La formación en contactología en América Latina enfrenta hoy una exigencia ineludible: avanzar al ritmo de una práctica clínica cada vez más especializada, con mayor tecnología y centrada en la salud ocular. En ese escenario, la articulación entre academia, industria y educación continua se perfila como un factor determinante para preparar mejor a los nuevos profesionales y responder a las necesidades actuales de los pacientes.
De la adaptación básica a una práctica más especializada
Durante años, la enseñanza de los lentes de contacto en la región estuvo concentrada en los principios básicos de adaptación y corrección visual. Sin embargo, el desarrollo de nuevos materiales, diseños y herramientas digitales ha ampliado de manera significativa el alcance de la contactología. Ya no se trata únicamente de adaptar un lente, sino de comprender y evaluar la fisiología ocular, evaluar riesgos, hacer seguimiento clínico y tomar decisiones cada vez más precisas.
Esa transformación también obliga a revisar los programas académicos. La aparición de campos como los lentes esclerales, la ortoqueratología y el control de la miopía ha cambiado el perfil del profesional que hoy requiere el sector. En consecuencia, las facultades no solo deben fortalecer las bases clínicas de sus estudiantes, sino también integrar contenidos que reflejen la realidad contemporánea de la práctica.
La evolución de los materiales y el cambio en las prioridades clínicas
Uno de los cambios más significativos dentro de esta evolución ha sido el desarrollo de los materiales. La consolidación de los hidrogeles de silicona marcó un punto de inflexión al mejorar la oxigenación corneal y desplazar preocupaciones históricas asociadas a la hipoxia, la deshidratación y el compromiso fisiológico del uso prolongado. A esto se suma el crecimiento de modalidades más seguras y cómodas, como los lentes desechables diarios, que han elevado el estándar de seguridad e higiene en muchos contextos clínicos.
Esta evolución no puede entenderse solo como un avance técnico. También representa un cambio en la manera en que se concibe la adaptación. La prioridad ya no recae exclusivamente en la corrección óptica, sino en la preservación de la salud ocular a largo plazo. Por eso, comprender la química del material, su comportamiento sobre la superficie ocular y su impacto en la experiencia del paciente se ha vuelto parte esencial del ejercicio profesional.
Especialización con bases sólidas
Al mismo tiempo, el crecimiento de áreas especializadas ha abierto nuevas oportunidades, pero también ha dejado en evidencia una necesidad: no perder de vista los fundamentos. La refracción, la anatomía ocular, la fisiología corneal y la óptica aplicada siguen siendo la base sobre la cual debe construirse cualquier proceso de especialización. Sin estos pilares, el uso de tecnologías más avanzadas puede resultar llamativo, pero clínicamente débil.
Ese equilibrio entre actualización y fundamento es especialmente importante en áreas como la ortoqueratología, los lentes esclerales y el control de la miopía. En el primer caso, aunque su expansión es visible, aún persisten vacíos formativos en varias regiones. En el segundo, la creciente relevancia de los lentes esclerales ha posicionado al profesional como un referente en el manejo de córneas irregulares y casos complejos. En el tercero, el control de la miopía ha redefinido el rol del optómetra, que deja de ser solo un adaptador de lentes para asumir una función más activa en la intervención de la progresión visual infantil.
La digitalización como apoyo clínico y educativo
En paralelo, la digitalización ha transformado tanto la consulta como la educación. Hoy existen herramientas que permiten optimizar la selección inicial del lente, registrar de forma más objetiva el estado ocular y hacer seguimiento con mayor precisión a la evolución del paciente. Estas plataformas no solo mejoran la toma de decisiones, sino que también fortalecen la confianza del paciente y elevan la calidad del proceso clínico.
La educación continua también ha encontrado en los entornos digitales una oportunidad importante. Las plataformas de e-learning, las aplicaciones clínicas y las redes de intercambio académico han ampliado el acceso a contenidos especializados, reduciendo barreras geográficas y facilitando que más docentes y profesionales se mantengan actualizados. En una región tan diversa como América Latina, esta posibilidad tiene un valor estratégico.
La relación entre universidad e industria
Sin embargo, para que esta transformación tenga un impacto real, la actualización no puede recaer únicamente en el esfuerzo individual del profesional. También se requiere una relación más estrecha entre las facultades de optometría y la industria. Mientras la universidad aporta estructura académica, formación crítica y bases clínicas, la industria acerca al estudiante y al profesional a tecnologías, materiales y tendencias que muchas veces avanzan más rápido que los currículos formales. La sinergia entre ambas partes resulta clave para cerrar brechas formativas y fortalecer la preparación de quienes ingresan al campo clínico.
En este contexto, redes internacionales de educación como IACLE han desempeñado un papel relevante al promover el fortalecimiento del conocimiento clínico, la actualización docente y el intercambio de experiencias entre países. Su aporte ha permitido respaldar procesos de enseñanza más conectados con los desafíos actuales de la contactología, al tiempo que ayuda a consolidar una visión más clínica y profesional del lente de contacto.
Una visión más clínica del lente de contacto
Todo esto conduce a una conclusión de fondo: el lente de contacto debe entenderse cada vez más como un dispositivo médico y no solo como un producto. Su éxito clínico depende del criterio del especialista, de su capacidad de evaluar la superficie ocular, seleccionar la mejor opción y apoyarse en herramientas que mejoren la precisión y el seguimiento. Por eso, el futuro de la contactología en América Latina no dependerá únicamente de la innovación tecnológica, sino de la capacidad de la región para formar profesionales mejor preparados, más actualizados y con una visión clínica sólida.
La educación en lentes de contacto enfrenta, entonces, un desafío que también es una oportunidad. Actualizar los programas, fortalecer los fundamentos, integrar la tecnología y promover la colaboración entre academia e industria no solo contribuirá al crecimiento profesional del sector, sino que tendrá un impacto directo en la calidad de la atención visual que reciben los pacientes.
Este artículo está basado en el programa de IACLE “La educación en América Latina de lentes de contacto”, emitido en Franja TV. La emisión completa puede consultarse en:




