HomeInvestigaciónAmérica Latina: Turismo sin barreras… ¿pero visible para todos?

América Latina: Turismo sin barreras… ¿pero visible para todos?

 

Lina María Hurtado

Periodista de Franja Visual

 

 

Un paciente con baja visión llega a la consulta después de un viaje frustrante. Había elegido un destino turístico promocionado como “accesible”, y aunque en las fotografías, todo parecía preparado: rampas impecables, pasamanos y habitaciones amplias, en la práctica no pudo orientarse dentro del hotel por falta de contraste visual; no logró moverse con autonomía en los museos por ausencia de audioguías; no pudo utilizar la aplicación de reservas porque no era compatible con lectores de pantalla. La pregunta, inevitablemente, vuelve a él y al profesional que lo atiende: ¿de qué sirve optimizar la visión si el entorno sigue diseñado para quienes ven bien?

Este punto de partida, tan cotidiano como incómodo, abre una reflexión necesaria para la salud visual en América Latina, basada en que la accesibilidad turística sigue pensándose desde la discapacidad motora, no desde las necesidades sensoriales, teniendo esa brecha un impacto directo sobre la autonomía, la movilidad, la seguridad y la calidad de vida de personas con baja visión y ceguera.

La Dra. Donají López, especialista en baja visión, lo resume de forma precisa: “La barrera más fuerte a la que se enfrentan diariamente es la discriminación… ya desde la idea de ‘no deberías estar aquí solo’, comenzó la barrera más grandota: invisible, pero se siente mucho”. (1)

A este análisis se suma la experiencia de Fermín Ponce León, viajero, activista y referente latinoamericano en turismo inclusivo con discapacidad visual. Desde su perspectiva, la accesibilidad turística está lejos de ser una realidad cotidiana: “He tenido experiencias con destinos que se presentan como accesibles, pero en realidad no lo son… con tal de vender te ofrecen lo mejor, pero al llegar descubres que el personal no está capacitado y aparecen barreras aptitudinales, arquitectónicas y de acceso a la información”. (2)

Frente a este panorama, la (Organización Mundial del Turismo) – OMT, advierte desde hace años, que el turismo accesible no puede limitarse a eliminar barreras físicas; debe abordar también las barreras de comunicación, información y percepción, convirtiéndose para las personas con baja visión o ceguera, en muchos casos, en las más determinantes. (3)

¿ES ACCESIBLE UN VIAJE QUE EXIGE VER BIEN PARA PODER VIVIRLO?

A primera vista, puede parecer que América Latina avanza con decisión en accesibilidad: existen leyes nacionales, compromisos internacionales y documentos que hablan de inclusión, sin embargo, entre lo que se escribe y lo que realmente viven las personas todavía existe una enorme distancia. La Revista InveCom, en su artículo “Análisis de las políticas públicas de discapacidad en Latinoamérica”, lo expresa con claridad al señalar que “entre los obstáculos más comunes se encuentran las barreras físicas y arquitectónicas, las comunicativas y las del ámbito educativo/laboral, donde la discriminación y la falta de oportunidades igualitarias siguen siendo una realidad”. (4)

La experiencia clínica y la vivencia de usuarios lo confirman. Para Fermín, un destino puede tener rampas impecables, pero seguir siendo hostil para quienes dependen del contraste, la señalética o la audiodescripción: “Para la discapacidad visual, lo más importante no siempre es lo arquitectónico… prefiero la calidez humana y la aptitud del personal, porque esas adecuaciones cuestan menos y valen más”. (2)

Desde la perspectiva de la baja visión, detalles aparentemente menores pueden determinar la autonomía o el riesgo: “Los letreros con colores muy claros que no contrastan, las puertas de cristal impecables, la señalética que se pierde en la decoración… todo eso puede volver imposible orientarse”. (2)

“El estudio Importancia y situación actual de la accesibilidad web para el turismo accesible”, publicado en la Revista PASOS, refuerza la gravedad del problema: el 80,4 % de los sitios web turísticos no cumplen el nivel mínimo de accesibilidad. A esto se suma lo que observa la especialista López: “Todavía no hay esos apoyos tecnológicos que facilitan el acceso… si no incluyes contraste, audiodescripción o navegación accesible, la persona simplemente se lo pierde”. (5)

Este tipo de contradicciones ocurren porque, como lo recuerda la ISO 21902 en la guía “Requisitos y recomendaciones para las empresas de alojamiento, restauración y MICE 2”, “la ausencia de normativa consensuada a nivel mundial aún hace imposible comparar destinos por su nivel de accesibilidad”, (6) lo que traduce que, en la práctica, cada destino interpreta la accesibilidad de manera distinta, y con frecuencia se limita a resolver lo físico, dejando por fuera lo sensorial.

La norma también insiste en que la accesibilidad no es un costo extra, sino una oportunidad. Afirma que “al incluir la accesibilidad y el diseño universal desde el principio, la inversión es mínima” y que estas acciones permiten a las empresas “llegar a nuevos públicos y emplear a personas con diversidad funcional”. (6) Sin embargo, solo algunos de los destinos que se promocionan como accesibles integran herramientas esenciales para discapacidad visual, como audiodescripciones, mapas táctiles o señalización de alto contraste.

Por eso, la misma ISO subraya que los servicios turísticos deben garantizar “condiciones de autonomía, confort y seguridad para todos los clientes” y ofrecer “información en formatos accesibles”. Y no solo eso, recomienda que las empresas involucren a usuarios reales, al proponer “contratar a expertos con discapacidad para la identificación de barreras” y recurrir a ellos en el diseño de experiencias.6 Sin ese diálogo directo, lo accesible termina siendo apenas lo que “parece accesible”.

Esto coincide con Fermín cuando insiste en que la inclusión no puede darse sin participación directa: “Nada sobre nosotros sin nosotros… todavía falta que las personas con discapacidad visual participemos más en las decisiones turísticas”. (2)

De allí surge una pregunta que interpela de manera especial a los profesionales de la salud visual: ¿se puede hablar de verdadera inclusión cuando la experiencia turística de una persona con discapacidad visual sigue dependiendo de que alguien le traduzca lo que el entorno no está preparado para comunicarle?

Y es que, frente a este panorama, Fermín aclara una distinción conceptual clave que amplía la discusión: “Nosotros no hacemos turismo accesible, hacemos turismo inclusivo. El turismo accesible exige que no se rompa ninguna cadena —información, aptitud y arquitectura—“, (2) es decir, que los entornos, los servicios y los sistemas estén diseñados desde el inicio para no generar barreras. Sin embargo, en América Latina esa cadena rara vez se mantiene intacta: falla la señalización, la información no es usable o el entorno no contempla las necesidades sensoriales. Por eso se habla de turismo inclusivo, un enfoque que reconoce esas rupturas y trabaja activamente para acompañar, adaptar y garantizar la participación real de las personas, incluso cuando el entorno no es plenamente accesible.

UN PANORAMA HETEROGÉNEO: ACCESIBILIDAD TURÍSTICA EN LATAM

Aunque América Latina ha logrado avances importantes, el desarrollo de un turismo verdaderamente accesible sigue siendo desigual, tal como lo describe Pablo Lecuona, uno de los fundadores de la Asociación Argentina Tiflonexos, en el artículo “Viajar sin barreras: destinos accesibles para personas con discapacidad visual”: “En la región, hay iniciativas interesantes… pero desafortunadamente aún son aisladas porque no existen muchos planes de accesibilidad integral en los países latinoamericanos”. (7)

En Valparaíso, Chile, por ejemplo, se ha puesto en marcha un proyecto piloto que busca “estandarizar la simbología táctil y generar un lenguaje cartográfico común para la población con discapacidad visual de América Latina”, una iniciativa que no solo mejora la orientación local, sino que abre la puerta a un modelo replicable en otros países. (7)

Por su parte, Brasil ha consolidado una oferta amplia y diversa de turismo, con más de 530 establecimientos accesibles, que incluyen parques, museos, atracciones turísticas y hoteles. A ello se suma una herramienta que complementa la experiencia; se trata de una aplicación del Ministerio de Turismo diseñada para proporcionar información que garantice la autonomía de viajeros con discapacidad. (7)

Siguiendo con Argentina, la accesibilidad está respaldada por un marco legal robusto. Su Ley Nacional de Turismo N.º 25997, aprobada en 2005, establece como objetivo central “la eliminación de las barreras que impidan el uso y disfrute de la actividad turística por todos los sectores de la sociedad, incentivando la equiparación de oportunidades”. (7) A diferencia de otros países, la normativa argentina incorpora explícitamente los principios del Diseño Universal, lo que ha permitido articular políticas, programas y servicios con una visión más integral.

Otros países avanzan con iniciativas que, aunque más recientes, muestran un compromiso creciente. En Uruguay, Costa Rica, Perú y Colombia, se han desarrollado circuitos turísticos inclusivos con guías capacitados para atender las necesidades de viajeros con discapacidad, integrando formación específica y adecuaciones en rutas, señalética y actividades. (7)

Seguido a esto, está la ciudad de Baños en Ecuador, uno de los destinos que ha sido transformado para que personas con distintos tipos de discapacidad puedan realizar actividades como puenting, rafting o tirolina bajo condiciones adaptadas y seguras. (7)

Aun así, la especialista recuerda la importancia de la formación humana detrás de cada proyecto: “Puedes tener un espacio súper bonito y súper accesible, pero si el personal no está capacitado, la experiencia se deshace”. (1)

Esto evidencia que, a pesar de los desafíos, existen avances que permiten pensar en un futuro más inclusivo, en el que alianzas con plataformas como Lazarillo App, Be My Eyes y sistemas de audiodescripción, podrían modificar de forma sustancial la autonomía de los visitantes.

NO HAY AUTONOMÍA SIN ACCESIBILIDAD

El turismo inclusivo en LatAm no puede seguir reduciéndose al cumplimiento parcial de normas arquitectónicas. La verdadera inclusión —especialmente para quienes tienen discapacidad visual— requiere comprender que la autonomía no se construye con rampas, sino con acceso a la información, enfoque sensorial, tecnología accesible y personal capacitado.

Para los profesionales de la salud visual, el reto es evidente: reconocer que la inclusión también pasa por comprender cómo se vive la visión más allá del consultorio. Las decisiones que se toman desde la práctica clínica pueden influir en cómo una persona con discapacidad visual participa del mundo, viaja y se integra.

Porque, en última instancia, la pregunta continúa siendo: ¿de qué sirve corregir la visión, si el entorno sigue sin permitir ver?

REFERENCIAS

1-     López, D. (4 de diciembre de 2025). América Latina turismo sin barreras… ¿pero visible para todos? (L. M. Hurtado, Entrevistadora). Franja Visual.

2-     León, F. P. (6 de diciembre de 2025). América Latina: turismo sin barreras… pero ¿visible para todos? (L. M. Hurtado, Entrevistador). Franja Visual.

3-     Organización Mundial del Turismo. (2025). UN Tourism. Recuperado de UN Tourism: https://www.untourism.int/accessibility

4-     Cornejo, C., Bazante, R., Vasquez, S., & Tarqui, M. Análisis de las políticas públicas de discapacidad en Latinoamérica. Revista InveCom, 2024;5:3.

5-     Fontanet, g., & Jauame, J. Importancia y situación actual de la accesibilidad web para el turismo accesible . PASOS Rev Tur Patrim Cult. 2011;9:324.

6-     Turismo de las Naciones Unidas; Fundación ONCE; UNE; Red Europea de Turismos Accesible; Sage Travelling; Impulsa Igualdad. (2024). Requisitos y recomendaciones para las empresas de alojamiento, restauración y MICE 2 2024.

7-     Brunner, E., & Grande, R. Viajar sin barreras: destinos accesibles para personas con discapacidad visual. World Economic Forum; 2018.

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