Departamento Editorial de Franja Visual
Durante años, la práctica optométrica se ha desarrollado en torno a un principio inquebrantable: la presencia física entre el profesional y el paciente. La lámpara de hendidura, la refracción subjetiva o la evaluación binocular parecen inconcebibles sin esa interacción directa. Sin embargo, la irrupción tecnológica de la última década ha modificado radicalmente ese paradigma. La teleoptometría, entendida como la provisión de servicios visuales a distancia mediante tecnologías digitales, ha pasado de ser un experimento marginal a consolidarse como una nueva modalidad asistencial con enormes implicaciones clínicas, éticas y sociales.
De la contingencia a la consolidación
El punto de inflexión fue la pandemia de COVID-19. En medio de la imposibilidad del contacto presencial, la teleoptometría emergió como una estrategia para mantener la continuidad del cuidado visual. Lo que comenzó como una medida transitoria se convirtió, con el tiempo, en una práctica viable y cada vez más sofisticada.
Actualmente, las plataformas de atención remota permiten realizar anamnesis estructuradas, evaluaciones preliminares, seguimientos postoperatorios, monitoreo de tratamientos y orientación en salud visual sin que el paciente deba desplazarse. Esta flexibilidad no pretende sustituir la consulta presencial, sino ampliar las fronteras del acceso a la atención, especialmente en regiones donde los servicios especializados son escasos.
La tecnología detrás de la mirada remota
La teleoptometría se sostiene sobre un ecosistema de herramientas digitales interconectadas: cámaras de alta resolución, sistemas de medición automatizada, aplicaciones móviles, plataformas seguras de videoconferencia y software clínico interoperable.
Algunas iniciativas ya integran dispositivos portátiles conectados, capaces de registrar agudeza visual, reflejos pupilares o imágenes del segmento anterior, que son posteriormente analizadas por el profesional en tiempo real o de manera diferida. En paralelo, los algoritmos de inteligencia artificial comienzan a asistir en la clasificación de imágenes retinianas o en la detección de patrones anómalos.
Esta infraestructura tecnológica convierte la atención remota en una extensión natural del consultorio físico, pero exige estándares de calidad, conectividad y seguridad que garanticen la fiabilidad del proceso.
Nuevos escenarios de acceso y equidad
Uno de los aportes más relevantes de la teleoptometría es su potencial para reducir brechas geográficas y sociales en salud visual. Comunidades rurales, instituciones educativas y centros de atención primaria pueden beneficiarse de programas de tamizaje remoto o de orientación visual temprana.
La atención a distancia también ofrece ventajas para poblaciones con movilidad reducida, adultos mayores o pacientes crónicos que requieren seguimiento frecuente. En estos casos, la teleoptometría se convierte en una herramienta de inclusión, no solo tecnológica, sino también sanitaria.
Sin embargo, su implementación no está exenta de desafíos: la conectividad desigual, la falta de capacitación en el uso de dispositivos y la resistencia cultural frente a la atención virtual siguen siendo obstáculos que deben abordarse con políticas claras y educación digital tanto para profesionales como para pacientes.
El rol del profesional en el entorno remoto
El éxito de la teleoptometría no depende solo de la tecnología, sino de la adaptación del rol profesional. La consulta remota exige nuevas habilidades comunicativas, sensibilidad intercultural y dominio de plataformas seguras para el manejo de información clínica.
En un contexto donde la interacción se mediatiza por una pantalla, la empatía digital se convierte en una competencia esencial. Escuchar activamente, mantener contacto visual virtual y transmitir confianza son gestos que, aunque distintos, conservan la esencia del acto clínico.
Además, la teleoptometría redefine la colaboración interdisciplinaria: permite consultar en tiempo real a oftalmólogos, neurólogos o especialistas en baja visión, fortaleciendo el abordaje integral del paciente.
Ética, privacidad y límites de la práctica
Como toda innovación sanitaria, la teleoptometría plantea dilemas éticos y normativos. El manejo de imágenes oculares, historiales clínicos y datos biométricos demanda protocolos de seguridad robustos y un marco regulatorio claro.
En Colombia y otros países latinoamericanos, las normas sobre telesalud avanzan hacia la estandarización, pero aún existen vacíos sobre la responsabilidad profesional en casos de diagnóstico remoto o error de interpretación.
Por ello, es fundamental que el uso de plataformas de teleoptometría se enmarque en principios de confidencialidad, consentimiento informado y trazabilidad, garantizando que el bienestar del paciente prevalezca sobre la fascinación tecnológica.
Hacia un modelo híbrido de atención
El futuro de la salud visual no será completamente presencial ni totalmente virtual. La tendencia apunta hacia modelos híbridos, donde la atención remota se combine con la evaluación clínica directa según las necesidades del caso.
Imaginemos una jornada de tamizaje visual remoto en una escuela rural, cuyos resultados son analizados por un equipo optométrico urbano que decide qué estudiantes requieren una valoración presencial. Este modelo optimiza recursos, acelera intervenciones y fortalece redes de atención colaborativas.
Así, la teleoptometría deja de ser una alternativa temporal para convertirse en un componente estructural del sistema de salud visual.
Mirar el futuro desde la distancia
La teleoptometría no elimina la mirada profesional: la amplifica. Permite observar más lejos, conectar más personas y ofrecer soluciones antes impensadas. Pero en esa expansión tecnológica, el reto será preservar la humanidad del encuentro clínico, incluso cuando el contacto físico no exista.
El desafío de los próximos años será lograr que cada consulta remota conserve la calidez, la escucha y la responsabilidad ética que definen a la atención visual. Porque, en última instancia, lo esencial de la consulta no está en la distancia que separa, sino en la visión compartida que une.
Referencias
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