
Sandra Medrano, O.D.
Profesora-investigadora
Coordinadora de la Especialización Ortóptica y Terapia Visual
Facultad de Ciencias de la Salud, UniSalle
Vivimos un momento determinante para la terapia y el entrenamiento visual. Nunca antes la actividad visual en cerca había tenido un impacto tan profundo en la salud visual de la población: niños, jóvenes, adultos y mayores pasan horas frente a pantallas pequeñas, en distancias cortas y con una demanda visual dinámica que supera los modelos tradicionales de análisis clínico. Esta transformación nos exige repensar el rol integral del optómetra terapeuta visual.
Hoy sabemos que la fatiga visual digital no es un fenómeno aislado ni un simple “cansancio”. Es la convergencia de tres sistemas —superficie ocular, acomodación-vergencia y componente musculoesquelético— que actúan de manera simultánea y se retroalimentan. Esta interacción, ampliamente documentada en la literatura reciente, nos obliga a abordar la terapia visual desde un enfoque transversal, donde la superficie ocular deja de ser un capítulo independiente y se convierte en el punto de partida de cualquier plan de tratamiento.
La evidencia demuestra que, incluso en pacientes que consultan por síntomas aparentemente acomodativos o binoculares, la mayoría de las molestias iniciales se originan en la superficie ocular. La película lagrimal se altera por la disminución del parpadeo, los parpadeos incompletos, la exposición corneal prolongada y los entornos digitales intensivos. Estas alteraciones no solo generan disconfort: comprometen la visión dinámica, la estabilidad del enfoque y la tolerancia a la lectura en cerca. Pretender entrenar acomodación o vergencia sobre una superficie ocular inestable es, en la práctica, construir sobre arena movediza.
El optómetra terapeuta visual del presente —y del futuro— debe integrar de forma natural el manejo de la superficie ocular dentro del protocolo clínico. Esto implica evaluar parpadeo, estabilidad lagrimal, síntomas de ojo seco digital y las condiciones ambientales que acompañan al paciente en su vida real. Significa también comprender que una binocularidad ineficiente puede amplificar la percepción de sequedad, y que la sobrecarga acomodativa está íntimamente conectada con el tono muscular cervical, fenómeno demostrado en múltiples estudios que correlacionan actividad del músculo ciliar con activación del trapecio.
Este es un momento extraordinario para la especialidad. La convergencia entre tecnología, comportamiento humano y fisiología ocular abre un campo amplio para los optómetras terapeutas visuales. Un campo que ya no se limita al entrenamiento de habilidades visuomotoras, sino que incluye comprensión ergonómica, intervenciones para la superficie ocular, educación digital, hábitos de trabajo y coordinación interdisciplinaria.
La responsabilidad es grande, pero también lo es la oportunidad. La población nos necesita más que nunca. Estamos llamados a liderar este nuevo paradigma de atención, donde la visión no se divide en compartimientos estáticos, sino que se entiende desde su interdependencia. El optómetra terapeuta visual debe transformarse en un profesional capaz de ver el sistema completo, integrarlo y actuar sobre él con estrategias personalizadas y basadas en evidencia.
Por eso, en esta edición presentamos un artículo sobre la interacción entre la superficie ocular y la terapia visual, que ofrece herramientas actualizadas y de gran valor clínico. Es una invitación a replantear nuestros protocolos y a construir, desde la ciencia y la práctica, una terapia visual acorde a la realidad digital de nuestros pacientes.
El futuro de la especialidad es integral. Y empezó ayer.



