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Del aula a la consulta: la optometría ante la era digital

Valentina Giraldo Martínez
Periodista Franja Visual

La transformación digital avanza con fuerza en la optometría y, en consecuencia, redefine tanto la práctica clínica como la formación académica. Así, desde la educación universitaria hasta la consulta diaria, la tecnología plantea retos y oportunidades que exigen una adaptación estratégica por parte del profesional de la salud visual.

La incorporación de herramientas digitales en la optometría ya no es una proyección futura, sino una realidad tangible que impacta de manera directa la atención clínica, la gestión administrativa y los modelos educativos. En este escenario, la visión de líderes académicos resulta especialmente relevante para comprender cómo afrontar este proceso de cambio. En ese sentido, la Dra. Sandra Ortiz, decana de optometría de la Fundación Universitaria del Área Andina, ofrece una lectura crítica y propositiva sobre el papel que hoy ocupan la tecnología y la inteligencia artificial en el presente y el futuro de la profesión.

Desde su rol académico, la Dra. Ortiz lidera procesos orientados a preparar a los optómetras que ejercerán en un entorno cada vez más digitalizado. No obstante, su responsabilidad no se limita a la administración de una facultad, sino que se extiende a la construcción de estrategias formativas que permitan a los estudiantes comprender la tecnología como una aliada y no como una amenaza. En consecuencia, impulsa la actualización de los microcurrículos para integrar la inteligencia artificial de forma transversal, es decir, como una herramienta aplicada al análisis clínico, a la toma de decisiones y a la gestión del conocimiento. De acuerdo con su visión, la tecnología no debe abordarse como un contenido aislado, sino como un recurso que atraviesa todas las asignaturas y se incorpora de manera natural al ejercicio profesional.

Ahora bien, la transformación digital en la optometría, según explica la experta, no se reduce a la adquisición de equipos de alto costo ni está reservada exclusivamente para grandes clínicas. Por el contrario, hoy existen soluciones accesibles para ópticas independientes que incluyen sistemas de historia clínica digital, plataformas de facturación, control de inventarios y herramientas de apoyo diagnóstico basadas en inteligencia artificial. A ello se suman dispositivos clínicos avanzados, como los sistemas de tomografía de coherencia óptica con soporte algorítmico y los equipos multidiagnósticos, los cuales amplían de forma significativa la capacidad de análisis del profesional. Además, un elemento clave en este proceso es la interoperabilidad, entendida como la posibilidad de que los sistemas se conecten entre sí y faciliten la comunicación con otras áreas de la salud, optimizando así los tiempos y los flujos de trabajo.

Del mismo modo, la irrupción de la inteligencia artificial ha obligado a replantear los métodos tradicionales de evaluación en la formación universitaria. Para la Dra. Ortiz, evaluar mediante ensayos escritos o pruebas centradas en la memoria ha perdido sentido, dado que este tipo de tareas pueden resolverse de forma automática en cuestión de segundos. En su lugar, propone metodologías basadas en el análisis de casos clínicos, el desarrollo de proyectos, talleres prácticos y discusiones guiadas que, en conjunto, fortalezcan el razonamiento clínico y la capacidad estratégica del estudiante. Este cambio, además, interpela de manera directa al docente, quien debe superar el temor a la tecnología y asumir un rol activo en su aprendizaje continuo, ya que, de lo contrario, la brecha con los estudiantes podría ampliarse de forma considerable.

Por otra parte, uno de los debates más frecuentes en el sector es la posibilidad de que la tecnología llegue a reemplazar al optómetra. Frente a este planteamiento, la postura de la Dra. Ortiz es clara: el riesgo existe únicamente cuando la práctica clínica se limita a obtener un dato refractivo sin análisis ni correlación clínica. En esos escenarios, los procesos automatizados pueden ocupar el lugar del profesional. Sin embargo, cuando el optómetra interpreta la información, integra los datos disponibles, personaliza el manejo y establece una relación humana con el paciente, la tecnología se convierte en un apoyo y no en un sustituto. Para ilustrarlo, la académica recurre a una metáfora contundente: la inteligencia artificial es como una ola gigante; enfrentarse a ella sin preparación puede resultar abrumador, pero aprender a surfearla permite avanzar más lejos.

Finalmente, de cara al futuro, la Dra. Ortiz visualiza una consulta híbrida, en la que los procesos administrativos y ciertos análisis se automaticen, liberando tiempo para una atención clínica más cercana y personalizada. De este modo, la eficiencia tecnológica permitirá fortalecer la relación con el paciente, mejorar la experiencia en consulta y, en consecuencia, aumentar la fidelización. Asimismo, anticipa la llegada de nuevos dispositivos portables, como los anteojos inteligentes, que podrían transformar la montura en un eje central de la vida cotidiana y profesional. En conclusión, la transformación digital, lejos de desplazar al optómetra, redefine su valor y exige una adaptación basada en criterio, formación continua y visión estratégica.

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