HomeLentesLentes de contactoUso de LC no mostraría cambios significativos en el microbioma ocular

Uso de LC no mostraría cambios significativos en el microbioma ocular

Un estudio publicado en Microbiology Spectrum encontró que, en personas sanas y usuarias habituales de lentes de contacto, no hubo diferencias significativas en la composición del microbioma ocular ni en el proteoma lagrimal frente a personas no usuarias.

El hallazgo resulta relevante porque, durante años, una de las hipótesis para explicar el impacto de los lentes de contacto sobre la superficie ocular ha sido su posible efecto sobre el microbioma, es decir, sobre el conjunto de microorganismos que habitan normalmente el ojo. La lógica detrás de esta idea es que el lente introduce una superficie adicional, modifica la dinámica de la película lagrimal, altera la interacción con el párpado y exige manipulación frecuente, factores que, en teoría, podrían cambiar ese equilibrio biológico.

Ese planteamiento ha despertado interés no solo desde la microbiología, sino también desde la práctica clínica. Si el uso de lentes de contacto alteraba la microbiota ocular, esa modificación podía relacionarse con incomodidad, inflamación o una mayor susceptibilidad a complicaciones infecciosas. Sin embargo, la evidencia publicada hasta ahora no ha sido concluyente.

La investigación fue desarrollada por Oriane S. Kopp y colaboradores, del Hospital Universitario de Berna, en Suiza. El equipo analizó a 25 usuarios de lentes de contacto y 23 controles, mediante secuenciación del ADN obtenido de hisopados conjuntivales, evaluación de proteínas en la lágrima y pruebas clínicas relacionadas con enfermedad de ojo seco, entre ellas OSDI, osmolaridad lagrimal, tiempo de ruptura lagrimal y prueba de Schirmer I.

 

Resultados sin diferencias microbiológicas relevantes

De acuerdo con los autores, ninguno de los análisis del microbioma de la superficie ocular mostró diferencias significativas entre usuarios y no usuarios. Tampoco se identificaron diferencias relevantes en las proteínas lagrimales entre ambos grupos, lo que sugiere una relativa estabilidad biológica de la superficie ocular en usuarios establecidos de lentes de contacto. 

Aunque los usuarios de lentes de contacto mostraron una tendencia hacia mayores síntomas subjetivos en el OSDI, no se observaron diferencias estadísticamente significativas en el tiempo de ruptura lagrimal, la osmolaridad, la prueba de Schirmer ni en la puntuación global de ese cuestionario frente a los controles.

Malestar: una cuestión más mecánica que microbiana

Uno de los puntos más relevantes del estudio es la interpretación clínica de estos hallazgos. Ante la ausencia de disbiosis microbiana o alteraciones proteómicas claras, los autores plantean que el malestar asociado al uso de lentes de contacto, al menos en usuarios adaptados, podría depender en mayor medida de mecanismos mecánicos, como la fricción entre el lente, la córnea y el párpado, que de cambios microbiológicos o bioquímicos. 

Esta lectura resulta especialmente relevante en un contexto en el que parte de la literatura previa había reportado resultados contradictorios sobre el efecto del uso de lentes de contacto en la microbiota ocular. El trabajo de Kopp y colaboradores aporta, así, evidencia a favor de una superficie ocular capaz de adaptarse y mantener su estabilidad a pesar del uso continuo del lente.

Diferencias por sexo y alcances del estudio

El estudio sí identificó algunas diferencias específicas por sexo. En los hombres usuarios de lentes de contacto se observó una mayor producción lagrimal medida con Schirmer I, mientras que en las mujeres usuarias se registraron puntuaciones más altas en OSDI, lo que indicaría una mayor percepción de síntomas de ojo seco. 

Pese a ello, los resultados deben interpretarse con cautela. El tamaño de la muestra fue reducido y la población incluida correspondió a usuarios de largo plazo y bien adaptados, una condición que podría subestimar efectos transitorios o iniciales del uso de lentes. Además, variables como tipo de lente, material y tiempo de porte podrían enmascarar diferencias más sutiles. 

Implicaciones para la práctica profesional

Para la práctica clínica, el estudio ofrece un mensaje de tranquilidad, pero no de relajación. Los hallazgos no eliminan la necesidad de insistir en higiene, reemplazo adecuado, seguimiento clínico y educación del usuario. Más bien, refuerzan la idea de que el malestar con lentes de contacto no siempre debe buscarse en alteraciones inflamatorias o microbiológicas, sino también en el comportamiento mecánico del lente sobre la superficie ocular y en la interacción con el parpadeo y la película lagrimal. 

En ese sentido, el trabajo también abre una línea de reflexión para la contactología: si la homeostasis biológica puede mantenerse en usuarios adaptados, la optimización del confort quizá deba concentrarse cada vez más en el diseño, la adaptación y la relación física entre el lente y la superficie ocular. Esa conclusión, aunque todavía requiere estudios más amplios, aporta una mirada útil para reevaluar el origen del malestar en consulta. 

¿Es momento de revisar con mayor detenimiento cómo influyen el ajuste, el material y la interacción del lente con la superficie ocular en el confort del usuario?

Fuente:
Kopp OS, et al. Impact of contact lenses on the ocular surface microbiome, tear proteome, and dry eye disease. Microbiology Spectrum. 2026; doi:10.1128/spectrum.02264-25.


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