El Centro Nacional de Educación Helen Keller (CNEHK) se ha consolidado como un referente en la educación y el apoyo a personas con discapacidad visual en Costa Rica. Como entidad pública bajo la tutela del Ministerio de Educación, ofrece cobertura nacional a estudiantes desde los 13 años sin límite de edad. Su enfoque educativo prioriza el desarrollo de competencias por encima de la evaluación sumativa, permitiendo una formación adaptada a las necesidades de cada estudiante.
El modelo educativo del CNEHK se basa en cuatro áreas fundamentales: vida cotidiana, acceso a la información (incluyendo tecnología y educación), movilidad y potencial laboral. A diferencia de la educación convencional, no se asignan calificaciones numéricas, sino que se mide el progreso en función del desarrollo de habilidades prácticas y funcionales. En este proceso, se prioriza la adaptación del entorno de aprendizaje a la realidad del estudiante. En lugar de imponer un espacio estandarizado, se busca integrar los apoyos en el contexto cotidiano de la persona, ya sea una cocina de leña en su hogar o la implementación de tecnologías específicas en su comunidad. La activación de redes de apoyo local es clave para fomentar la autonomía y la integración social.
El éxito del proceso educativo radica en la colaboración de un equipo interdisciplinario. Profesionales en educación especial, movilidad, trabajo social, psicología y terapia física trabajan en conjunto con los docentes de colegios regulares, las familias y los propios estudiantes para garantizar un enfoque integral. Este trabajo en red permite una mejor adaptación de los apoyos educativos a cada individuo. La planificación educativa parte de una valoración clínica realizada por optometristas, quienes determinan las limitaciones visuales del estudiante. Sin embargo, la simple indicación de la agudeza visual no es suficiente; es fundamental traducir estos datos en términos prácticos para los docentes y el entorno educativo, explicando cómo la visión afecta tareas como la lectura de la pizarra, la iluminación requerida o la percepción de contrastes y colores.
Cada estudiante con baja visión tiene necesidades específicas, por lo que no existe una solución única aplicable a todos. Las estrategias incluyen desde el uso de tipografías sin serifa y ampliaciones de texto hasta herramientas digitales adaptadas. Además, en la educación secundaria, donde el acompañamiento es menos frecuente que en la primaria, se considera tanto el desarrollo académico como la integración social del estudiante. La dimensión emocional también juega un papel crucial. Problemas como la ansiedad pueden afectar la función visual, por ejemplo, provocando ojo seco debido a una reducción en la frecuencia de parpadeo. El fortalecimiento de la identidad y el sentido de pertenencia de los estudiantes es esencial para prevenir el aislamiento social y fomentar su autonomía.
La tecnología ha cobrado un papel protagónico en la educación inclusiva. Dispositivos con accesibilidad mejorada, lupas electrónicas y lectores de pantalla han demostrado ser fundamentales para estudiantes con baja visión. Se prioriza el uso de estos recursos antes de recurrir al braille, especialmente en casos de pérdida visual tardía, permitiendo una integración más efectiva al mundo digital. La equidad, más que la igualdad, es clave en la distribución de los apoyos educativos. Cada estudiante recibe las herramientas y estrategias necesarias según su condición particular, garantizando su acceso pleno al aprendizaje.
La valoración funcional de la visión en el CNEHK abarca diversos aspectos como la sensibilidad a la luz, la percepción de colores y la coordinación visomotriz. También se analizan la visión intermedia y lejana, asegurando que cada estudiante reciba ajustes personalizados para sus necesidades específicas. En este proceso, también se consideran aspectos como el tamaño de letra adecuado, la distancia de lectura y escritura, y el uso de hojas pautadas o con repintado para optimizar la experiencia educativa. Un abordaje multimodal, que combine materiales impresos, digitales y, cuando sea necesario, braille, es esencial para evitar el rezago académico.
Dado que la visión puede cambiar con el tiempo, es imprescindible realizar reevaluaciones periódicas, generalmente cada dos años si la condición es estable, o con mayor frecuencia ante cualquier variación en la agudeza visual del estudiante. Esto permite ajustar los apoyos educativos de manera oportuna. El éxito académico y social de los estudiantes con baja visión depende en gran medida de la comunicación fluida entre los profesionales de la salud visual, los docentes del CNEHK, los profesores de colegios regulares y las familias. Este trabajo colaborativo garantiza que los estudiantes reciban el apoyo necesario para su desarrollo integral.
El CNEHK es un ejemplo de cómo un enfoque educativo basado en competencias, apoyado por la tecnología y la colaboración interdisciplinaria, puede transformar la vida de personas con discapacidad visual. Su modelo centrado en la equidad y la personalización del aprendizaje demuestra que una educación inclusiva efectiva es posible cuando se considera a cada estudiante en su contexto y necesidades individuales.