesa un momento de expansión y transformación. Nuevos materiales, nuevas aplicaciones, cambios en la formación, mayor énfasis en la biocompatibilidad y una creciente relación con otras áreas clínicas hacen evidente que su desarrollo sigue abierto. El reto, en buena medida, está en que el sector se anime a asumir todo lo que todavía puede construir.



