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El criterio clínico como eje de la contactología en la era de la inteligencia artificial

La salud visual en 2026 se encuentra en una etapa de consolidación tecnológica, un escenario que fue abordado en el programa inaugural de 2026 de contactología de Franja TV. En este espacio, los directores del programa analizaron el futuro de la formación en contactología y los retos actuales de la práctica clínica y coincidieron en la necesidad de fortalecer la educación académica mediante una integración real entre la práctica clínica y la evidencia científica vigente. Uno de los ejes de la discusión fue el papel de la inteligencia artificial (IA), entendida no como una disrupción ni como un sustituto del profesional, sino como una herramienta complementaria para apoyar procesos educativos y clínicos sin desplazar el juicio profesional. Asimismo, se enfatizó la importancia de retomar las bases de la contactología para enfrentar escenarios complejos, como el control de la miopía y la adaptación de lentes especializados. 

En este marco, la inteligencia artificial (IA) deja de percibirse como una disrupción para consolidarse como una herramienta integrada en los procesos educativos y clínicos. Desde la perspectiva de los educadores en contactología, este avance se entiende como una evolución natural en la forma de acceder, organizar y transmitir el conocimiento científico.

La formación profesional ha transitado desde la consulta de textos clásicos en bibliotecas físicas hacia la búsqueda digital inmediata y, más recientemente, hacia sistemas de IA con capacidad generativa. En este contexto, la IA no debe interpretarse como un atajo académico, sino como un asistente estratégico que potencia el aprendizaje mediante recursos como resúmenes estructurados, tarjetas de estudio e infografías educativas de alta precisión.

Adoptar estas herramientas no implica abandonar las bases científicas. La IA, utilizada de manera responsable, permite agilizar procesos de estudio, estructurar información compleja y apoyar la formación continua. El desafío actual no es adoptar o rechazar la tecnología, sino integrarla sin debilitar los fundamentos científicos que sostienen la práctica clínica.

La inteligencia artificial como asistente, no como sustituto

Uno de los puntos críticos en el uso de la IA en contactología es diferenciar entre el procesamiento masivo de información y el ejercicio del juicio clínico. La IA puede alcanzar altos niveles de precisión teórica, pero carece de habilidades esenciales para la práctica clínica, como la observación directa del paciente, la interpretación subjetiva de síntomas o la empatía durante la consulta.

La IA resulta especialmente útil para organizar información científica, procesar cálculos complejos relacionados con parámetros como DK/T, porcentaje equivalente de oxígeno o clearance, y proponer diseños iniciales a partir de nomogramas y bases de datos extensas. Asimismo, puede identificar patrones estadísticos que orienten decisiones diagnósticas o terapéuticas.

Sin embargo, corresponde al profesional realizar una anamnesis profunda, comprender el estilo de vida del paciente, interpretar sensaciones como incomodidad o visión fluctuante tras la adaptación y tomar decisiones éticas ante complicaciones clínicas no previstas por la teoría. El criterio clínico sigue siendo indispensable para validar si una respuesta generada por la IA representa un acierto o una interpretación errónea sin sustento fisiológico.

Herramientas tecnológicas en la práctica clínica cotidiana

En el entorno clínico actual, los equipos diagnósticos funcionan como sistemas inteligentes capaces de integrar múltiples variables, incluso factores ambientales como altitud o elevación geográfica, que influyen en la fisiología ocular. La IA potencia estas herramientas, pero el profesional continúa siendo el intérprete final de los datos.

La tomografía de coherencia óptica permite evaluar con precisión micrométrica la relación entre el lente de contacto y la superficie ocular, facilitando ajustes finos en el espacio de bóveda. Los topógrafos y perfilómetros generan mapas detallados de la córnea y la esclera a partir de grandes bases de datos, favoreciendo diseños personalizados. A su vez, el software de diseño de lentes integra información biométrica y cálculos de espesor central para optimizar el paso de oxígeno, mientras que los algoritmos de análisis de imágenes contribuyen a la detección temprana de alteraciones en la superficie ocular, como la disfunción de glándulas de Meibomio.

No obstante, sin un marco conceptual sólido, estos datos pierden significado clínico. La tecnología entrega información, pero es el profesional quien define el porqué y el para qué de cada decisión.

El retorno a las bases como pilar de la práctica ética

A pesar de los avances tecnológicos, en 2026 persisten mitos en torno al uso de lentes de contacto. Superarlos exige volver a los fundamentos de la contactología. Si bien la mayoría de los casos se resuelven con modalidades de reemplazo programado, existe un porcentaje significativo de pacientes que requiere adaptaciones especializadas y un conocimiento profundo de la fisiología corneal.

La práctica clínica rigurosa demanda dominar primero la adaptación de lentes corneales rígidos antes de abordar tecnologías más complejas como la ortoqueratología o los lentes esclerales. Este nivel de exigencia se refleja en evaluaciones profesionales como el examen para la obtención del estatus FIACLE, el cual valida no solo el conocimiento teórico, sino el criterio clínico necesario para garantizar la seguridad del paciente.

La IA no reemplazará al profesional, pero el uso adecuado de estas herramientas sí marcará una diferencia entre quienes evolucionan con la práctica y quienes permanecen al margen del cambio.

Ética, evidencia y formación responsable

El uso de IA en educación y clínica plantea retos relacionados con la honestidad intelectual y la calidad de la información. La formación basada en evidencia científica es el principal filtro frente al plagio y la desinformación. En este escenario, resulta indispensable contrastar cualquier resultado generado por IA con literatura indexada y referentes clásicos o contemporáneos.

La tecnología debe facilitar la integración entre teoría y práctica, pero la seguridad clínica se construye en la interacción directa con el paciente. Asimismo, el uso ético de estas herramientas permite homogeneizar criterios clínicos, elevar estándares de adaptación y responder a las necesidades específicas de cada región, fortaleciendo la contactología desde una perspectiva local con visión global.

Conclusión: la ventaja humana en un entorno tecnológico

En la contactología de 2026, la tecnología actúa como vehículo, pero el criterio clínico continúa siendo el conductor. La verdadera ventaja competitiva del profesional no reside en el acceso a la información, hoy universal, sino en su capacidad de síntesis humana. Ningún sistema artificial puede reemplazar la integración entre fisiología, óptica y comprensión emocional del paciente en la toma de decisiones clínicas éticas y efectivas.

El futuro de la contactología pertenece a quienes adoptan la innovación sin desprenderse de las bases científicas. El éxito profesional seguirá siendo el resultado de una síntesis equilibrada entre ciencia, tecnología y humanidad.

Ver el programa completo en:

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