
Martín Edisson Giraldo Mendivelso. Optómetra ULS, Magister Ciencias de la Visión. ULS. Especialista en Segmento Anterior y Lentes de Contacto USTA, FELLOW IACLE. Profesor Universidad CES, Medellín
En la vida moderna, la conducción de vehículos es una actividad cotidiana que realizan centenares de millones de personas. Esta actividad depende de la integración eficiente de múltiples funciones visuales, entre las que destacan la agudeza visual, la sensibilidad al contraste y la amplitud y preservación del campo visual periférico. Este último desempeña un papel esencial en la detección temprana de estímulos y potenciales peligros ubicados fuera de la fijación central, permitiendo una adecuada orientación espacial y una rápida respuesta ante eventos inesperados durante la conducción.
En Europa, por ejemplo, la normativa vigente exige que los conductores de vehículos particulares tengan un campo visual binocular horizontal mínimo de 120°, con al menos 50° de extensión hacia ambos lados y 40° en el meridiano vertical. La evaluación de estos criterios suele realizarse mediante pruebas de perimetría automatizada, siendo el European Driving Test (EDT) uno de los protocolos más utilizados, debido a que fue diseñado específicamente para valorar el cumplimiento de los estándares visuales requeridos para la conducción.
Ahora bien, existen factores externos que pueden alterar los resultados perimétricos. Entre ellos, el diseño de las monturas oftálmicas representa una fuente potencial de artefactos, especialmente cuando se evalúan regiones periféricas extensas del campo visual. El grosor de los aros, los brazos y la posición de las gafas respecto a los ojos pueden generar zonas de sombra que simulan pérdidas campimétricas inexistentes, afectando la interpretación de las pruebas y, potencialmente, las decisiones relacionadas con la aptitud para conducir.
Frente a estas inquietudes, Sudmann y colaboradores (2026) realizan un estudio con el fin de evaluar el impacto de diferentes diseños de gafas sobre los resultados del EDT y determinar su grado de cumplimiento con los estándares europeos de campo visual exigidos para conducir. Para ello, los autores realizaron un estudio transversal en 30 adultos sanos con campo visual binocular normal, evaluado mediante el EDT utilizando un perímetro Octopus 900. Cada participante realizó la prueba en cuatro condiciones: una evaluación basal y tres evaluaciones adicionales usando diferentes monturas oftálmicas sin lentes, que variaban en el espesor de los aros y los brazos. El orden de uso de las monturas fue aleatorizado para evitar sesgos asociados al aprendizaje o la fatiga. Ver Figura 1.

Figura 1. A. Montura con aros y brazos delgados; B. Montura con aros de grosor medio y brazos gruesos; C. Montura con aros gruesos y brazos de grosor intermedio. (1)
En cuanto a los diseños de las monturas, el primero correspondía a una montura con aros y brazos delgados; la segunda presentaba aros de grosor medio y brazos gruesos; y la tercera combinaba aros gruesos con brazos de grosor intermedio. Los resultados encontrados por los autores demostraron que el diseño de la montura influye significativamente en la evaluación del campo visual periférico mediante el EDT. La montura con aros y brazos delgados mostró un efecto prácticamente nulo sobre el campo visual, ya que solo un participante presentó la pérdida de un punto de prueba. En contraste, la montura con aros de grosor medio y brazos gruesos produjo defectos periféricos en el 37 % de los participantes, mientras que la montura con aros gruesos y brazos de grosor intermedio generó pérdidas campimétricas en el 20 % de los evaluados.
Además, los participantes que presentaron defectos relacionados con la montura mostraron una mayor distancia al vértice, lo que sugiere que una separación más amplia entre los ojos y la montura incrementa la probabilidad de obstrucción periférica. También se observó una tendencia a una mayor cantidad de puntos perdidos en el lado correspondiente al ojo dominante.
Los autores destacan que la interferencia causada por las monturas se concentró principalmente en el campo visual temporal, una región especialmente importante para cumplir los estándares europeos de conducción, que exigen una extensión horizontal mínima de 120°. Los hallazgos sugieren que el grosor de los brazos constituye uno de los factores más determinantes en la generación de artefactos perimétricos, incluso más que el grosor del aro frontal.
Asimismo, se evidenció que la distancia al vértice desempeña un papel relevante, explicando en parte por qué los participantes con rasgos faciales que favorecen una mayor separación entre las gafas y los ojos presentaron más pérdidas campimétricas. Los autores señalan que estos defectos pueden generar interpretaciones erróneas durante las evaluaciones de aptitud visual para la conducción, llevando potencialmente a diagnósticos incorrectos o a restricciones injustificadas en la licencia de conducir.
Otro aspecto relevante es que las monturas evaluadas contaban con certificación europea, lo que demuestra que un producto puede cumplir los estándares de fabricación y seguridad vigentes y, aun así, generar restricciones del campo visual incompatibles con los requisitos para la conducción. En consecuencia, los autores enfatizan la necesidad de aumentar la concienciación entre profesionales de la salud visual, conductores y establecimientos ópticos acerca del posible impacto que determinadas monturas pueden tener sobre la visión periférica y la seguridad vial. Por ello, los autores recomiendan considerar el diseño de la montura durante las pruebas perimétricas y promover el uso de gafas con estructuras delgadas cuando se realicen evaluaciones visuales relacionadas con la conducción.
Adaptado de:
1. Sudmann TM, Jeber AK, Brækhus A, Klungsøyr O, Rowe FJ, Jørstad ØK. The impact of different spectacle designs on the European visual field requirements for driving. J Optom. el 1 de enero de 2026;19(1). doi:10.1016/j.optom.2025.100582 PubMed PMID: 41087270.



