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David Anabitarte: Una vida dedicada a la visión, la moda global y la familia

Valentina Giraldo M.

Periodista de Franja Visual

David Anabitarte es un referente en la moda del rostro y los anteojos. Con 34 años de trayectoria en el mundo empresarial de la salud visual, posee una mezcla única: cultura europea y un profundo corazón latino. A lo largo de su carrera, ha sido pieza clave para el crecimiento de gigantes multinacionales en América Latina y el mundo. En esta entrevista, no omitimos ningún detalle de su historia: desde el lugar de su nacimiento por un “accidente” climático, su desvío de la ingeniería de sistemas hacia los negocios, hasta su visión sobre el sacrificio familiar y el futuro de la industria marcado por la Inteligencia Artificial.

Franja Visual (F.V): Usted es ingeniero de sistemas de profesión. ¿Cómo termina involucrándose en el mundo de la salud visual?

David Anabitarte (D.A): Como muchos profesionales, llegué por casualidad. Estudié ingeniería de sistemas en Caracas, porque hace 40 años era la carrera de moda y bien pagada. A mitad de carrera quise cambiarme a administración de empresas, pero mi padre me dijo “como yo pago, también te pido que termines ingeniería y luego si puedes hacer una especialización o lo que quieras”. Yo sabía desde joven que me gustaba la gestión comercial y empresarial.

Al graduarme, me tomé un año sabático y terminé en Miami. Decidí probar suerte laboral allí y me presenté a la división de electrónicos de Panasonic en Latinoamérica. Todo iba muy bien con ese proceso, hasta cuando en una reunión de amigos de la familia conocí unos ejecutivos franceses. Su empresa era una de las fábricas más grandes de armazones en Francia, llamada SFL. Hablamos amigablemente, les conté lo que estaba haciendo, les gusto mi perfil y me invitaron a trabajar con ellos en 1996. Así que resolví mi estatus migratorio y me dediqué a fortalecer la presencia de sus marcas propias y reconocidas en América Latina.

(F.V): Su historia de vida es un verdadero mapa multinacional. Cuéntenos un poco sobre sus orígenes familiares.

(D.A): Nuestra familia es de origen vasco. Por parte de mi madre soy vasco-francés y por parte de mi padre, vasco-español. Mis padres vivían en Francia, cerca de la frontera con España. Un día mi madre, en estado de embarazo, le pidió a mi padre que la llevara a la playa del lado español, en Fuenterrabía. Al meterse al agua con el oleaje del golfo de Gascuña inició el proceso de parto y nací “por accidente” un 2 de agosto de 1969 en España. Me crié en Francia hasta los 17 años. Luego, mi padre fue trasladado laboralmente a Venezuela, país donde echaron raíces por 26 años y al cual llevo en el corazón. Después mi propia familia continuó esta ruta multinacional: mi esposa es venezolana naturalizada mexicana; nos casamos por el civil en Hendaya (Francia), celebramos en Fuenterrabía (España) y tuvimos la ceremonia religiosa en Caracas. Mis dos hijas, Andrea de 21 años y Alexandra de 18, nacieron en Estados Unidos pero crecieron en México, por lo que son norteamericanas de alma y corazón mexicano.

(F.V):  Después de iniciar con la empresa francesa, pasa a Marchon. ¿Cómo se dio esa transición y qué implicó?

(D.A): Marchon era uno de los mejores clientes de SFL. Y creamos juntos un equipo de trabajo muy eficiente. Así que René Galindo, director de América Latina de Marchon, me ofreció trabajo, pero inicialmente lo rechacé porque SFL me pidió ir a Francia para desarrollar la estructura comercial de Europa y Medio Oriente. Fue muy interesante, aprendí mucho y al mismo tiempo, las ofertas de Marchon se mantenían. Así que tras tres años de insistencia, a mis 24 años acepté unirme a Marchon como director comercial para América Latina y el Caribe, mudándome a Nueva York. Fue una etapa maravillosa viviendo soltero en Manhattan.

Aparte de las licencias, supervisaba dos joint ventures muy importantes: en México con el fallecido don Mauricio Barquy, y en Brasil con el risueño Marcos Feldman. Posteriormente, por razones estratégicas, Marchon decidió adquirir el 100% de esos negocios. Me pidieron mudarme a México, recién casado, para transformar la empresa de un modelo semifamiliar a uno corporativo, un proceso que internamente llamábamos “marchonizar”.

(F.V): Liderar la empresa, recién casado, ¿qué fue sucediendo?

(D.A): Si al mismo tiempo hacía empresa y familia. Tuvimos dos hijas, mi esposa se dedicaba al hogar y yo a viajar; pasaba el 55% de mi tiempo viajando. Ese es el mayor reto porque desafortunadamente perdí muchos momentos importantes de mi familia y de mis hijas que no se pueden programar, como las reuniones escolares, sus urgencias médicas y los momentos que solo se viven cuando estás presente. A veces el corazón duele por la ausencia. Por fortuna hemos logrado algo de equilibrio gracias a que tuve a mi lado una mujer y madre más fuerte que yo, que lidio con la educación y vida diaria de las niñas; es una decisión y un proyecto de vida que debe ser muy bien conversado y acordado.

(F.V): Luego de 20 años en Marchon tomó un año sabático en 2017-2018. ¿Qué lo alejó y qué lo trajo de regreso para unirse a Safilo?

(D.A):  Tomé la pausa porque mi madre llevaba 11 años luchando contra el cáncer y estaba en su fase final; me pesaba mucho en el alma y decidí pasar sus últimos meses junto a ella y mi familia. Tras su partida, quise cambiar de industria hacia el sector de lujo, pero mi padre y mi suegro me aconsejaron que no tirara por la borda todo mi capital de relaciones y confianza en la industria óptica.

El detonante fue un reporte de consultoría que yo compraba anualmente. Costaba $12,000 dólares y, al estar desempleado, les pedí solo unos capítulos y me dieron un buen precio. Leyéndolo en mi terraza en México, fumándome mi puro semanal, vi que la industria óptica no tendría ninguna crisis en los próximos 10 años. Decidí no ir a la feria de Mido para no repetir 100 veces por qué había dejado Marchon, pero sí fui a la de Nueva York. Allí conecté con Angelo Trocchia, CEO de Safilo. Mientras tanto, un coach me sugirió cobrar por ayudar a mis amigos, así que abrí una consultora con tres clientes, incluyendo una startup tecnológica en San Francisco rodeado de jóvenes de 26 años, lo cual me enseñó muchísimo sobre comercio digital. Finalmente, en octubre de 2018 acepté el reto de organizar Safilo para América Latina con sede en México, manejando las subsidiarias de México, Brasil y Miami (que cubre el resto de la región).

(F.V): ¿Hacia dónde va el mundo de la moda, el retail y las monturas?

(D.A):  Hoy tenemos un consumidor mucho más educado y sofisticado, que sabe lo que quiere y cuánto está dispuesto a pagar. Esto obliga a las ópticas a hacer un mejor trabajo educativo preparando a su personal de ventas. Hemos visto una “democratización” del lujo, siendo el anteojo el accesorio de alta costura más económico. También hay una democratización en los géneros, con marcas donde la gente sencillamente usa lo que le gusta, sin definir si es masculino o femenino. Además, hay marcas disruptivas como Warby Parker que están cambiando las reglas de comercialización a precios justos. Lo más importante hoy es la experiencia de compra unida a la educación: explicarle al cliente los tipos de lente, la tecnología y la funcionalidad; es a través del conocimiento que verdaderamente logramos enamorar al consumidor.

(F.V): Para concluir, ¿qué sigue en los próximos años para usted?

(D.A): A mis equipos les bromeo diciendo que “estoy más allá que del más acá”, pero al llegar a cierta madurez profesional uno no pierde las ganas de seguir aprendiendo. Mi gran enfoque ahora es transmitir conocimiento y seguridad a mis colaboradores para que crezcan y tomen las mejores decisiones para el negocio y los clientes. Simultáneamente, estoy invirtiendo en mí mismo; llevo dos años profundamente enfocado en la Inteligencia Artificial (IA) y en cómo está transformando positivamente a nuestra industria, aclarando siempre que esta herramienta no fue desarrollada para controlar al ser humano, sino para ayudarnos.

La vida de David Anabitarte es un testimonio de cómo la suma de raíces multiculturales, casualidades bien aprovechadas y un liderazgo empático pueden forjar a un gigante de la industria corporativa. Su relato no omite los dolores personales ni los enormes sacrificios familiares que conlleva el éxito global. Hoy, liderando Safilo en la región, su legado no solo se centra en la estética de vestir el rostro, sino en democratizar el lujo, educar al consumidor y preparar a la industria óptica para abrazar el futuro de la mano de herramientas innovadoras como la Inteligencia Artificial.

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