El recorrido profesional de Javier Flórez no comenzó en una sala de juntas ni entre maquinaria industrial de alto rendimiento. Empezó, como el de muchos optómetras, en la atención directa al paciente. Recién egresado de la Universidad de La Salle, su primer escenario laboral fueron las cadenas de ópticas, donde ejerció la práctica clínica durante más de un año, convencido de que ese sería su camino profesional.
En ese periodo, el interés clínico convivía con una curiosidad constante por los lentes oftálmicos y por los resultados que estos tenían no solo en la salud visual del paciente, sino también en la dinámica comercial de la óptica. Sin buscarlo de manera deliberada, esa combinación empezó a marcar una diferencia. El buen desempeño clínico, sumado a una comprensión cada vez más profunda del producto, derivó en su incorporación a una multinacional como consultor de lentes oftálmicos, una oferta que cambiaría su rumbo.
Aceptar ese paso implicaba abandonar la consulta y asumir un rol completamente distinto. Flórez era consciente de que el cambio sería radical, pero el reto resultaba atractivo. Así comenzó su tránsito hacia el mundo empresarial del sector óptico, un proceso que no estuvo exento de ajustes personales y profesionales. Pasó de ser el optómetra que recibía asesores comerciales, a convertirse en uno de ellos. La experiencia, como él mismo reconoce, exigió paciencia, humildad y una comunicación mucho más estratégica, entendiendo que cada óptica, cada profesional y cada mercado funcionaban de manera distinta.
Ese aprendizaje inicial se profundizó cuando su trabajo empezó a acercarlo a los laboratorios ópticos. Allí descubrió una dimensión del sector que, desde la óptica, suele permanecer invisible: procesos productivos complejos, exigencias industriales, tecnología de alto nivel y una organización que funciona como una verdadera fábrica. El laboratorio dejó de ser un eslabón abstracto y se convirtió en un espacio fascinante, donde convergen maquinaria, talento humano y eficiencia operativa.
Con esa experiencia acumulada, su rol comenzó a expandirse hacia otros países de América Latina. Viajar, conocer distintos modelos de trabajo, economías y culturas profesionales no solo amplió su visión del sector, sino que reforzó una idea que se volvería central en su discurso: ópticas, laboratorios, industria y consumidores no son compartimentos aislados, sino partes de un mismo sistema interdependiente.
En paralelo, Flórez asumió un desafío personal adicional: la formación y la conferencia académica. Reconoce que hablar en público no fue sencillo al inicio, menos aún en contextos culturales tan diversos como los de la región. Sin embargo, ese proceso fortaleció su capacidad de comunicar ideas técnicas de manera clara y de conectar con profesionales desde distintas realidades, una habilidad clave para su evolución posterior.
Tras casi una década trabajando con fabricantes de lentes oftálmicos, el siguiente paso fue coherente con el camino recorrido. En 2015 se incorporó a una empresa alemana especializada en maquinaria y tecnología para laboratorios ópticos, entrando de lleno en el mundo industrial: tallado digital, procesos de antirreflejo, automatización y soluciones productivas adaptadas a distintos mercados. Fue, en sus palabras, “otra escuela”, esta vez centrada en la tecnología como motor del desarrollo del sector.
Esa trayectoria —que integra consulta, óptica, laboratorio e industria— explica su llegada al liderazgo regional de Satisloh. En el marco del proceso de renovación y crecimiento de la compañía en América Latina, Flórez asumió la presidencia regional, con la responsabilidad de dar continuidad a una gestión orientada al fortalecimiento tecnológico, la formación y el servicio a los laboratorios de la región
Desde esa posición, su mirada mantiene un hilo conductor claro: la evolución tecnológica solo tiene sentido si logra articularse con la práctica diaria de las ópticas y si el conocimiento llega, de forma clara y constante, a quienes están en contacto directo con el usuario final. Para Flórez, uno de los grandes retos del sector sigue siendo traducir la innovación —ya sea en lentes digitales o en procesos industriales avanzados— en propuestas comprensibles y tangibles para el mercado.
Lejos de plantear una visión idealizada, su enfoque reconoce que se trata de un trabajo permanente, que exige alineación entre industria, laboratorios y ópticas, y una disposición constante al cambio. En esa lógica, su propio recorrido profesional funciona como reflejo de un sector dinámico, en el que aprender, adaptarse y equivocarse menos es parte del proceso.
Hoy, desde Satisloh, Javier Flórez representa a una generación de optómetras que ha sabido ampliar su campo de acción sin perder la comprensión clínica del origen de todo el sistema: la necesidad visual del paciente. Una evolución construida paso a paso, sin atajos, y con la convicción de que el crecimiento del sector depende, en última instancia, del trabajo coordinado de todos sus actores.
Autora: Lina María Hurtado Escobar



