Durante décadas, la optometría en Brasil avanzó por caminos poco claros. Entre salones improvisados, reuniones discretas, persecuciones, cierres, decomisos, discusiones gremiales, viajes internacionales y una persistencia que terminó por darle existencia al ejercicio autónomo e independiente de la Optometría en el Brasil. En el camino recorrido aparece Ricardo Bretas, presidente de honor de la Confederación Brasileña de Óptica y Optometría, y quien ha liderado un movimiento que lleva más de 30 años a pesar de que su lucha e insistencia implicaba exponerse a la persecución, el señalamiento y la incertidumbre.
Los años en que ejercer también era resistir
El relato empieza lejos de los auditorios llenos y de los libros conmemorativos; empieza en un tiempo en el que la formación optométrica era una apuesta frágil, clandestina, construida con pequeños grupos, pocos materiales y mucha voluntad. “Tu, Javier Oviedo y Chepe Plata fueron de los primeros profesionales en sembrar, hace más de 30 años, Optometría, con sus conocimientos y la pasión que nos transmitieron, ¿Te acuerdas cuando iniciamos los cursos? Éramos 20 alumnos y logramos mantener ese programa de educación por varios años”, recordó Ricardo durante una reciente entrevista para Franja Visual. Esa imagen de los primeros 20 estudiantes, un tanto escondidos, arriesgando e invirtiendo, era la evidencia de la pasión, la disciplina, constancia y especialmente el amor por una profesión que era muy necesaria para la salud visual de la población del Brasil. Hoy la mayoría de ellos son licenciados en Optometría, directores de programas de licenciatura en Optometría, propietarios de ópticas y personas realizadas.
Ricardo Bretas entendió que la profesión no podía crecer sin educación superior, así que se concentró en construir las bases académicas que permitieran darle legitimidad. Así, desde el principio, su causa tuvo dos frentes inseparables: formar profesionales y abrir espacios para que esos profesionales pudieran ejercer.
En ese primer tramo, la optometría brasileña recibió un impulso decisivo de Colombia. Profesores, cursos, brigadas y vínculos académicos ayudaron a sostener una formación que en Brasil todavía no encontraba suficiente apoyo. Bretas lo reconoce con gratitud, porque sabe que esa hermandad profesional marcó parte del ADN de la optometría brasileña. “La Universidad de La Salle, la Fundación Universitaria del Área Andina y varios profesores colombianos estuvieron con nosotros en la formalización de programas académicos y su vinculación con instituciones académicas. El legado que dejaron para nosotros aquí en Brasil fue de gran valor y contribuyó de manera decisiva a la formación de nuestra profesión”, afirmó.
Pero mientras se sembraba la formación, también llegaban los golpes. Ricardo Bretas fue perseguido, detenido, vio cómo cerraban su óptica y cómo le decomisaban equipos. Sus colegas lo recuerdan como alguien que tuvo que salir a buscar apoyo en América Latina y Estados Unidos, regresar y volver a empezar. Durante mucho tiempo, la promoción de la Optometría en Brasil generó rechazo profesional y gremial, ataques personales que superaron la discusión técnica.
Aun así, Bretas continuó el camino y lo fue ampliando. Al mirar hacia atrás, describió aquellos primeros años como una etapa de miedo, escasez y estudio a contracorriente. “La persecución buscaba evitar a toda costa la formación académica formal y por tanto eliminar cualquier posibilidad de ejercicio profesional autónomo de la Optometría. Al principio veníamos cargados de miedo por la persecución que había y ser presos”, recordó.
Ese clima de amenaza también se convirtió en motivación, pues, era evidente que la población necesitaba ayuda para superar problemas y condiciones visuales que no había quien pudiera atender. Así que crearon grupos de estudios, improvisaron lugares de preparación y, en diferentes lugares del Brasil, el fuego por instaurar la Optometría formalmente iba creciendo y tomando fuerza. “No teníamos realmente acceso a nada”, dijo, al referirse a una época en la que la literatura especializada era escasa, los recursos los adquirían con dificultad desde el exterior y no existían programas universitarios que respaldaran el aprendizaje. Bretas insistió en que la optometría debía responder con ciencia, no bastaba con reclamar un lugar; había que demostrarlo con formación, evidencia, investigación y criterio profesional. Ese principio lo acompañó durante décadas y todavía aparece como una de sus principales convicciones.
De la causa gremial a la formación superior
Con el tiempo, esa convicción de fortalecer la profesión se tradujo en la creación de organizaciones gremiales. Así, en 1995 surgió en Brasilia-DF la Asociación Brasileña de Profesionales de la Óptica y la Optometría (ABPOO), una entidad que nació para unificar el sector, promover la formación y actualización técnica y científica; y defender a los optometristas en un contexto marcado por la persecución y las dificultades para ejercer. A medida que la formalización de la Optometría fue consolidándose, en 1997, llegó la Confederación Brasileña de Óptica y Optometría (CBOO), como sucesora.
Paralelamente, la profesión comenzó a fortalecerse desde el ámbito académico. Los pequeños grupos de formación dieron paso a programas más estructurados, las experiencias iniciales se transformaron en carreras y la discusión dejó de centrarse únicamente en la supervivencia profesional. Hoy, Brasil cuenta con técnicos en óptica; tecnólogos en Optometría y Licenciados en Optometría.
Ese tránsito es uno de los logros más importantes del camino que él ayudó a abrir. Actualmente, “estamos llegando a los 12.000 optometristas licenciados, es decir con formación de nivel superior”, señaló Ricardo. La cifra tiene un peso histórico evidente, ya que contrasta con aquellos 20 estudiantes iniciales y muestra que la causa, después de décadas, dejó de ser marginal, así, lo que antes parecía una apuesta de pocos se convirtió en una comunidad profesional amplia, con capacidad de incidir, estudiar y reclamar un lugar más claro dentro del sistema de salud.
No obstante, para Bretas la cantidad no es suficiente, el crecimiento debe ir acompañado de calidad académica. Por eso, junto con la dirigencia actual de la CBOO, se promueve la necesidad de consolidar la licenciatura como formación y estimular la posgraduación. “Estamos incentivando a los alumnos y a los profesionales, a buscar una formación como licenciados en optometría para que podamos tener el respeto de la población y el respeto de las otras categorías del área de la salud”, afirmó.
La optometría como asunto de salud pública
Después de esa etapa académica, el camino llegó al terreno político.
La optometría brasileña ya había demostrado capacidad de formación, organización y presencia gremial, pero todavía necesitaba avanzar en regulación. Así, el mismo hombre que en los primeros años tuvo que defender su derecho a trabajar pasó a defender, en una audiencia pública ante la Comisión de Asuntos Sociales del Senado Federal de Brasil, la necesidad de que el optometrista fuera reconocido como parte de una estrategia de salud pública, entonces, la discusión ya no giraba solo alrededor del gremio, sino en torno al acceso de la población a servicios de salud visual, la defensa de este campo y la actuación necesaria del optometrista en la atención primaria y su la lucha contra la ceguera evitable.
Conforme la profesión avanzó, el tonó de lucha también se transformó. “Ya no se habla más de lucha; la lucha quedó atrás. Ahora trabajamos en la conciliación y el sentido común para que las autoridades reconozcan definitivamente el trabajo del optometrista en todo el país”, expresó.
Al final del camino, Ricardo Bretas aparece como un dirigente que pasó de la resistencia al legado. Vio nacer una profesión en condiciones adversas, acompañó su formación, soportó persecuciones, ayudó a crear instituciones, logró la educación superior, llevó la discusión al Congreso y sigue apostando por una optometría brasileña con identidad propia.
Por eso, cuando habla a las nuevas generaciones, ya no lo hace solo como dirigente, sino como testigo de una historia que no debería olvidarse. Reconoce que la optometría le dio mucho y también le quitó mucho, pero no se arrepiente. “Yo haría todo de nuevo, y ahora con mucha más voluntad”, afirma.
Antes de cerrar está entrevista, dijo: “Lo que usted haga en beneficio de usted mismo, en beneficio de su país, de su comunidad, hace eco en la eternidad”. En Brasil, ese eco ya no es abstracto. Está en los miles de optometristas formados, en las universidades, en la CBOO, en los debates legislativos, en los libros que recuperan la memoria gremial y en una profesión que, gracias a hombres como Ricardo Bretas, dejó de pedir permiso para existir y empezó a reclamar su lugar en la salud visual del país.



