
Martín Edisson Giraldo Mendivelso. Optómetra ULS, Magíster Ciencias de la Visión. ULS. Especialista en Segmento Anterior y Lentes de Contacto USTA, FELLOW IACLE. Profesor Universidad CES, Medellín
La población pediátrica sufre diferentes amenazas para la salud visual como la ambliopía, el estrabismo, los errores refractivos, la catarata, el glaucoma y el retinoblastoma, entre otras alteraciones que afectan la función visual y el desarrollo del infante. Lo anterior requiere un sistema de salud eficiente que permita la prevención y la atención oportuna a todos los niños y niñas; sin embargo, las inequidades socioeconómicas condicionan el acceso, la detección a tiempo y la correcta gestión de la salud visual y ocular para cada niño. Todo lo anterior se constituye en un problema grave de salud pública.
Frente a tal problemática, Alhalel y Ramasubramanian (2025) examinaron los principales determinantes socioeconómicos que afectan la atención en oftalmología pediátrica, sus efectos sobre las enfermedades oculares más comunes en la infancia y las posibles intervenciones y enfoques de política para promover un acceso y resultados más equitativos.
En primer lugar, los autores estiman el impacto clínico y social de las disparidades en atención oftalmológica pediátrica. Por ejemplo, cuando no se detectan a tiempo los errores refractivos y, por lo tanto, no se corrigen, se aumenta el riesgo de ambliopía y se reduce la respuesta terapéutica, especialmente después de los siete años. El retraso diagnóstico perpetúa déficits en la binocularidad, afectando habilidades motoras, lectura y socialización, entre otras funciones vitales del ser humano en desarrollo.
A nivel educativo, se ha descrito que los niños con alteraciones visuales no tratadas presentan menor participación en clase y rendimiento académico inferior, mientras que condiciones visibles como el estrabismo pueden generar estigma y afectar la autoestima. En el plano económico, estas deficiencias incrementan los costos sanitarios de los sistemas de salud, reducen la productividad futura y, en casos graves como el retinoblastoma, implican tratamientos invasivos y discapacidad permanente, con mal pronóstico en muchos casos.
Los autores también describen que las disparidades en oftalmología pediátrica están dadas por la misma enfermedad; por ejemplo, en glaucoma pediátrico, los índices de oportunidad infantil y educación se correlacionan con mejores desenlaces, mientras que la adherencia al seguimiento disminuye en poblaciones vulnerables; en catarata pediátrica, estudios muestran que las familias afectadas suelen tener menor nivel educativo e ingresos, lo que podría retrasar la cirugía y la rehabilitación visual. El retinoblastoma, por su parte, presenta mayor probabilidad de enucleación y enfermedad avanzada en niños hispanos y en zonas con pobreza y hacinamiento.
Frente a lo anterior, es preciso identificar determinantes subyacentes de las problemáticas que enfrenta la población infantil. En este sentido, se estima que las causas son multifactoriales. En primer lugar, se resalta que la falta de especialistas como optómetras y oftalmólogos en áreas rurales y otras poblaciones vulnerables como los barrios desatendidos, las limitaciones económicas y de transporte, las barreras culturales y lingüísticas, y la baja legibilidad de los materiales educativos, así como el acceso a estos en términos de redacción y/o adaptación a cada población, reducen la comprensión y la adherencia, y, por ende, conllevan a la falla en educación y concientización de la población. Adicionalmente, se suman restricciones del sistema de salud, como tiempos prolongados de referencia y menor aceptación de sistemas de seguridad estatales, especialmente tras la pandemia por COVID-19.
Muchos de los factores determinantes anteriormente mencionados ya están plenamente establecidos y detectados en diferentes poblaciones a nivel mundial; por lo tanto, es preponderante definir estrategias para reducir brechas. Frente a este panorama, se proponen intervenciones integrales. Es buen comienzo nombrar el tamizaje visual universal en los centros educativos, con protocolos estandarizados y rutas rápidas de referencia. Esta herramienta costo-efectiva es vital para detectar alteraciones en la salud visual y ocular en etapas tempranas. Ahora bien, complementar esta estrategia con programas de seguimiento de pacientes que faciliten citas de control y monitoreo de indicadores de calidad, puede mejorar la oportunidad diagnóstica.
Por otra parte, es fundamental fortalecer la competencia cultural del personal de salud y promover la diversidad en la vinculación de este equipo de apoyo. Esto incrementa la confianza, adherencia y participación en salud de las comunidades vulnerables. En este aspecto, la educación a cuidadores debe apoyarse en materiales legibles, bilingües y visuales, junto con recordatorios conductuales para mejorar el cumplimiento terapéutico. Finalmente, la teleoftalmología, teleoptometría y las alianzas intersectoriales pueden ampliar la cobertura en territorios con escasez de especialistas.
En conclusión, los autores manifiestan que las disparidades socioeconómicas en oftalmología pediátrica son prevenibles y modificables. Por esta razón, implementar estrategias como el tamizaje escolar, la competencia cultural, la educación accesible y la innovación organizacional permitirá garantizar que todos los niños, independientemente de su contexto, tengan la oportunidad de desarrollar su máximo potencial visual y, con ello, mejorar su calidad de vida presente y futura.
Adaptado de:
1. Alhalel J, Ramasubramanian A. Socioeconomic Factors in Pediatric Ophthalmology. Vol. 10, Adv Ophthalmol Optom. Elsevier Inc.; 2025. p. 53–63.



