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Satisloh redefine su hoja de ruta en Latam para 2026

La industria de laboratorios ópticos en América Latina se encuentra ante un punto de inflexión. Con la llegada de Javier Flórez, OD, a la presidencia regional de Satisloh, la conversación deja de centrarse únicamente en capacidad productiva y pasa a enfocarse en un concepto más estructural: excelencia operativa sostenible hacia 2026.

En entrevista, con Javier Oviedo, presidente de Grupo Franja, Flórez fue enfático en que la región enfrenta desafíos constantes y heterogéneos. Algunos mercados han acelerado su transición tecnológica, mientras otros continúan operando con infraestructura de hace 20 o 30 años. En ese contexto, la modernización ya no es una opción estratégica, sino una condición mínima para competir.

“Estamos bastante alineados en que ofrezcamos cada vez más excelencia, que cada vez la experiencia de nuestros laboratorios clientes sea mejor, que seamos más rápidos, más eficientes…”, señaló el directivo.

Del tallado convencional al ecosistema digital

Uno de los ejes centrales del plan 2026 es cerrar la brecha entre el tallado convencional y la alta precisión digital. El modelo tradicional —basado en generadores mecánicos y procesos manuales— enfrenta limitaciones estructurales: desgaste físico, menor exactitud y alta dependencia operativa.

En contraste, el ecosistema digital incorpora:

  • Exactitud constante punto a punto.
  • Integración fluida con tratamientos de alto valor, como antirreflejos avanzados.
  • Reducción de desperdicio de insumos.
  • Escalabilidad flexible desde 20 hasta 120 lentes por hora con el mismo estándar de precisión.

Uno de los hallazgos estratégicos más relevantes es la democratización de la calidad óptica: un laboratorio pequeño puede alcanzar exactamente el mismo nivel de precisión que una planta industrial de gran volumen. La diferencia ya no está en el tamaño, sino en la visión estratégica del liderazgo.

Eficiencia como nuevo diferenciador

Hacia 2026, la competitividad no se medirá únicamente por volumen producido, sino por la optimización del costo total de propiedad (TCO). En un entorno de incremento energético y presión sobre márgenes, la automatización impacta tres variables críticas:

  1. Reducción del costo por lente, al minimizar retrabajos y merma.
  2. Optimización energética, con equipos diseñados para consumir menos electricidad.
  3. Velocidad de entrega, clave en un retail que exige inmediatez.

La rapidez deja de ser una ventaja comercial para convertirse en moneda de supervivencia.

Robotización: redefinición del rol humano

Uno de los puntos más sensibles del proceso es la incorporación de robótica en el laboratorio. Sin embargo, la visión expuesta no plantea sustitución, sino reingeniería de funciones.

La automatización asume tareas repetitivas y de bajo valor agregado, permitiendo que el talento humano se concentre en áreas críticas:

  • Control de calidad avanzado y toma de decisiones técnicas.
  • Mantenimiento preventivo y calibración de sistemas de alta precisión.
  • Procesos especializados de montaje y biselado complejo.

Este cambio implica pasar de una fuerza laboral operativa a una fuerza laboral técnico-decisional. El laboratorio deja de ser un taller de manufactura para convertirse en un centro de soluciones de ingeniería óptica.

Liderazgo y continuidad organizacional

El proceso de transformación también descansa en una arquitectura interna de liderazgo. La promoción de talento dentro de la organización —como en los casos de Alessandro Moreira en la dirección comercial regional y Dean Francesco en servicio técnico— apunta a garantizar continuidad, conocimiento del mercado local y estabilidad en la ejecución.

En un entorno latinoamericano caracterizado por volatilidad económica, esta consistencia organizacional funciona como un amortiguador estratégico para los laboratorios que emprenden el salto tecnológico.

2026: un escenario binario

El horizonte planteado es claro: hacia 2026 coexistirán dos modelos.

  • Laboratorios digitalmente integrados, con alta precisión, eficiencia energética y talento técnico especializado.
  • Talleres analógicos, con infraestructura obsoleta y márgenes erosionados.

La precisión digital ya no se presenta como un lujo tecnológico, sino como el estándar mínimo aceptable para participar en los segmentos de mayor margen.

En última instancia, la visión estratégica expuesta sugiere que el verdadero diferencial no será únicamente la máquina, sino la combinación entre autonomía tecnológica y excelencia decisional del talento humano. Esa simbiosis será la que determine qué laboratorios mantendrán su relevancia en la cadena de valor óptica latinoamericana.

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