HomepediatríaEnfermedad de ojo seco en niños: una entidad que merece más atención

Enfermedad de ojo seco en niños: una entidad que merece más atención

Departamento editorial de Franja Visual

La enfermedad de ojo seco (EOS) es una afección multifactorial de la superficie ocular, caracterizada por la pérdida de la homeostasis de la película lagrimal, que se acompaña de síntomas, alteraciones en la función visual y efectos directos en la calidad de vida.

Tradicionalmente, se ha descrito como una patología propia de la edad adulta, asociada al deterioro progresivo de la unidad funcional lagrimal y a la presencia de determinados factores de riesgo sistémicos.

Sin embargo, en la actualidad, la población pediátrica ha comenzado a incorporarse de manera significativa al grupo de riesgo para desarrollar EOS. La estimación precisa de su prevalencia en niños continúa siendo un desafío y objeto de investigación; de hecho, diversos estudios reportan cifras que oscilan entre el 0,4 % y el 16,8 % en poblaciones pediátricas asiáticas. 

La evidencia disponible señala que el incremento de la EOS en niños se relaciona principalmente con factores ambientales y conductuales. Entre los más relevantes se encuentran el uso prolongado de dispositivos digitales, la disminución del parpadeo durante actividades en pantalla y la coexistencia de enfermedades alérgicas como la conjuntivitis estacional y la queratoconjuntivitis vernal. Adicionalmente, se ha documentado un aumento en la prevalencia de enfermedades sistémicas en la población pediátrica en comparación con décadas anteriores.

Lo preocupante es que la EOS en niños trasciende la mera presencia de síntomas oculares. Esta condición puede afectar el rendimiento académico, la calidad de vida y, en casos crónicos, predisponer al desarrollo de complicaciones como la miopía progresiva y la ectasia corneal. A ello se suma el hecho de que la EOS pediátrica continúa siendo una entidad subdiagnosticada, lo que subraya la necesidad urgente de estudios que permitan caracterizar su prevalencia y los factores asociados en esta población particularmente vulnerable.

Con base en esta premisa, Thakre y colaboradores (2025) desarrollaron un estudio con el objetivo de analizar la frecuencia de la EOS en pacientes pediátricos atendidos en un centro hospitalario, así como identificar los principales factores de riesgo implicados. Para ello, realizaron un estudio observacional y prospectivo en un hospital en la India, con una duración de dos años. La población estuvo conformada por niños y adolescentes entre 4 y 18 años que acudieron a consulta externa de oftalmología.

El proceso diagnóstico se estructuró en dos etapas. En la primera, se aplicó un cuestionario de tamizaje para identificar síntomas sugestivos de ojo seco en el último mes, incluyendo sequedad, prurito, sensación de cuerpo extraño, fotofobia, enrojecimiento y lagrimeo. Los pacientes con respuestas positivas fueron remitidos a una evaluación más detallada.

En la segunda etapa, se recopilaron antecedentes médicos y oftalmológicos, con especial énfasis en el uso de dispositivos digitales como teléfonos inteligentes, computadoras, televisión—, así como en la presencia de enfermedades alérgicas y comorbilidades sistémicas, entre ellas artritis reumatoide juvenil y las neoplasias hematológicas. Posteriormente, se realizó un examen completo y se aplicó el cuestionario Ocular Surface Disease Index (OSDI, por su sigla en inglés) para cuantificar la severidad de los síntomas.

Las pruebas clínicas incluyeron el tiempo de ruptura de la película lagrimal (BUT), el test de Schirmer I, la valoración de la superficie ocular mediante tinción y la evaluación estructural de los componentes de la unidad funcional lagrimal. Los criterios diagnósticos de EOS establecidos fueron: OSDI >13 puntos y la presencia de al menos de un hallazgo objetivo alterado, definido como BUT <10 segundos, Schirmer <10 mm en 5 minutos, tinción corneal >5 puntos, tinción conjuntival >9 puntos o evidencia clínica de disfunción de glándulas de Meibomio (DGM).

Entre los principales resultados, de los 1.420 niños evaluados se identificó una prevalencia hospitalaria de EOS del 7,6 %. La edad promedio fue de 11,4 años, con predominio del sexo masculino y mayor afectación en el grupo de 10 a 12 años. La EOS de origen evaporativo fue el diagnóstico más frecuente con un 92,6 %, seguido por el tipo mixto con el 7,4 %. No se registraron casos de ojo seco acuodeficiente puro. 

Las pruebas objetivas evidenciaron valores normales en el test de Schirmer, mientras que el BUT fue consistentemente bajo, confirmando la inestabilidad de la película lagrimal como mecanismo principal. Además, el 85,2 % de los pacientes presentó síntomas severos según el OSDI.

En relación con los factores predisponentes, el uso de dispositivos digitales con pantallas se identificó en el 96,3 % de los casos, con un promedio de exposición diaria de 1 a 2 horas en teléfonos inteligentes y televisión. También se observó una alta coexistencia de conjuntivitis alérgica estacional (63,9 %), mientras que la queratoconjuntivitis vernal presentó una menor proporción (15,7 %). La DGM y las comorbilidades sistémicas fueron poco frecuentes, aunque se documentaron casos asociados a leucemia linfoblástica aguda y artritis reumatoide juvenil. 

En conjunto, estos hallazgos reflejan la influencia combinada de factores ambientales, conductuales y alérgicos en la fisiopatogénesis del ojo seco pediátrico. En conclusión, los autores indican que la EOS en niños es una condición subdiagnosticada que requiere atención clínica temprana para prevenir complicaciones como miopía progresiva y queratocono. Entre las recomendaciones se incluyen la reducción del tiempo frente a pantallas, la promoción de actividades al aire libre y el desarrollo de criterios diagnósticos adaptados a la población pediátrica. 

Este estudio, realizado en un centro hospitalario en la India, pone de manifiesto la necesidad de implementar protocolos de investigación similares en la población latinoamericana, con el fin de reducir las tasas de subdiagnóstico y avanzar hacia políticas de atención en salud más específicas y efectivas para este grupo etario. 

Adaptado de: 

1.        Thakre S, Wankhede V, Deshmukh P, Mishrikotkar J, Gadekar S. Pediatric dry eye: A hospital-based study. Indian J Ophthalmol. 2025;73(12):1819–23. 

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