HomeEspecial adulto mayor dinámico, prótasis y baja visiónDel “¿alguien sabe?” al “contá conmigo”

Del “¿alguien sabe?” al “contá conmigo”

Autora: Lina María Hurtado Escobar 

 

En el sector de la salud visual latinoamericano las mujeres están en todas partes. Atienden pacientes, administran ópticas, dirigen laboratorios, enseñan, venden, desarrollan estrategias comerciales y toman decisiones dentro de empresas y asociaciones profesionales. También coinciden en congresos, se reconocen en los pasillos y, en algunos casos, llevan años trabajando a pocos kilómetros de distancia. Aun así, compartir una profesión, una ciudad y muchas de las mismas experiencias no siempre significa encontrarse.

Hace unas semanas llegó a Franja un correo desde el corazón de Sudamérica. Contaba, de manera sencilla, que un grupo de mujeres del sector óptico llevaba dos años reuniéndose y acababa de celebrar un nuevo encuentro. Había fotografías, colores, sonrisas y un nombre que aparecía una y otra vez entre ellas: Mujeres de Óptica Paraguay.

Detrás de esas imágenes había mucho más que la celebración de un aniversario. La iniciativa ya reunía a cerca de 90 profesionales de diferentes lugares del país y ese crecimiento despertó nuestra curiosidad. ¿Qué había sucedido para que tantas mujeres, muchas de ellas propietarias de ópticas que incluso podían competir por los mismos clientes, decidieran reunirse y trabajar juntas?

La respuesta no estaba en un salón de eventos ni en una junta directiva, tampoco había comenzado con un proyecto formal. Todo surgió de una forma mucho más sencilla y cotidiana, en un grupo de WhatsApp.

Al principio eran pocas. Amigas, antiguas compañeras de universidad y colegas cercanas empezaron a escribirse para resolver situaciones propias del día a día. Una necesitaba localizar un armazón y preguntaba si alguien lo tenía; otra recibía una receta que le generaba dudas; alguna quería conocer la experiencia de las demás con determinado lente de contacto y, entre una consulta y otra, también aparecían consejos sobre redes sociales, atención al cliente o el manejo de una óptica.

Con el tiempo entendieron que muchas de esas dudas no eran individuales. Las preguntas se repetían, las experiencias se parecían y casi siempre había alguien que podía aportar una respuesta. Así, cada integrante comenzó a invitar a otras colegas y el grupo creció de forma natural, mientras también aumentaba la posibilidad de aprender unas de otras.

“Nos dimos cuenta de que este grupo tenía potencial”, recuerda Betania Núñez, encargada de marketing de la iniciativa. Para entonces ya no se hablaba solamente de dónde conseguir una montura, también aparecían preguntas técnicas, experiencias con pacientes, inquietudes sobre comunicación y temas que resultaban familiares para muchas porque hacían parte de su trabajo diario.

Sin darse cuenta, algo empezó a cambiar. Dejaron de ser únicamente nombres guardados en un teléfono y comenzaron a reconocer a las personas que estaban detrás de cada mensaje.

Una vidriera en la que caben muchas

Esa cercanía llama todavía más la atención cuando se conoce quiénes integran la comunidad. Cerca del 80 % son propietarias de ópticas, según explica Cristina Duarte, coordinadora general de Mujeres de Óptica Paraguay. También participan profesionales de laboratorios, almacenes, academia y organizaciones del sector. Muchas realizan actividades similares y algunas trabajan, incluso, para públicos muy parecidos.

Por eso, cuando se habla de competencia, ellas no intentan negar que exista. “No quiere decir que todas somos amigas, no quiere decir que todas tenemos el mismo pensamiento”, reconoce Betania. Lo que han buscado es algo más sencillo, poder hacer una pregunta, compartir una experiencia o pedir ayuda sin que el lugar donde trabaja cada una determine la respuesta.

Esa misma idea pasó después a las redes sociales. Allí comenzaron a construir una especie de vidriera colectiva en la que cada integrante puede mostrar su óptica, contar quién es como profesional o participar junto a otras en la creación de contenidos sobre lentes de contacto, salud visual, productos y otros temas relacionados con su trabajo.

Pero no se trata solamente de mostrarse, también quieren que las personas entiendan que detrás de una óptica hay profesionales que se han preparado, que tienen experiencia y que siguen aprendiendo para orientar mejor a quienes llegan buscando una solución para su visión.

Para Cristina, ese reconocimiento profesional todavía necesita fortalecerse en Paraguay. Allí, explica, no existe la carrera de Optometría con la misma estructura que tiene en otros países de América Latina. Por eso, el grupo también busca dar mayor visibilidad a la formación del licenciado en óptica y animar a las nuevas generaciones a seguir capacitándose.

Y después de tanto conversar a través de una pantalla llegó el momento de encontrarse cara a cara.

Cuando los nombres del chat adquieren rostro

El más reciente encuentro celebró el segundo aniversario de la iniciativa y reunió a más de cien invitadas durante cerca de cuatro horas, en un espacio de formación, esparcimiento y, sobre todo, conversación.

Ese encuentro también les confirmó que la necesidad de verse no termina en Asunción. Ahora planean realizar una próxima actividad en una zona ubicada a unos 300 kilómetros de la capital, donde cuentan con varias integrantes. Al mismo tiempo, mantienen los espacios virtuales y las capacitaciones abiertas sobre temas como baja visión y otras áreas clínicas.

A medida que el grupo crece también empieza a aparecer la pregunta sobre lo que podría venir después. Por ahora, Mujeres de Óptica Paraguay continúa fortaleciendo su trabajo dentro del país, aunque la posibilidad de conectarse con profesionales de otros lugares ya forma parte de algunas conversaciones. No saben hasta dónde llegará la iniciativa y quizá tampoco sea necesario saberlo todavía. Hace apenas dos años, probablemente tampoco imaginaban que aquel pequeño chat terminaría reuniendo a tantas mujeres.

Con ese crecimiento también aparecieron preguntas sobre lo que significaba tener una comunidad formada únicamente por mujeres dentro de un gremio mucho más amplio. En algún momento escucharon que una iniciativa de este tipo podía generar divisiones, pero ellas decidieron continuar desde una idea de colaboración.

Trabajan con hombres, reciben el apoyo de colegas y de empresas dirigidas por ellos y no ven a Mujeres de Óptica Paraguay como un espacio separado del resto del sector. “No vinimos a dividir, vinimos a sumar”, dice Cristina.

Y quizá ahí esté el verdadero valor de esta iniciativa. En salud visual, fortalecer el gremio no depende únicamente de sumar congresos, tecnologías o nuevas líneas de producto, también exige profesionales capaces de compartir conocimiento, construir referentes, hacer visible su formación y elevar, de manera conjunta, la calidad con la que el sector se presenta ante la sociedad.

Cuando una experiencia que funciona en una óptica puede orientar el trabajo de otra, cuando una profesional con experiencia acompaña a quien apenas comienza o cuando varias voces se unen para explicar mejor qué significa cuidar la salud visual, el beneficio deja de ser individual. Ese conocimiento circula, la práctica se fortalece y el paciente encuentra un sector más preparado para responder a sus necesidades.

Y esa es quizá la dimensión más poderosa de avanzar juntas. No se trata solo de abrir espacio para más mujeres, sino de comprender que cada vínculo que fortalece a una profesional puede terminar fortaleciendo también una óptica, una empresa, una comunidad y, finalmente, la atención en salud visual.

Porque cuando el conocimiento deja de quedarse en un solo consultorio y empieza a circular entre muchas manos, no crece únicamente un grupo de mujeres: crece también la profesión que representan.

 

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