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Estado emocional y salud visual de nuestros infantes latinoamericanos

 

Javier Oviedo OD.

Director Franja Visual 

 

 

La salud visual de nuestros niños en América Latina está influenciada por determinantes sociales, emocionales, digitales, ocupacionales y médicos. Así, los profesionales de la visión y nuestros equipos de trabajo nos enfrentamos diariamente a una realidad compleja: la nueva vida que enfrentan nuestros infantes es radicalmente diferente a la de generaciones recientes y, en algunos aspectos, potencialmente nociva para sus ojos y su desempeño diario. El reto como especialistas es comprender, desde nuestro análisis clínico, cómo están sus vidas y, especialmente, cómo brindar soluciones que se adapten a su realidad.

Si nos enfocamos en un aspecto tan fundamental como su vida emocional, encontraremos suficientes razones para ampliar nuestra percepción durante el análisis clínico y para llamar la atención de los padres de familia sobre el cuidado de los ojos de sus hijos y la importancia de los controles periódicos. Vamos a explorar este tema.

Emocionalmente, la infancia y la adolescencia atraviesan una crisis caracterizada por tasas preocupantes de ansiedad y depresión. La Organización Mundial de la Salud y reportes de UNICEF para América Latina y el Caribe advierten que 1 de cada 7 adolescentes de 10 a 19 años vive con un trastorno mental.1,2 En este contexto, factores como la competencia social que generan las redes sociales y la necesidad de “encajar” en las tendencias del momento influyen de manera sostenida en su estado emocional. Estudios publicados en The Lancet Child & Adolescent Health han asociado el uso frecuente de redes sociales con afectaciones en la salud mental y el bienestar de los adolescentes, mediadas por factores como el ciberacoso, la menor actividad física y la alteración del sueño.³

Asimismo, el rendimiento académico, la presión por el éxito temprano y el uso crónico de pantallas para buena parte de sus actividades pueden actuar como detonantes de estrés crónico. Investigaciones recientes relacionan el mayor tiempo de pantalla y la menor actividad física con alteraciones del sueño, ansiedad, depresión y problemas de atención/TDAH.3,4 Específicamente, un estudio poblacional publicado en Preventive Medicine Reports, que evaluó a más de 40.000 niños y adolescentes, encontró una asociación entre el uso prolongado de pantallas y una disminución del bienestar psicológico; entre los adolescentes, quienes reportaban siete horas o más al día frente a pantallas tenían más del doble de probabilidad de haber recibido un diagnóstico de ansiedad o depresión, además de presentar mayor distractibilidad, menor estabilidad emocional y más dificultad para culminar tareas cotidianas.4

Paralelamente, el entorno físico ha migrado hacia un confinamiento arquitectónico hiperurbano: interiores con variaciones de iluminación artificial, menos exposición a espacios abiertos y una reducción progresiva del tiempo al aire libre. Si a este escenario le sumamos actividades visuales próximas, antes estáticas y hoy también dinámicas y prolongadas frente a pantallas digitales, el resultado es una carga adicional para el sistema visual.

Los niños con altos niveles de estrés y ansiedad pueden somatizar con frecuencia mediante síntomas físicos como cefaleas tensionales y migrañas.5-7 En la consulta visual, estos cuadros pueden coexistir con fotofobia intensa, espasmos acomodativos (falsa miopía), fatiga visual severa (astenopia), disfunciones binoculares no estrábicas, dificultad atencional e hipersensibilidad visual, especialmente cuando se combinan con uso prolongado de pantallas y alta demanda visual próxima.⁸,⁹ 

Los ojos de los niños están cansados y creciendo dentro de entornos emocionalmente más exigentes. Hoy, además de evaluar el sistema ocular, es necesario comprender sus condiciones emocionales, pues muchas de ellas pueden tener manifestaciones visuales directas o indirectas. Niños emocionalmente sobreestimulados, con más tiempo en ambientes internos, frente a pantallas, durmiendo menos y realizando menos actividad física, pueden mantenerse en estados prolongados de estrés y ansiedad. Este escenario, además, aumenta la carga sobre el sistema visual y puede favorecer manifestaciones como fatiga visual, ojo seco evaporativo, estrés acomodativo y binocular, así como un contexto de mayor riesgo para el desarrollo o la progresión de la miopía.8-12 De igual forma, nos enfrentamos a un notable aumento de diagnósticos de TDAH, trastornos del neurodesarrollo, dificultades de aprendizaje y trastornos del procesamiento sensorial. Esto obliga al profesional de la visión a profundizar en el entendimiento de esta situación y su impacto en el estado de salud ocular y visual.

Hoy, muchos niños duermen menos horas de las recomendadas, utilizan pantallas emisoras de luz azul justo antes de dormir y experimentan una mala calidad de sueño.10-12 La privación del sueño, la disrupción del ritmo circadiano y la alta demanda visual próxima pueden afectar la atención, la memoria de trabajo, la función acomodativa y la convergencia, incrementando la fatiga visual.8-12 Asimismo, pueden influir en la regulación dopaminérgica de la retina: la dopamina retiniana, relacionada con los mecanismos de crecimiento ocular y desarrollo de la miopía, se ha estudiado en relación con la exposición a la luz y la organización de los ritmos circadianos.13

El análisis en nuestros consultorios al atender pacientes pediátricos tendrá que cambiar dramáticamente, precisamente por múltiples aspectos como el que se evidencia en esta nota editorial: lo socioemocional. El niño que se sienta hoy en nuestra unidad de diagnóstico carga consigo un equipaje de estrés académico, sobreestimulación digital y vulnerabilidad emocional que puede reflejarse en su rendimiento visual. El reto actual para el profesional de la visión en América Latina va mucho más allá de una evaluación tradicional. Exige de nosotros una sensibilidad clínica profunda: la capacidad de leer los ojos del niño a través del lente de su entorno, su mente y sus emociones. Evaluar la visión de un infante es evaluar su bienestar integral y, por lo tanto, ofrecer verdaderas soluciones de vida.

Referencias 

  1. Organización Mundial de la Salud (OMS). (2025). La salud mental de los adolescentes. Ginebra: OMS.

  2. UNICEF. (2021). Resumen regional: América Latina y el Caribe. En mi mente. Estado Mundial de la Infancia 2021: Promover, proteger y cuidar la salud mental de la infancia. https://www.unicef.org/es/media/108166/file/Resumen-regional-America-Latina-El-Caribe%20.pdf

  3. Viner RM, Gireesh A, Stiglic N, Hudson LD, Goddings AL, Ward JL, Nicholls DE. Roles of cyberbullying, sleep, and physical activity in mediating the effects of social media use on mental health and wellbeing among young people in England: a secondary analysis of longitudinal data. Lancet Child Adolesc Health. 2019 Oct;3(10):685-696. doi: 10.1016/S2352-4642(19)30186-5. Epub 2019 Aug 13. Erratum in: Lancet Child Adolesc Health. 2020 Jan;4(1):e4. doi: 10.1016/S2352-4642(19)30371-2. PMID: 31420213.

  4. Twenge JM, Campbell WK. Associations between screen time and lower psychological well-being among children and adolescents: Evidence from a population-based study. Prev Med Rep. 2018 Oct 18;12:271-283. doi: 10.1016/j.pmedr.2018.10.003. PMID: 30406005; PMCID: PMC6214874.

  5. Kwon, H. E. (2025). Headache as a somatic symptom in pediatrics: Diagnosis and integrated management. Headache and Pain Research, 26, 193–199. https://doi.org/10.62087/hpr.2025.0016

  6. Vulić-Prtorić, A., Galić, S., Coha, R., Grubić, M., Lopižić, J., & Padelin, P. (2007). Anxiety in children with headaches. Psihologijske teme / Psychological Topics, 16(2), 201–224.

  7. Cappucci S, Simons LE. Anxiety sensitivity and fear of pain in paediatric headache patients. Eur J Pain. 2015 Feb;19(2):246-52. doi: 10.1002/ejp.542. Epub 2014 Jun 13. PMID: 24925092; PMCID: PMC4265313.

  8. Kusumesh, R., Ambasta, A., Venugopal, A., Kumari, R., & Singh, P. (2025). Visual impact of smartphones: A narrative review of ocular changes and management approaches. Indian Journal of Ophthalmology, 73(12), 1723–1728. https://doi.org/10.4103/IJO.IJO_1389_25

  9. Barata, M. J., Aguiar, P., Grzybowski, A., Moreira-Rosário, A., & Lança, C. (2025). A review of digital eye strain: Binocular vision anomalies, ocular surface changes, and the need for objective assessment. Journal of Eye Movement Research, 18(5), 39. https://doi.org/10.3390/jemr18050039

  10. He Q, Sun Z, Li R, Wang Y, Li H, Song D, Du B, Liu L, Wei R. Unraveling the relationship between childhood dry eye symptoms and sleep patterns. J Pediatr (Rio J). 2026 Jan-Feb;102(1):101471. doi: 10.1016/j.jped.2025.101471. Epub 2025 Nov 11. PMID: 41203229; PMCID: PMC12651506.

  11. Zhao X, He Y, Zhang J, Lin S, Zou H, Ma Y. Effects of Insufficient Sleep on Myopia in Children: A Systematic Review and Meta-Analysis. Nat Sci Sleep. 2024 Sep 18;16:1387-1406. doi: 10.2147/NSS.S472748.

  12. Liu XN, Naduvilath TJ, Sankaridurg PR. Myopia and sleep in children-a systematic review. Sleep. 2023 Nov 8;46(11):zsad162. doi: 10.1093/sleep/zsad162. PMID: 37381700; PMCID: PMC10639155.

  13. Zhou, X., Pardue, M. T., Iuvone, P. M., & Qu, J. (2017). Dopamine signaling and myopia development: What are the key challenges. Progress in Retinal and Eye Research, 61, 60–71. https://doi.org/10.1016/j.preteyeres.2017.06.003

 

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