En un sector donde abundan los discursos sobre transformación digital, pero escasean los casos reales aplicados desde el propio consultorio óptico, Prisma Óptica -la primera marca especializada en personalización de lentes oftálmicos y pioneros en transformación digital para el rubro óptico-, aparece como una excepción. La historia de su fundador, Miguel —óptico peruano y creador de la marca registrada—, muestra cómo la tecnología puede convertirse en un recurso práctico cuando se integra a la operación diaria con propósito claro y métricas contundentes.
Durante ocho años, Miguel experimentó con herramientas digitales para optimizar procesos internos. Sin embargo, el verdadero punto de quiebre llegó hace apenas 51 días, cuando decidió implementar inteligencia artificial en toda la gestión de clientes, conectándola directamente con campañas de Meta Ads. El impacto fue inmediato: un flujo diario de 80 a 150 leads, todos atendidos 24/7 por sistemas automáticos capaces de filtrar, preclasificar y conducir solo los casos adecuados al equipo humano, garantizando rapidez y personalización sin sacrificar eficiencia.
Este modelo no surgió por moda tecnológica, sino por una necesidad del rubro: la atención inmediata y la continuidad operativa. Prisma Óptica logró convertir la IA en un asistente permanente que no sustituye al optómetra, sino que libera tiempo para la evaluación personalizada en el punto de venta. “La clave está en la precisión del filtrado y en tener claro el tipo de paciente que queremos atraer”, explica Miguel en su metodología.
Ese enfoque lo llevó a estructurar toda la estrategia comercial sobre una base sólida: los productos mínimos viables (PMV). En lugar de saturar al cliente con un catálogo amplio, el sistema presenta soluciones de alto rendimiento que forman parte del núcleo de su propuesta: lentes Carl Zeiss, Rodenstock, Prats, Joya Vision y modelos seleccionados de Essilor. Esta curaduría no solo facilita la toma de decisiones del consumidor, sino que convierte la comunicación en un mensaje directo y coherente, sostenido por marcas reconocidas por su calidad óptica.
Prisma Óptica se consolidó, así, como un laboratorio vivo donde la tecnología no se queda en teoría. Cada campaña, cada mensaje automatizado y cada interacción del chatbot pasa por un proceso de prueba, ajuste y análisis, lo que ha permitido desarrollar una metodología replicable para otras ópticas que buscan escalar sin perder su esencia profesional.
Miguel insiste en que el aporte diferencial no está en conocer marketing desde afuera, sino en haberlo aplicado desde adentro, enfrentando los mismos desafíos que vive cualquier óptico peruano: atraer pacientes reales, mejorar la experiencia de compra y sostener un crecimiento rentable. Por ello, su propuesta no se limita a mostrar resultados, sino a enseñar cómo lograrlos desde la experiencia directa.
Con esta combinación de IA, estrategia comercial y selección precisa de productos premium, Prisma Óptica demuestra que la innovación en el sector no depende de grandes presupuestos, sino de decisiones técnicas bien orientadas. El modelo ya está generando tracción, y su mayor valor radica en que se ha construido desde la práctica, no desde la teoría.



