En América Latina, donde las barreras de acceso y diagnóstico aún dificultan el tratamiento oportuno de múltiples condiciones visuales, el abordaje funcional de la baja visión se consolida como una estrategia clave para mejorar la calidad de vida de pacientes con pérdida visual significativa. Desde Caracas, Venezuela, la especialista en Optometría clínica Ligia Delgado ha desarrollado una metodología que prioriza el entendimiento integral del paciente y sus necesidades, más allá de los indicadores convencionales de agudeza visual.
El punto de partida es claro: la baja visión no se define únicamente por cifras. “El criterio numérico no lo es todo. Lo importante es qué ha dejado de hacer el paciente producto de su condición visual”, afirma Delgado, quien ha trabajado durante más de 30 años en el diseño de protocolos centrados en la funcionalidad y en la recuperación de habilidades cotidianas.
Evaluación funcional y empatía clínica
Una de las claves de su enfoque es la entrevista inicial, concebida como un espacio de escucha activa que permite identificar el verdadero impacto de la pérdida visual. A partir de este punto, la especialista aplica una metodología de cuatro fases: conversatorio, evaluación, estimulación y refracción. Cada etapa está diseñada para identificar el remanente visual útil y explorar estrategias personalizadas de rehabilitación.
“La consulta de baja visión debe ser progresiva y empática. Comenzamos siempre desde la zona de confort del ojo, con letras grandes y distancias cortas, para luego avanzar de forma gradual hacia escenarios más exigentes. Lo primero es relajar al paciente y ganar su confianza”, explica Delgado.
En su experiencia, uno de los errores más frecuentes es diagnosticar erróneamente como ‘baja visión’ casos que, en realidad, corresponden a errores refractivos complejos. “Una buena refracción, con tiempo y atención, puede marcar la diferencia. Muchos pacientes etiquetados como ciegos legales tienen un remanente útil que, con el entrenamiento adecuado, permite retomar la lectura, la movilidad o el trabajo”, afirmó.
Remanente visual y herramientas terapéuticas
La metodología desarrollada por Delgado no se limita al consultorio. Incluye también pruebas en exteriores y análisis del contraste funcional, con énfasis en el uso de filtros y ayudas ópticas adaptadas. En su práctica, el filtro amarillo ha mostrado ser especialmente útil para pacientes con fotosensibilidad, tanto en condiciones diurnas como nocturnas.
“La baja visión no significa no ver, sino ver diferente. El contraste, por ejemplo, puede mejorar drásticamente la movilidad o la capacidad de lectura, incluso sin grandes cambios en la agudeza visual”, señala.
Asimismo, resalta que el trabajo no se detiene con la prescripción de ayudas ópticas. “La verdadera rehabilitación visual implica enseñar al paciente a conocer sus fortalezas, entrenarlo en el uso de su remanente visual y acompañarlo emocionalmente en el proceso de adaptación”.
Trabajo en red y respeto interprofesional
Otro eje fundamental del abordaje de Delgado es la articulación entre optometristas, oftalmólogos, terapeutas visuales y orientadores en movilidad. “Cuando no hay informe médico, se navega en aguas desconocidas. El trabajo conjunto no solo es necesario, es ético. Derivar a tiempo es también ofrecer esperanza”.
Este modelo colaborativo ha permitido consolidar alianzas con profesionales de distintas áreas, lo que ha derivado en planes de intervención más eficaces, especialmente en niños, pacientes con monovisión y personas con patologías progresivas.
La urgencia de formar y referir con criterio
En un contexto donde muchos pacientes con baja visión no reciben atención especializada por falta de acceso o desconocimiento, la formación continua de los profesionales visuales resulta clave. “Todo optómetra general puede identificar alertas. Con tiempo, escucha y herramientas clínicas básicas, es posible intervenir antes de que la pérdida funcional avance”, afirma.
Casos como el de pacientes con diplopía no diagnosticada, pérdida de campo visual periférico o dificultades en contraste y profundidad evidencian la necesidad de protocolos estructurados que permitan distinguir entre condiciones tratables con lentes convencionales y aquellas que requieren rehabilitación especializada.
Ver diferente también es ver
El mensaje es claro: la baja visión debe abordarse desde lo funcional, con estrategias que permitan al paciente recuperar autonomía y confianza. Como resume Delgado, “donde hay luz, hay esperanza. Y ver diferente, también es ver”.
Autor: Departamento Editorial



