Departamento Editorial Franja Visual
En la evaluación del ojo seco, medir la cantidad de lágrima no es suficiente. La estabilidad de la película lagrimal depende en gran parte de la capa lipídica, y esta, a su vez, de la función de las glándulas de Meibomio. Cuando estas glándulas se obstruyen o alteran la calidad de su secreción, aumenta la evaporación lagrimal, se compromete la superficie ocular y cambian las decisiones clínicas.
La disfunción de glándulas de Meibomio (DGM) ha dejado de entenderse como un hallazgo aislado del borde palpebral. El International Workshop on Meibomian Gland Dysfunction la definió como una alteración crónica y difusa de estas glándulas, comúnmente caracterizada por obstrucción terminal del conducto o cambios cualitativos o cuantitativos en la secreción glandular, con posible alteración de la película lagrimal, síntomas de irritación, inflamación clínicamente evidente y enfermedad de la superficie ocular.
Del borde palpebral al ojo seco evaporativo
Las glándulas de Meibomio secretan lípidos que forman la capa más externa de la película lagrimal. Esta capa contribuye a la estabilidad lagrimal y a la protección frente a la evaporación. Cuando la secreción se altera, la película lagrimal pierde estabilidad y puede iniciar o perpetuar el círculo de hiperosmolaridad, inflamación y daño de la superficie ocular descrito en el ojo seco. TFOS DEWS II señala que la pérdida evaporativa de agua es un mecanismo central en la fisiopatología del ojo seco, capaz de generar daño tisular hiperosmolar e inflamación.
Por esta razón, la DGM debe considerarse un eje de evaluación en pacientes con síntomas como ardor, sensación de cuerpo extraño, fluctuación visual, intolerancia a lentes de contacto o incomodidad asociada a pantallas y ambientes secos. En muchos casos, el problema no está solo en la cantidad de lágrima, sino en la calidad del componente lipídico y en la capacidad de la película lagrimal para mantenerse estable entre parpadeos.
Evaluar la glándula, no solo la superficie
Una evaluación orientada a DGM exige observar el borde palpebral de manera sistemática. Esto incluye revisar los orificios glandulares, la presencia de inflamación, telangiectasias, irregularidades del margen, calidad y expresibilidad del meibum, estabilidad lagrimal, patrón de parpadeo y tinción de la superficie ocular.
Cuando está disponible, la meibografía permite complementar la evaluación al mostrar cambios estructurales, pérdida glandular o alteraciones morfológicas. En los últimos años, además, se ha fortalecido el interés por herramientas digitales y de inteligencia artificial para analizar imágenes de glándulas de Meibomio, cuantificar pérdida glandular y mejorar la consistencia en la clasificación de severidad. Sin embargo, estas herramientas requieren validación clínica y no reemplazan el criterio del profesional.
Una condición multifactorial
La DGM no tiene una sola causa ni una única presentación. Puede relacionarse con envejecimiento, cambios hormonales, alteraciones del parpadeo, rosácea, blefaritis, Demodex, uso de lentes de contacto, cirugía ocular, medicamentos, ambientes secos y exposición prolongada a pantallas. En este último caso, la disminución del parpadeo y el parpadeo incompleto pueden favorecer la evaporación lagrimal y hacer más evidente el componente evaporativo del ojo seco.
Este enfoque es importante porque evita reducir la DGM a “glándulas tapadas”. La obstrucción puede estar presente, pero también pueden coexistir inflamación, cambios en la calidad del meibum, pérdida glandular, alteración del borde palpebral y compromiso de la superficie ocular. Por ello, la evaluación debe integrar síntomas, signos, factores de riesgo y hallazgos anatómicos o funcionales.
Cómo cambia la selección del tratamiento
Identificar DGM modifica la estrategia terapéutica. En estos casos, la lubricación ocular puede ser necesaria, pero no siempre suficiente. El manejo puede incluir higiene palpebral, calor local, masaje o expresión glandular, control de inflamación, tratamiento de Demodex cuando esté presente, manejo de rosácea o blefaritis, lubricantes con componente lipídico y seguimiento periódico.
Las revisiones recientes sobre DGM coinciden en que no existe una única intervención válida para todos los pacientes. El tratamiento debe individualizarse según el grado de obstrucción, la inflamación, la pérdida glandular, los síntomas, la severidad del ojo seco y la respuesta al manejo inicial. Además de las medidas de cuidado domiciliario, se han incorporado terapias en consulta como pulsación térmica, luz pulsada intensa, expresión asistida y otros procedimientos dirigidos al borde palpebral, según disponibilidad y criterio clínico.
En este punto, el LUBOS resulta útil como complemento regional, porque recuerda que los lubricantes oculares deben seleccionarse de acuerdo con el tipo y la severidad del ojo seco, y no como una recomendación genérica. El consenso también propone una clasificación de severidad y un algoritmo diagnóstico-terapéutico que pueden ayudar a ordenar la toma de decisiones en la práctica clínica latinoamericana.
Un eje para integrar la superficie ocular
La DGM conecta varios temas actuales de superficie ocular: ojo seco evaporativo, blefaritis, Demodex, lentes de contacto, pantallas, cirugía ocular y calidad de vida. Por eso, incluirla de manera sistemática en la evaluación puede cambiar la interpretación del caso y evitar manejos incompletos.
Más que un hallazgo periférico, la disfunción de glándulas de Meibomio debe entenderse como un componente central en la fisiopatología del ojo seco evaporativo. Mirar el borde palpebral, evaluar la calidad del meibum y reconocer los factores que alteran la capa lipídica permite pasar de una recomendación sintomática a una estrategia clínica mejor orientada.
Referencias
– Nelson JD, Shimazaki J, Benitez-del-Castillo JM, Craig JP, McCulley JP, Den S, et al. The International Workshop on Meibomian Gland Dysfunction: Report of the Definition and Classification Subcommittee. Invest Ophthalmol Vis Sci. 2011;52(4):1930-1937.
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– Craig JP, Nichols KK, Akpek EK, Caffery B, Dua HS, Joo CK, et al. TFOS DEWS II Definition and Classification Report. Ocul Surf. 2017;15(3):276-283.
– Sheppard JD, Nichols KK. Dry Eye Disease Associated with Meibomian Gland Dysfunction: Focus on Tear Film Characteristics and the Therapeutic Landscape. Ophthalmol Ther. 2023;12:1397-1418.
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