La catarata pediátrica es una causa de discapacidad visual severa si no se trata oportunamente. Es una condición que puede causar impacto en la educación, vida social, y futuro económico del humano en desarrollo. Sumado a lo anterior, se encuentran las múltiples afecciones emocionales por las que puede pasar un niño con catarata. Se estima una prevalencia mundial de ceguera por catarata pediátrica está entre 7.4 % y 15.3 %, con una incidencia entre 1.8 a 3.6/10000 cada año.1,2

La etiología de la catarata infantil es multifactorial y contempla desde mecanismos de formación de origen genético, hasta daños en el cristalino producidos durante su desarrollo en el período fetal o asociados a síndromes sistémicos que aparecen en el crecimiento del infante. Por esta razón, el objetivo de este artículo es ahondar en la etiología de la catarata pediátrica, ya que, de su detección temprana, depende la intervención adecuada y el pronóstico visual.1

Es importante considerar en primera instancia, que la catarata infantil tiene un buen componente idiopático con presentaciones tanto unilaterales como bilaterales, sin otra asociación en curso con la salud del niño. En segundo lugar, se resaltará la catarata de origen genético, donde la herencia autosómica dominante será preponderante para la formación de la mayoría de las cataratas infantiles, y se describen mutaciones en los genes que codifican para proteínas cristalinas y conexina. Entre las enfermedades de origen genético asociadas a catarata pediátrica se pueden mencionar: enfermedad de Norrie, síndrome de Nance–Horan, síndrome de Down, y síndrome de Lowe.3

Continuando con las causales de catarata en niños, es momento de mencionar a la catarata metabólica, producida por enfermedades de origen metabólico. Como se sabe, alteraciones en el metabolismo propio del cristalino, comprometen su transparencia, entre las alteraciones metabólicas que afectan el metabolismo del cristalino en los niños cabe destacar a la galactosemia, deficiencia de galactoquinasa, hipocalcemia, e hipoglicemia. Una catarata altamente asociada a estas alteraciones es la tipo gotas de aceite, aunque ubicaciones nucleares y subcapsulares posteriores también son posibles manifestaciones.1,3

También se deben mencionar infecciones adquiridas por la madre durante el período de gestación; por esta razón es tan importante la valoración de posible infección tipo TORCH (toxoplasma, rubeola, citomegalovirus, herpes y sífilis). De las anteriores, la rubeola es la más comúnmente asociada a la formación de catarata, las cuales suelen ser en su mayoría bilaterales y recuerdan la importancia de que las mujeres en estado de embarazo asistan a todos los controles prenatales.1,3 Ver Figura 1.

Figura 1. A la izquierda, catarata membranosa en un niño de 6 meses de edad con rubeola congénita. A la derecha se observa una catarata uveítica acompañada de una sinequia posterior de 360°.3

La presencia de disgenesia a nivel del segmento anterior es causal de catarata congénita. Un ejemplo de ello es la anomalía de Peters que tiene compromiso corneal y lenticular. Otros ejemplos de asociaciones son: microcórnea, embriotoxon, microftalmia, aniridia congénita, vítreo primario hiperplásico persistente, córnea gutatta o colobomas en el segmento anterior. Las cataratas en estos casos son diversas, pero se destacan las polares anteriores y nucleares, y pueden estar acompañadas por luxación del cristalino a la cámara anterior.1,3

Un factor que puede contribuir a la formación de catarata congénita es la existencia previa de defectos capsulares posteriores, generados por alteraciones en el desarrollo de la cápsula, vasculatura fetal persistente o por tracción posterior cuando se retrae la arteria hialoidea. Esto podría producir invasión del vítreo que hidrata el cristalino y lo opaca. La consecuencia puede ser opacidad capsular posterior total con mayor densidad central.1,3

En el campo inherente al cuidado y vigilancia de los niños es desafortunada la frecuencia de catarata traumática, que puede ser accidental o no y lo más grave, es que en muchos casos termina en ruptura o estallido del globo ocular. Entre los reportes de catarata traumática infantil se han identificado como objetos agresores: los petardos, bolas, piedras, madera y metales. Como hallazgos agravantes se pueden encontrar hemorragia vítrea, sinequias posteriores, cicatrización corneal, desgarro capsular posterior y entrada de vítreo a cámara anterior, disminuyendo el pronóstico visual.1,3

La catarata uveítica en niños es otra causal, que generalmente se asocia con condiciones sistémicas, de las cuales, la artritis juvenil idiopática es una de las más nombradas, ya que en esta patología se produce una inflamación intraocular severa, de la cual se derivan cataratas subcapsulares posteriores, sinequias, iris bombé y, en casos crónicos, hipotonía ocular y queratopatía en banda.1,3

A las anteriores causales, se suman algunas endocrinopatías, asociaciones con enfermedades dermatológicas como la dermatitis atópica o la ictiosis, enfermedades del sistema nervioso central como los síndromes de Zellweger y de Meckel-Gruber, y hasta enfermedades cardiacas como la cardiomiopatía hipertrófica, se asocian a catarata pediátrica.1,3

Como se observa la catarata pediátrica es multifactorial y requiere un cuidadoso abordaje por el profesional de la salud visual, donde la anamnesis profunda y el abordaje multidisciplinario pueden devolver la visión a los niños.

REFERENCIAS

1.  Gupta P, Patel BC. Pediatric Cataract. [Updated 2022 Jun 5]. In: StatPearls [Internet]. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; 2022 Jan-. Available from: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK572080/

2.        Adhikari S, Shrestha UD. Pediatric cataract surgery with hydrophilic acrylic intraocular lens implantation in Nepalese children. Clin Ophthalmol. 2018;12:7–11.

3.        Khokhar SK, Pillay G, Dhull C, Agarwal E, Mahabir M, Aggarwal P. Pediatric cataract. Indian J Med Spec. 2017;65:1340–9.

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