HomemodaMavis Trujillo: visión, moda y trayectoria con estilo

Mavis Trujillo: visión, moda y trayectoria con estilo

Valentina Giraldo M.

Periodista de Franja Visual

Moda y salud visual se encuentran en un mismo lugar: el rostro. Las gafas, las monturas y los lentes de contacto no solo responden a una necesidad visual, también influyen en la imagen y en la manera en que cada persona se presenta ante los demás.

Por eso, esta edición especializada en moda tiene como personaje a Mavis Cristina Trujillo, optómetra que ha conectado durante su trayectoria la práctica clínica, la óptica, la industria y su interés por la moda. Su historia permite entender cómo la salud visual puede mantener su fundamento clínico y, al mismo tiempo, incorporar la estética, el color y el estilo como parte de una atención más integral.

Franja Visual (FV): ¿De dónde nace su vínculo con la moda y cómo llegó a conectarlo con la optometría?

Mavis Cristina Trujillo (MT): Es una historia muy bonita, porque nace del cariño que siempre he tenido por la moda, la ropa, los textiles y el diseño; un gusto que heredé de mi madre.

Crecí entre telas, hilos, máquinas, figurines, diseños y personas que buscaban asesoría para una prenda de vestir. De ahí nace ese amor no solo por la moda, sino por todo lo que significa vestirnos. Vestirse es un acto cotidiano, personal y también una forma de expresión.

Cuando decidí estudiar optometría, también tenía una fuerte inclinación hacia el área clínica. Es una profesión muy gratificante porque existe una gran satisfacción cuando un paciente logra ver bien, cuando se realiza una terapia o rehabilitación visual, o se proporciona una ayuda óptica.

Sin embargo, llegó un momento en el que pensé: si las personas van a una óptica para ver bien, también deberíamos ayudarlas a seleccionar una montura que las haga sentirse bien con su imagen. A partir de ahí comencé a estudiar estilismo personal, colorimetría, historia de la moda y otros temas que me permitieron conectar la optometría con la imagen personal.

FV: ¿Cómo surge para usted el concepto de “vestir el rostro”?

MT: Antes nos limitábamos más a asesorar sobre el lente y a elegir una montura que simplemente le gustara al paciente. Hoy tenemos más herramientas y argumentos que nos permiten orientar mejor la selección tanto de la montura como del lente.

Cuando empecé a estudiar color, pensaba: ¿por qué no tener telas en la óptica?, ¿por qué no probar algo diferente? Nunca se trata de alejarnos de nuestra razón de ser, que es la salud visual, sino de preguntarnos qué más podemos ofrecer.

Cuando a un paciente se le muestran diferentes colores, texturas o tonalidades cerca del rostro y se le explica por qué determinados colores, materiales o formas pueden favorecerlo, la experiencia cambia. Las personas suelen recibir muy bien esta asesoría porque, en general, nos gusta vernos bien, sentirnos bien con nuestra imagen y reconocernos en ella.

También es importante considerar el tamaño de la montura, el color y el material. Son elementos que pueden influir tanto en el componente estético como en el visual.

FV: ¿Por qué las gafas tienen tanto peso dentro de la imagen personal?

MT: Todos los días nos comunicamos mirando principalmente el rostro de las otras personas. Desde el pecho hacia arriba se encuentra gran parte de nuestro triángulo de comunicación y, todos los días nos comunicamos a través del rostro. Cuando interactuamos con otras personas, nuestra atención se dirige especialmente a los ojos y a la expresión facial.

Para quienes necesitan utilizar gafas permanentemente, estas están presentes prácticamente todo el tiempo. Entonces, además de corregir la visión, ¿por qué no convertirlas también en parte de la vestimenta, del estilo y de la manera en que una persona comunica quién es?

Ha sido una evolución interesante porque, poco a poco, tenemos más herramientas, muchas de ellas sencillas de implementar, que pueden marcar una diferencia dentro de una óptica.

FV: Si las personas cambian de ropa y accesorios según la ocasión, ¿por qué todavía utilizan las mismas gafas prácticamente para todo?

MT: Hemos hecho un trabajo progresivo, pero todavía falta mucho. En mis conferencias suelo mostrar algo muy cotidiano: las personas publican fotografías de sus viajes y cambian el vestido de baño, la ropa, el sombrero y los demás accesorios, pero las gafas siguen siendo las mismas en todos los paseos.

Desde el sector óptico debemos continuar trabajando para que las personas entiendan que pueden necesitar diferentes gafas para su día a día y que no necesariamente deben tener un solo par.

En moda se habla de prendas básicas que deberían estar en un armario. Entonces, ¿por qué no pensar también en unos básicos de gafas, según las necesidades visuales, el estilo de vida y las diferentes ocasiones?

FV: ¿Cuáles podrían ser esos “básicos” de anteojos?

MT: Podemos pensar en cuáles son las gafas para un lugar muy soleado, cuáles son las del día a día, cuáles se utilizan para trabajar o cuáles responden mejor a determinadas condiciones.

No es lo mismo, por ejemplo, necesitar un lente espejado para estar en Cartagena que utilizar en Bogotá un lente fotocromático que se oscurezca y permita mantener un adecuado confort visual.

Antes, las personas podían permanecer muchos años con las mismas gafas. Hoy hemos logrado reducir un poco ese tiempo de recambio. Además, el sector de las monturas ha sido muy creativo y cada vez se relaciona más con la moda, los colores y las tendencias, lo que puede ayudar a potenciar estas alternativas.

FV: Usted llevó estas ideas a su propia óptica. ¿Realmente funciona incorporar la asesoría de imagen al servicio óptico?

MT: Sí, funciona. Al principio mi enfoque era muy clínico y, cuando uno está tan concentrado en esa área, puede quedarse únicamente con la visión del paciente desde lo clínico. Con el tiempo entendí que las gafas también deben dialogar con los demás elementos que forman parte de su imagen y de su identidad.

Cuando se introduce en la consulta o en la óptica una asesoría, incluso algo sencillo como un test de color o una tabla para identificar las tonalidades que favorecen al paciente, cambia completamente su percepción de la experiencia.

Son pequeños cambios que pueden tener un significado importante y que, además, pueden personalizarse dependiendo de si se trata de una óptica o de un consultorio.

Actualmente también aplico este enfoque en la asesoría a ópticas. A quienes trabajan en ventas les resulta útil porque adquieren nuevos argumentos que van más allá de hablar solamente de lentes y monturas. Incorporan un componente estético que funciona muy bien con el paciente.

FV: ¿Cómo logra equilibrar la rigurosidad clínica con la moda sin que una le reste importancia a la otra?

MT: Para mí , una no puede desconectarse de la otra. Hay personas que saben muchísimo de moda, siguen de cerca las tendencias y tienen un marcado interés por este campo, y eso me parece maravilloso. Sin embargo, como optómetra y profesional de la salud visual, no puedo desconocer las implicaciones que puede tener, por ejemplo, una montura de tamaño inadecuado o un lente que quede descentrado.

El componente clínico siempre será una prioridad: que el paciente vea bien, tenga su mejor corrección, su mejor tratamiento y la recomendación visual que necesita.

La moda y la estética llegan como un complemento. Una persona puede ver bien con la fórmula que le dio su optómetra, pero también debe sentirse cómoda y a gusto con sus gafas.

No considero que compitan. Por el contrario, las dos áreas pueden potenciarse. Podemos tener unas gafas muy bonitas, pero, si no me siento bien con ellas, el filtro no es el adecuado, la corrección es incorrecta o el lente está descentrado, no hemos hecho bien el trabajo. Por eso, no puedo hablar de moda sin conectarla con la visión.

FV: Su trayectoria ha incluido la práctica clínica, su propia óptica, el trabajo en una clínica oftalmológica, la salud pública y, actualmente, la industria. ¿Qué le ha aportado pasar por escenarios tan diferentes?

MT: Cada uno de esos escenarios me ha aportado una mirada diferente del sector. He tenido la posibilidad de trabajar en una óptica, en un consultorio, en una clínica oftalmológica y ahora en la industria.

Actualmente trabajo con EssilorLuxottica, que ha sido un apoyo muy importante y un espacio en el que también he adquirido mucha experiencia en el ámbito comercial.

Haber pasado por diferentes escenarios me ha dado una visión más amplia. Puedo desempeñarme en el área comercial, pero contar con una base clínica me permite comprender mucho mejor el servicio y las soluciones que podemos ofrecer a un paciente.

Lo clínico es clave porque también construye nuestra credibilidad como optómetras.

FV: ¿Cómo ha trasladado ese interés por la imagen y la moda a su trabajo actual en la industria?

MT: Trabajar en el área comercial también me ha permitido ampliar mis conocimientos relacionados con la moda.

Siempre pienso que no podemos mirar al paciente únicamente desde el lente y la montura. También existe un componente relacionado con la estética, la identidad y la manera en que cada persona quiere proyectarse.

Muchas veces, algunos inconvenientes en las ópticas pueden surgir por una selección inadecuada de la montura o porque, finalmente, el paciente no se identificó con el color elegido.

Cuando el trabajo se hace bien desde lo clínico, estos elementos también pueden integrarse, independientemente de la posición en la que uno se encuentre dentro del sector.

FV: Después de este recorrido profesional, ¿qué viene para Mavis Cristina Trujillo?

MT: Seguir abriendo puertas, continuar haciendo bien el trabajo desde el corazón y ser fiel a mi profesión, que para mí siempre será la base.

Considero que uno debe ser aprendiz durante toda la vida. Ahora sigo enfocada en este campo, especialmente porque vienen muchos cambios relacionados con la tecnología. Es impresionante cómo está transformando nuestro sector y debemos asumirla y, sobre todo, vivirla, porque ya no estamos hablando únicamente del futuro: es nuestro presente.

También continuaré estudiando moda. No puedo desligarme de esa parte porque las gafas tienen un enorme peso visual en el rostro y forman parte de la manera en que una persona se presenta ante los demás. Seguiré aprendiendo sobre soluciones ópticas y, por supuesto, sobre moda, imagen y las nuevas posibilidades que surgen de esa conexión.

FV: Para finalizar, ¿qué mensaje deja a los profesionales del sector de la salud visual en América Latina?

MT: Mi mensaje parte también de valorar lo que estamos haciendo. Muchas veces pensamos únicamente en lo que nos falta o en aquello que todavía no hemos logrado, pero también es importante reconocer lo que hacemos bien, valorarlo y, desde ahí, seguir haciéndolo cada vez mejor.

Mi reconocimiento es para todas las personas que trabajan en el sector óptico en Latinoamérica. Tenemos que seguir haciendo las cosas con el corazón, con compromiso por la salud visual y por todas las personas que confían en nosotros y necesitan de nuestro trabajo.

Somos una ayuda enorme cuando ofrecemos una solución visual y ayudamos a alguien a ver bien. Y podemos sumarle algo más: contribuir a que, con sus gafas, también se sienta bien con su imagen, se identifique con ellas y pueda expresar parte de quién es.

Su recorrido muestra cómo la óptica puede ampliar la conversación con el paciente sin perder su fundamento clínico. En esa mirada, las gafas dejan de ser únicamente una solución visual para convertirse también en una herramienta de expresión personal.

 

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