
Periodista de Franja Visual
En baja visión, integrar imágenes oculares, pruebas funcionales y evaluación de las actividades cotidianas permite comprender mejor las dificultades del paciente y orientar una rehabilitación personalizada.
Una persona puede identificar letras en una cartilla y, aun así, tener dificultades para reconocer un rostro, leer la dosis de un medicamento o encontrar un escalón. En baja visión, la agudeza visual aporta información indispensable, pero no describe por completo cómo se utiliza la visión en la vida cotidiana. La sensibilidad al contraste, el campo visual y el desempeño en tareas específicas también deben formar parte de la evaluación. [1]
El reto de la consulta consiste en relacionar la condición de las estructuras oculares con las funciones visuales conservadas y las necesidades de cada persona. La tecnología diagnóstica contribuye a establecer estas relaciones cuando los exámenes responden a una pregunta clínica y sus resultados se interpretan junto con la historia y la exploración ocular.
La evaluación comienza con una necesidad
La refracción, la medición de la agudeza visual y el examen ocular constituyen la base de la consulta. Sin embargo, en pacientes con baja visión deben complementarse con una valoración que identifique cuáles son las actividades que resultan difíciles y cuáles tienen mayor importancia para su autonomía.
Leer mensajes, identificar productos en un supermercado, reconocer rostros o desplazarse por espacios poco iluminados exige capacidades diferentes. Por ello, dos personas con una agudeza visual similar pueden necesitar ayudas y estrategias distintas.
Las recomendaciones de rehabilitación visual de la Academia Americana de Oftalmología distinguen entre las funciones visuales medidas durante el examen y el desempeño visual observado en actividades concretas. Evaluar la visión próxima, la sensibilidad al contraste, el campo visual y la lectura permite construir un perfil más completo y orientar los objetivos de intervención. [2]
Película lagrimal: una variable que puede modificar el examen
La superficie ocular merece atención antes de atribuir toda dificultad visual a una enfermedad retiniana o del nervio óptico. La inestabilidad de la película lagrimal puede contribuir a la visión fluctuante y añadir un componente que debe considerarse durante la evaluación.
El tiempo de ruptura lagrimal no invasivo, conocido como NIBUT, mide el intervalo entre el último parpadeo y la aparición de ruptura de la película lagrimal, sin instilar sustancias sobre el ojo. Según las funciones del equipo, el examen puede complementarse con mediciones del menisco lagrimal, análisis de la capa lipídica, observación de las glándulas de Meibomio y registro del parpadeo.
El Centro de Oftalmología Barraquer describe esta evaluación como una herramienta para estudiar la estabilidad lagrimal y apoyar el diagnóstico y seguimiento de alteraciones de la superficie ocular. Las mediciones deben interpretarse junto con los síntomas y la exploración clínica, para comprender su relevancia en cada paciente. [3]
En baja visión, reconocer estos factores permite valorar si parte de la variabilidad visual está relacionada con la superficie ocular y si requiere atención complementaria.
Fondo de ojo: documentar para comparar
La fotografía de fondo de ojo permite conservar imágenes que facilitan la comparación durante el seguimiento y la comunicación entre profesionales. Su aporte resulta útil cuando se necesita documentar el nervio óptico, la mácula u otros hallazgos retinianos.
Las cámaras no midriáticas permiten obtener imágenes sin dilatación farmacológica en muchos pacientes. No obstante, la posibilidad de conseguir un registro adecuado depende del tamaño pupilar, la transparencia de los medios, la fijación y las características del equipo.
Además, la fotografía informa sobre las regiones capturadas. Una imagen del polo posterior no representa un examen completo de la retina periférica. Por esta razón, debe incorporarse como herramienta complementaria, mientras que la necesidad de dilatar o realizar otras exploraciones se determina según la indicación clínica.
La utilidad del registro aumenta cuando las imágenes tienen calidad suficiente, están correctamente identificadas y pueden relacionarse con los resultados funcionales y la evolución del paciente.
Campo visual: localizar la pérdida funcional
La evaluación del campo visual permite caracterizar defectos centrales o periféricos que pueden afectar actividades como la lectura y el desplazamiento. Su resultado aporta información funcional y debe interpretarse junto con los demás hallazgos de la consulta.
La campimetría mide la sensibilidad a los estímulos en los puntos examinados. Describe la distribución de la pérdida funcional, pero no mide directamente la extensión anatómica de una lesión retiniana.
En pacientes con baja visión, la selección del examen debe considerar la capacidad para percibir los estímulos, mantener la fijación y responder durante la prueba. La fatiga o la fijación inestable pueden dificultar la interpretación y limitar la comparación entre visitas.
Cuando existe compromiso macular, la microperimetría puede complementar la evaluación al relacionar la sensibilidad con una imagen del fondo de ojo y registrar el comportamiento de la fijación mediante seguimiento ocular. Esta información contribuye a caracterizar cómo se utiliza la visión central disponible.
Los hallazgos también ayudan a explicar al paciente y a su familia por qué determinadas tareas resultan difíciles. Las simulaciones visuales pueden apoyar esa conversación, siempre que se presenten como aproximaciones educativas y no como una reproducción exacta de la experiencia individual.
Tomografía: relacionar estructura y función
La tomografía de coherencia óptica, conocida como OCT, proporciona imágenes seccionales de las estructuras oculares. En la evaluación de pacientes con enfermedades retinianas o del nervio óptico, permite complementar la exploración clínica con información estructural.
En glaucoma y neuropatías ópticas, el análisis puede incluir la capa de fibras nerviosas de la retina, las capas de células ganglionares y la cabeza del nervio óptico. En enfermedades maculares, la interpretación se orienta hacia las capas retinianas y las alteraciones correspondientes a cada patología.
Los parámetros deben seleccionarse de acuerdo con la pregunta clínica. También es necesario revisar la calidad de la señal, el centrado y la segmentación, porque los reportes automatizados pueden contener errores.
En baja visión, la información anatómica necesita relacionarse con la función. Una imagen ayuda a comprender el daño estructural, mientras que las pruebas visuales y la observación de las actividades permiten valorar sus consecuencias para el paciente.
Del hallazgo a una intervención útil
La integración diagnóstica cobra sentido cuando orienta una decisión y responde a una necesidad concreta. Una dificultad de lectura requiere valorar el tamaño del texto, el contraste, la iluminación, la distancia de trabajo y la magnificación necesaria. Una limitación para desplazarse exige considerar el campo visual y las condiciones del entorno.
Las ayudas ópticas y electrónicas deben seleccionarse mediante pruebas de desempeño. Lupas, telescopios y dispositivos de magnificación pueden responder a tareas diferentes; su utilidad depende de la adaptación, el entrenamiento y la posibilidad de incorporarlos a la vida cotidiana.
Los lentes de contacto pueden considerarse cuando existe una indicación refractiva o corneal que permita optimizar la calidad óptica. Sin embargo, no deben presentarse como una solución para recuperar el campo visual perdido por daño retiniano o del nervio óptico. Su beneficio debe comprobarse de manera individual.
La rehabilitación también puede incluir ajustes de iluminación, contraste y accesibilidad digital. El objetivo es que la intervención facilite actividades relevantes para la persona y aproveche la visión disponible.
La tecnología necesita una red de atención
El consultorio no requiere disponer de todos los equipos para iniciar una evaluación pertinente. Sí necesita identificar qué información falta, cuál es el examen indicado y dónde puede realizarse.
La articulación entre optometría, oftalmología y los servicios de rehabilitación permite atender la enfermedad de base y las dificultades funcionales. Las recomendaciones de la Academia Americana de Oftalmología contemplan la evaluación de baja visión, la selección de intervenciones y la remisión a otros servicios según las necesidades del paciente.
La participación de la familia puede facilitar el entrenamiento, el uso de ayudas y las adaptaciones del entorno. El seguimiento permite comprobar si las recomendaciones funcionan fuera del consultorio y si deben ajustarse.
En baja visión, la precisión clínica se construye al integrar las imágenes con las pruebas funcionales y con lo que el paciente necesita hacer. El resultado más relevante es que esa información permite elegir una intervención útil: leer una indicación, reconocer un rostro o desplazarse con mayor autonomía.
Referencias
-
Material audiovisual proporcionado. YouTube. Disponible en: https://www.youtube.com/live/g55fCEnxl1c.
-
American Academy of Ophthalmology. Vision Rehabilitation Preferred Practice Pattern®. 2023. Disponible en: recomendaciones de rehabilitación visual.
-
Fernández J, Beltrán A. Test de ruptura lagrimal. Centro de Oftalmología Barraquer. 13 de enero de 2026. Disponible en: barraquer.com/noticias/test-ruptura-lagrimal.



