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Del consultorio análogo a la era de la inteligencia artificial

Valentina Giraldo M
Periodista Franja Visua

La consulta visual atraviesa una transformación profunda impulsada por la tecnología y la Inteligencia Artificial. En este contexto, la optómetra Sandra Karina Ramos analiza cómo la tecnología de diagnóstico ocular está redefiniendo la práctica clínica. Su trayectoria, que combina experiencia asistencial y liderazgo dentro de compañías multinacionales de tecnología oftálmica, especialmente de origen japonés, le otorga el criterio técnico e industrial para hablar con autoridad sobre esta evolución.

Sandra Karina Ramos

Ramos mantiene su ejercicio clínico activo y al tiempo, es testigo directo del desarrollo tecnológico desde el interior de la industria. Esa doble mirada le permite dimensionar el salto que ha dado el consultorio en los últimos quince años. “El cambio ha sido radical. Pasamos de equipos manuales y procesos análogos a sistemas que integran datos, analizan información y optimizan la toma de decisiones”, explica.

Uno de los ejemplos más claros es la evaluación de la agudeza visual. Los proyectores tradicionales y las cartillas físicas han sido reemplazados por pantallas con sistemas modernos de evaluación de la percepción. Y Ahora, nuevos equipos incluyen el análisis de la agudeza visual para luego obtener el dato de refracción subjetiva y objetiva. Se trata de tecnología que incorpora inteligencia artificial, autónomos, capaces de reconocer la voz del paciente, emitir instrucciones, hacer preguntas y ejecutar pruebas de visión lejana, intermedia, cercana, cromática y de estereopsis. El profesional supervisa y valida, pero el equipo ejecuta con una precisión y velocidad que antes no eran posibles.

Para Ramos, esta automatización no desplaza al optómetra, sino que fortalece su rol. La tecnología se convierte en soporte del criterio clínico, reduce la variabilidad en los procesos y mejora la experiencia del paciente en consulta.

En el análisis de la superficie ocular, la evolución también ha sido significativa. El síndrome de ojo seco, que la experta describe como uno de los principales retos actuales, exige evaluaciones más completas. Advierte que un ojo seco mal abordado puede alterar la topografía corneal y generar hallazgos que simulan patologías inexistentes. Por ello, la modernización de la lámpara de hendidura ha marcado un punto de inflexión.

Los equipos actuales integran cámaras de alta definición para tomar imágenes o hacer videos, iluminación infrarroja para valorar las glándulas de Meibomio y software especializado que permite realizar estudios detallados. “Hay lámparas que incluso le hablan al paciente y le indican qué hacer durante la prueba”, comenta. Además, estos sistemas organizan la información y sugieren interpretaciones diagnósticas, siempre bajo la validación del profesional.

La tendencia hacia la tele-optometría es otro eje clave en su análisis. Hoy, optómetras están realizando, en tiempo real, consultas con sus pacientes en otros lugares, apoyados en equipos que arrojan información e imágenes de todas las áreas del sistema ocular. Permiten la interacción con el paciente porque el profesional está virtualmente presente, mientras que un asistente presencialmente apoya en cualquier momento al paciente y el evaluador.

Asimismo, es posible que equipos con inteligencia artificial realicen algunas evaluaciones de manera autónoma y permiten ajustes subjetivos a distancia. Esta modalidad abre oportunidades para ampliar cobertura y optimizar recursos, especialmente en contextos donde el acceso es limitado.

De otra mano, los equipos multidiagnóstico han hecho parte de la revolución de la ciencia y la tecnología en los últimos años. Lo que la industria ha logrado es que un mismo equipo tenga, al mismo tiempo, la tecnología de varios equipos para lograr más datos e imágenes en una sola toma. Por ejemplo, tecnología que concentran en un solo dispositivo pruebas como refracción, aberrometría, queratometría, tonometría, paquimetría, análisis de ángulos, superficie ocular e incluso funciones de cámara retinal no midriática. Esta integración representa eficiencia operativa, precisión y diagnósticos integrales, entre otras ventajas.

En un contexto económico retador y con incertidumbre en los sistemas de salud, la inversión en tecnología puede generar dudas. Sin embargo, Sandra Karina Ramos envía un mensaje claro a sus colegas. Desde su experiencia en la industria, sostiene que adoptar tecnología no es un lujo, sino una decisión estratégica. Los equipos de última generación no solo mejoran la eficiencia operativa, sino que respaldan diagnósticos más certeros y fortalecen la confianza del paciente.

“La tecnología no reemplaza el criterio clínico; lo potencia. Y cuando el diagnóstico es más preciso, el impacto en la calidad visual del paciente es evidente”, concluye.

La transformación del consultorio no es una promesa futura, sino una realidad en marcha. Y, según Sandra Karina Ramos, el verdadero reto no es tecnológico, sino cultural: asumir que la innovación, bien integrada, es una aliada directa de la precisión diagnóstica y de la calidad en la atención visual.

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