La razón por la que afirmo con toda seguridad que la baja visión es la especialidad del futuro se sustenta en las proyecciones globales, que indican que el número de personas con pérdida de visión aumentará drásticamente en los próximos años.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que para el año 2050 las cifras totales de pérdida de visión superarán los 1.700 a 1.800 millones de personas, lo que representa un incremento del 55% respecto a los niveles de 2020. Este repunte masivo no se debe a que la medicina esté fallando, sino al rápido envejecimiento demográfico global y a los profundos cambios en los estilos de vida modernos. Ante este panorama, resulta evidente que la discapacidad visual es algo que nos compete a todos, más que como especialistas, ¡como sociedad!
Precisamente por esta razón, el optómetra especializado en baja visión debe estar consciente del compromiso que significa atender a una población que se encuentra en desventaja. La necesidad de contar con más especialistas en esta área es urgente. Cuando los lentes graduados, los medicamentos o las cirugías ya no pueden recuperar la vista de un paciente, el especialista en baja visión es el profesional capacitado para contribuir a evitar que esa persona pierda su autonomía.
A esta creciente necesidad profesional se suma la transformación que ha experimentado la propia especialidad. En el pasado, la intervención del optometrista se limitaba al cálculo y la adaptación de ayudas ópticas, lupas, telescopios, telemicroscopios y prismas. En la actualidad, el incremento de la población con discapacidad visual, el cambio de paradigmas sociales alrededor de la discapacidad, así como los avances tecnológicos, han llevado al optómetra a especializarse en áreas como la rehabilitación visual, el neurodesarrollo, la neurorehabilitación y los lentes de contacto de especialidad. Al mismo tiempo, estos cambios nos obligan a incursionar en áreas relacionadas con el uso de nuevas tecnologías, como la tiflotecnología y la inteligencia artificial (IA).
Frente a esta evolución, es inevitable preguntarnos: ¿cómo será la especialidad de baja visión en el futuro? y ¿cuál será el perfil del optometrista que decida dedicarse a la población con baja visión? La respuesta exacta no la sabemos, pero sí se puede predecir un perfil profesional más sólido y demandante, puesto que cada paciente que atendemos tiene necesidades diferentes y los avances tecnológicos están a la orden del día.
Sin embargo, este perfil profesional no puede construirse únicamente desde el conocimiento clínico y tecnológico. A menudo estudiamos la baja visión desde la etiología, la sintomatología o las posibles ayudas para la rehabilitación con las que contamos. No obstante, las personas que viven con baja visión requieren atención de múltiples especialidades, ya que enfrentan diversas problemáticas. Una de las más relevantes es el impacto emocional de vivir con baja visión, que suele ser profundo y, a menudo, invisible. No se trata solo de ver menos, sino de perder la conexión con el entorno, lo que puede alterar drásticamente la identidad, la autoestima y la salud mental de la persona.
Por ello, para realizar un buen acompañamiento, el optómetra requiere algo más que conocimiento. Usualmente, quienes nos dedicamos a esta noble especialidad desarrollamos destrezas de comunicación fundamentales, como la escucha activa, la empatía y la tolerancia. Estas habilidades adquieren especial importancia cuando entendemos que la atención en baja visión implica acompañar a una persona en un proceso que va mucho más allá de su condición visual.
En concordancia con esta realidad, este número está enfocado en adulto mayor y baja visión, con la expectativa de que en él logren encontrar información de interés para integrar en la práctica cotidiana.
Finalmente, quiero felicitarles, colegas, por dirigir su mirada hacia la población con discapacidad visual, porque no solo atienden esta condición, sino que contribuye a transformar vidas. Cada esfuerzo realizado, cada congreso y cada capacitación tomada nos permiten ofrecerle al paciente con discapacidad visual más y mejores oportunidades de habilitación para alcanzar una vida independiente.

Autor: L.O Donají López Cobilt
Coordinadora del Centro de Baja Visión del Bajío



