HomeLABORATORIOS ÓPTICOSMás allá del color: la verdad técnica del antirreflejo

Más allá del color: la verdad técnica del antirreflejo

En el mercado óptico persiste una percepción simplificada; y en muchos casos errónea, sobre el tratamiento antirreflejo en los lentes oftálmicos. Para una parte importante de los usuarios, este recubrimiento se asocia principalmente con un color visible sobre la superficie del lente, ya sea verde, azul o violáceo. Esta lectura, reforzada por mensajes comerciales, ha llevado a pensar que el antirreflejo es un elemento estético o que su eficacia depende del número de capas aplicadas. Sin embargo, desde el punto de vista técnico, el antirreflejo es un proceso de ingeniería óptica de alta precisión, cuyo objetivo principal es controlar el comportamiento de la luz y mejorar la experiencia visual.
En términos técnicos, el antirreflejo no es una pintura ni un tinte superficial. Se trata de un proceso realizado en máquinas de alto vacío, donde diferentes materiales son sublimados; es decir, pasan de estado sólido a gaseoso, y se depositan sobre el lente en capas extremadamente delgadas. Estas capas combinan materiales de alto índice de refracción, como el circonio o el titanio, con materiales de bajo índice, como el silicio. El índice de refracción corresponde a la capacidad de un material para frenar la luz, y la alternancia precisa de estos índices permite generar interferencias controladas que reducen los reflejos indeseados y aumentan la transmisión luminosa hacia el ojo. El objetivo, por tanto, no es añadir color, sino lograr una mirada más transparente.
Durante años, la industria promovió el concepto de las llamadas “multicapas” como sinónimo de calidad. Se hablaba de siete o doce capas como un valor agregado, y hoy incluso se encuentran propuestas que prometen tratamientos con más de treinta capas. Desde la óptica técnica, esta asociación es incorrecta. Tener más capas no significa mayor protección ni mejor desempeño. En realidad, implica que se está refractando más luz. Un antirreflejo bien diseñado puede lograrse con pocas capas, siempre que la nanometría y el cálculo de espesores sean correctos. La estructura básica de un tratamiento incluye el sustrato del lente, una laca protectora, una capa de adherencia y la alternancia de materiales de alto y bajo índice, cuidadosamente controlada.
Uno de los aspectos que más confusión genera es el color residual que queda visible tras el tratamiento. El reflejo verde se ha consolidado como el estándar porque resulta más estable y fácil de controlar dentro del espectro visible. El reflejo azul, en cambio, suele responder a una demanda estética del mercado. Para obtenerlo, se modifican las proporciones y espesores de los materiales utilizados en la “receta” del proceso. Cuando estos ajustes no se realizan con extrema precisión, el resultado puede ser un tratamiento inestable, con riesgo de desprendimiento o manchas al cabo de pocos meses. Desde el punto de vista óptico, un lente sin tratamiento refleja aproximadamente el 4,3 % de la luz incidente, mientras que muchos lentes con reflejo azul comercial pueden reflejar entre el 6 % y el 8 % en determinadas longitudes de onda. Técnicamente, esto no puede considerarse un verdadero antirreflejo, ya que incrementa los reflejos y puede generar deslumbramientos o imágenes fantasma. El ideal técnico es un tratamiento prácticamente transparente, con reflexiones inferiores al 1 %.
La necesidad del antirreflejo se vuelve aún más evidente cuando se analizan los materiales de alto índice de refracción. A mayor índice como en lentes 1.67 o 1.74 mayor es la reflexión natural de la luz en la superficie del lente. Por esta razón, en lentes delgados el antirreflejo no es un complemento opcional, sino un elemento indispensable tanto desde el punto de vista estético como funcional. Un lente de alto índice sin antirreflejo se comporta visualmente como un espejo, afectando la calidad de la visión y la percepción del usuario.
En el contexto actual, el debate sobre la luz azul también ha influido en la percepción del antirreflejo. Es importante aclarar que este tratamiento, por sí solo, solo puede bloquear alrededor del 30 % de la luz azul mediante reflexión. Un bloqueo total implicaría una coloración amarilla del lente y posibles alteraciones del ritmo circadiano. En población infantil, la precaución debe ser mayor. No se recomienda el uso de filtros intensos de luz azul en niños menores de 13 años, ya que su cristalino aún se encuentra en desarrollo y requiere la exposición a la luz natural para adquirir su protección fisiológica. Limitar este proceso podría interferir en su maduración visual, por lo que la exposición controlada al exterior cumple un papel fundamental.
Comprender el verdadero valor del tratamiento antirreflejo implica ir más allá del color y de las cifras comerciales. Se trata de un proceso de ingeniería óptica que, cuando está bien diseñado y correctamente aplicado, mejora la transmisión de la luz, la calidad visual y la durabilidad del lente. Para el profesional de la salud visual, este conocimiento es clave para asesorar con criterio, priorizando el desempeño óptico y el bienestar visual por encima de tendencias estéticas pasajeras.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

Leer más

spot_img
add_action('tdc_before_block_wrap', function() { if (is_category('sistema-refractivo')) { ?> });