En medio de una industria óptica que durante años ha concentrado buena parte de su desarrollo en mejorar la calidad visual, reducir aberraciones y optimizar la personalización de los lentes, empieza a tomar forma otra conversación. Ya no se trata únicamente de ver mejor. Según Javier Trujillo, vicepresidente global de ventas de IOT, el sector está entrando en una fase en la que los lentes oftálmicos podrían asumir funciones mucho más amplias, ligadas a conectividad, electrónica integrada y nuevas metodologías de fabricación.
Durante una entrevista, Trujillo planteó que el mercado está frente a un cambio de enfoque. “Ya no simplemente tenemos que ofrecer lentes para ver bien, sino para ver más”, afirmó, al referirse a la posibilidad de que los lentes incorporen dispositivos electrónicos capaces de proyectar imágenes y habilitar experiencias de realidad aumentada. La idea, explicó, es que estos desarrollos acerquen al usuario a una relación más directa entre corrección visual y acceso a información digital, en una lógica donde el lente se convierta en un canal de interacción cotidiana con contenidos que hoy dependen casi por completo del teléfono móvil.
Ese horizonte, sin embargo, no aparece desligado de los problemas ópticos tradicionales. Al contrario, uno de los puntos centrales de su planteamiento fue que la integración de componentes electrónicos dentro del lente no puede comprometer la calidad óptica ni la capacidad de corregir defectos refractivos. En ese terreno, Trujillo explicó que, cuando estos dispositivos se aplican a lentes sin graduación, su funcionamiento puede ser estable, pero al incorporar una fórmula óptica el sistema cambia de manera importante, ya que se alteran espesores, geometrías y condiciones de proyección que afectan el comportamiento del dispositivo.
Esa dificultad lleva a otra discusión: la fabricación. Si el lente del futuro incluirá electrónica, cámara, micrófono, audio o proyección de imágenes, el método actual de tallado podría no ser suficiente o, al menos, no resultar el más adecuado. Según Trujillo, la industria tendrá que evolucionar hacia sistemas que intervengan menos físicamente el lente terminado y que permitan producir superficies oftálmicas sin comprometer la tecnología integrada. En ese contexto, IOT presentó este año una tecnología que, según su planteamiento, busca responder justamente a ese cambio.
Se trata de Lightform, una propuesta de fabricación aditiva con la que la compañía busca producir lentes mediante luz y resina líquida, en lugar de recurrir exclusivamente a métodos sustractivos, es decir, aquellos que parten de una base sólida a la que se le retira material hasta obtener la prescripción deseada. Trujillo resumió esa transición en una frase concreta: “Por primera vez introduce un método aditivo de cómo se hacen los lentes”. El sistema, explicó, parte de un sustrato delgado sobre el cual se adiciona una resina líquida; luego, un pulso de luz polimeriza la superficie necesaria para construir la fórmula requerida.
La relevancia de esta tecnología, de acuerdo con IOT, no está solo en la novedad del procedimiento, sino en sus implicaciones para la industria, ya que el método permitiría fabricar lentes monofocales y progresivos dentro de tolerancias ISO, mantener niveles de calidad comparables a los del FreeForm y, al mismo tiempo, reducir sustancialmente el consumo de plástico, agua y energía. Trujillo aseguró que el ahorro de plástico puede llegar al 95 %, que el proceso no utiliza agua y que el consumo energético se reduce de forma significativa frente a la fabricación convencional. Si esas condiciones logran escalarse comercialmente, la conversación ya no sería únicamente tecnológica, sino también industrial y ambiental.
Otra de las claves del planteamiento de IOT es que esta nueva tecnología no pretende romper por completo con los ecosistemas actuales del sector. Según explicó Trujillo, Lightform puede integrarse con los sistemas LMS ya utilizados por los partners de la compañía, así como con los diseños ópticos que hoy forman parte de la oferta habitual del mercado. En otras palabras, la innovación no se presenta como una plataforma aislada, sino como una evolución capaz de dialogar con la infraestructura que ya utilizan los laboratorios.
La entrevista también dejó ver que IOT no entiende este desarrollo como una apuesta experimental de corto alcance. Trujillo sostuvo que la compañía lleva una década trabajando en esta tecnología y la presentó como una prueba tangible de una estrategia de largo plazo enfocada en anticipar las necesidades futuras del sector óptico. Desde su perspectiva, la fabricación de lentes con luz no es solo un nuevo proceso; es parte de una preparación más amplia frente a un mercado donde la óptica y la electrónica tenderán a convivir en un mismo producto.
En ese escenario, el papel de los establecimientos ópticos, los laboratorios y los profesionales de la salud visual también podría modificarse. Si los lentes incorporan nuevas funciones digitales, pero siguen siendo al mismo tiempo dispositivos destinados a corregir la visión, la óptica dejaría de trabajar únicamente con materiales, recubrimientos y diseños, para entrar también en una lógica de integración tecnológica más compleja. Para IOT, el desafío consiste en que la innovación electrónica no degrade el nivel óptico que hoy se exige a un lente oftálmico.
Hacia el final de la conversación, el directivo planteó una proyección ambiciosa: estimó que en un plazo de cinco a diez años entre el 40 % y el 50 % de los lentes vendidos en el mercado podrían incluir dispositivos electrónicos. Esa cifra no deja de ser una hipótesis de industria, pero sirve para entender el marco desde el que IOT está hablando. Más que pensar en una mejora incremental del lente tradicional, la compañía está situando el debate en torno a una redefinición del producto: uno que seguiría corrigiendo la visión, pero que podría, además, proyectar información, integrarse con asistentes de voz o funcionar como interfaz visual de otros dispositivos.
Lo que plantea IOT, en suma, es que el futuro de los lentes oftálmicos no se juega solo en la precisión óptica ni en la personalización del diseño, sino también en la capacidad del sector para fabricar de otra manera y para responder a una convergencia cada vez más estrecha entre visión y tecnología digital. Así, entonces, la pregunta ya no es únicamente cómo hacer mejores lentes, sino qué otras funciones serán capaces de asumir sin dejar de cumplir su propósito principal.



