HomeCONTROL MIOPÍA¿Y después del tratamiento, qué sigue…?

¿Y después del tratamiento, qué sigue…?

 

 

José Luis Monroy, OD.

 

 

A estas alturas, después de haber dado seguimiento a nuestros primeros pacientes de control de miopía, surge con mayor frecuencia una pregunta al término del tratamiento o cuando estamos próximos a finalizarlo: ¿cuál es el siguiente paso tras finalizar el tratamiento? 

Muchos de quienes iniciamos tratamientos de control de miopía hace más de una década contamos hoy con pacientes cuya miopía se ha estabilizado y aparentemente está controlada o detenida. Esta situación debe confirmarse, principalmente, mediante la medición objetiva de la longitud axial. 

El primer aspecto que debe monitorearse al interrumpir cualquier tratamiento —ya sea ortoqueratología, lentes de contacto blandos de foco dual, lentes oftálmicos o atropina— es la posible aparición de un efecto rebote en las semanas o meses posteriores. Desde mi experiencia, el seguimiento debería realizarse inicialmente de forma mensual y, posteriormente, cada tres meses, como mínimo. 

Si durante estos controles se observa estabilidad en la longitud axial y no se presentan cambios refractivos significativos, puede considerarse que la progresión de la miopía ha sido efectivamente controlada. En ese escenario, la decisión deberá tomarse de manera conjunta entre los padres o cuidadores y el especialista, definiendo cuál es la corrección más adecuada para mantener la visión en óptimas condiciones, ya sea continuar con ortoqueratología, emplear lentes de contacto blandos o utilizar gafas. También existe la posibilidad de considerar una cirugía refractiva, una vez alcanzada la estabilidad refractiva y con los criterios adecuados de edad y evaluación estructural; según nuestra experiencia, varios pacientes han optado por esta alternativa y los resultados han sido satisfactorios. 

Por el contrario, si en las revisiones posteriores se detecta un incremento anormal tanto en la refracción como en la longitud axial, ello indicará la necesidad de retomar el tratamiento lo antes posible. Sin entrar en detalles, puede reiniciarse la misma modalidad terapéutica si previamente mostró buenos resultados, considerar un enfoque combinado como refuerzo o, si el caso lo amerita, cambiar la estrategia de manejo. La decisión dependerá siempre de la evolución individual del paciente.

En conclusión, es fundamental tener claramente definidas ciertas consideraciones antes de interrumpir un tratamiento: por qué y cuándo detenerlo, cuál será el esquema de seguimiento posterior y qué tipo de corrección se indicará si la progresión se ha estabilizado. De igual manera, si se presenta un efecto rebote, debe establecerse con prontitud la conducta a seguir para volver a controlar la progresión. 

Como profesionales, nuestra responsabilidad es mantenernos actualizados y bien documentados para tomar decisiones fundamentadas que prioricen la salud visual a largo plazo.

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