En un reciente episodio del programa Tallando Conceptos, del canal Franja TV, Luis Puente, optometrista y uno de los directores del espacio, conversó con Andrés García, OD, sobre la evolución de la industria óptica latinoamericana en la última década. Más allá del intercambio de experiencias, la conversación puso sobre la mesa una transformación profunda: la posibilidad real de que los laboratorios independientes construyan una identidad propia, sostenible y reconocible en el mercado.
Lo que hace apenas quince años parecía improbable —o incluso inviable— hoy se presenta como una realidad tangible. La democratización de tecnologías como el Free Form, la madurez de los actores del sector y un cambio progresivo en la mentalidad de la industria han permitido que cada vez más laboratorios apuesten por la calidad, el servicio y la innovación como ejes de crecimiento.
A partir de esa reflexión, emergen tres pilares que explican por qué hoy hablar de marca en el laboratorio óptico ya no es una excepción, sino una consecuencia natural de la evolución del sector.
Compromiso con la calidad: el punto de partida inevitable
El primer pilar —y el más determinante— es la decisión consciente de no competir por precio, sino por desempeño. Los laboratorios que lograron consolidarse entendieron que el objetivo no era replicar el modelo más básico del mercado, sino aspirar a estándares de calidad comparables a los de los grandes referentes de la industria.
Este enfoque responde a una lógica clara: la calidad no solo eleva la percepción del producto, sino que protege la rentabilidad. Cuando no existe diferenciación técnica, la competencia se reduce al precio, generando márgenes cada vez más estrechos y modelos de negocio frágiles. En cambio, la calidad permite posicionarse en segmentos donde el valor agregado es reconocido y sostenido en el tiempo.
Además, la disponibilidad de equipos, materiales y conocimiento técnico ha demostrado que alcanzar altos niveles de desempeño ya no es exclusivo de grandes estructuras corporativas. La posibilidad de competir dejó de ser teórica para convertirse en una meta alcanzable.
Comunidad y conocimiento compartido: crecer acompañado
El segundo pilar es la comprensión de que el desarrollo del laboratorio independiente no puede darse de forma aislada. La creación de comunidades técnicas y espacios de intercambio ha sido clave para acelerar procesos, evitar errores recurrentes y elevar el estándar general de la industria.
Compartir experiencias —tanto aciertos como dificultades— ha permitido que los nuevos emprendimientos enfrenten un camino menos empinado que el que recorrieron los pioneros. Foros, encuentros técnicos y simposios regionales han facilitado discusiones abiertas sobre procesos productivos, tratamientos antirreflejo, manejo de bases, curado y optimización operativa.
Este enfoque colaborativo no diluye la competencia; por el contrario, fortalece el ecosistema y se traduce en mejores productos para el cliente final, beneficiando a toda la cadena.
Proveedores como socios estratégicos: una industria que madura
El tercer pilar tiene que ver con la responsabilidad compartida de la industria. El crecimiento del laboratorio independiente ha sido posible porque proveedores de maquinaria, materias primas y grandes casas comerciales han asumido un rol más consciente y estratégico.
Hoy, muchos fabricantes de equipos no se limitan a vender tecnología, sino que acompañan los proyectos desde la planificación: layouts, requerimientos técnicos, infraestructura y procesos. De igual forma, los proveedores de bases y materiales han fortalecido la transferencia de conocimiento, ayudando a que los nuevos laboratorios arranquen con bases más sólidas.
Incluso grandes actores del mercado han entendido que una competencia saludable fortalece al sector, adoptando una postura más abierta y colaborativa que contribuye a la sostenibilidad del ecosistema.
Construir marca es pensar a largo plazo
El mensaje para quienes están comenzando —estudiantes, inversionistas o nuevos emprendedores— es claro: construir una marca en el laboratorio óptico es posible, pero exige enfoque, coherencia y visión de largo plazo. No se trata de resultados inmediatos ni de atajos comerciales, sino de un proceso que se consolida con el tiempo.
La industria óptica es un sector en crecimiento, con oportunidades reales para quienes entienden que la marca no es un accesorio, sino la expresión de una propuesta de valor bien construida.
El paradigma evolucionó. Hoy, las bases están dadas. El siguiente paso depende de quienes decidan asumir el reto de construir no solo un laboratorio, sino una identidad propia dentro del sector.
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