Al ser la miopía una causa de preocupación mundial, dadas las alteraciones a nivel del polo posterior, los esfuerzos de investigación se han diversificado con el fin de comprender mejor el origen del crecimiento sin control del globo ocular. Una vez se esclarezcan los mecanismos implicados en este fenómeno, es posible identificar los blancos terapéuticos que actúen desde la base fisiopatológica de la miopía. En este contexto, gran parte de la evidencia se ha enfocado en el estudio del remodelado de la matriz extracelular (MEC) en la esclerótica, dado que las alteraciones en este proceso parecen ser clave en la desregulación del crecimiento ocular. De hecho, se han identificado múltiples factores genéticos y ambientales que influyen en este mecanismo. (1,2)
Entre tanto, se ha descrito el rol que ciertas citoquinas inflamatorias desempeñan en el proceso patológico que conduce a la miopía. En este sentido, se ha identificado que la IL-6 promueve la expresión de metaloproteinasas de matriz en los fibroblastos esclerales, factor que contribuiría a la alteración de la conformación y arquitectura de la esclera en la miopía. Asimismo, se ha observado una inhibición de la síntesis de colágeno, lo cual afecta la ultraestructura esencial de este tejido. (1)
Adicionalmente, se ha señalado que el TNF-α, activa la vía de señalización NF-κB, lo parece inducir una mayor diferenciación de fibroblastos a miofibroblastos, y con ello, una degradación de la MEC escleral. Todo lo anterior debilitaría la biomecánica escleral, aumentando su vulnerabilidad a cambio en su estabilidad estructural. Estos procesos han dado origen a diferentes hipótesis. En este contexto, Zhao y colaboradores (2025) destacan que las investigaciones sobre el microbioma humano muestran una estrecha relación con distintos estados patológicos, ampliando la comprensión de numerosas enfermedades. (1,3,4)
Aplicando estos preceptos al ámbito ocular, se ha propuesto que las alteraciones en la microbiota intestinal pueden influir en el desarrollo de la miopía al modular las respuestas inmunitarias y favorecer un estado de inflamación sistémica. Por otra parte, aunque la microbiota presente en la superficie ocular posee una biomasa limitada, cumple un papel fundamental en la regulación de la homeostasis inmunitaria local. Este efecto se manifiesta a través de los metabolitos como los ácidos grasos de cadena corta y de la activación de receptores de reconocimiento de patrones (TLRs), mecanismos que contribuye a preservar el equilibrio inmunológico ocular. (1,5)
Con el interés de profundizar en el posible papel del microbioma ocular en el desarrollo de la miopía, Zhao y colaboradores (2025), reali zaron una investigación cuyo objetivo fue identificar la relación entre la microbiota de la superficie ocular y la miopía magna (MM), con el fin de establecer posibles targets microbianos para el control de su progresión. El estudio se desarrolló mediante un diseño de casos y controles, en el cual los participantes fueron clasificados en dos grupos: uno con miopía magna MM y otro control. (1) Ver Figura 1.

Seleccionados los grupos, los autores realizaron el análisis de la microbiota ocular mediante secuenciación de 16S rRNA, con énfasis en la evaluación de la diversidad y composición microbiana. Es preciso destacar que se prestó especial atención a la población de Lactobacillus vini (L. vini). Adicionalmente, se efectuaron análisis de correlación para identificar los factores que podrían influir en la distribución bacteriana. (1)
De manera complementaria, los autores desarrollaron experimentos en animales utilizando ratones macho C57BL/6J libres de patógenos específicos, de entre 3 y 4 semanas de edad. En los criterios de exclusión se consideraron aquellos ejemplares con enfermedades oculares que pudieran sesgar la interpretación de los resultados. Los modelos animales fueron mantenidos en condiciones controladas de temperatura, humedad y ciclo luz/oscuridad para evitar la alteración del ritmo circadiano, y recibieron una dieta estándar con suministro libre de agua. (1)
Con estos grupos experimentales, un conjunto recibió gotas oculares de solución salina tamponada (PBS, por su sigla en inglés) y otro gotas oculares de L. vini cada Figura 1. Diagrama de flujo que explica el diseño metodológico del estudio. dos días. Los murinos de control no recibieron ningún tipo de colirio oftálmico, mientras que ratones no modelo de la misma edad sirvieron como controles adicionales. En paralelo, para evaluar la progresión de la miopía en los participantes humanos, se midieron parámetros oculares como la longitud axial (LA), el equivalente esférico (EE) y la presión intraocular (PIO). Asimismo, se recolectaron muestras de película lagrimal, que fueron almacenadas a -80 °C y analizadas mediante ensayos inmunoenzimáticos (ELISA) para detectar los niveles de citoquinas inflamatorias IL-6 y TNF-α. (1)
Como resultados principales, los autores reportan que el análisis del microbioma ocular permitió identificar más de 10.000 Unidades Taxonómicas Operacionales (OTUs, por su sigla en inglés), con diferencias marcadas en la diversidad y composición bacteriana entre los grupos estudiados. En el grupo con miopía magna (MM) se evidenció un aumento significativo de la diversidad alfa y una clara separación en la diversidad beta respecto al grupo control. (1)
A nivel taxonómico, los pacientes con MM presentaron una menor abundancia relativa de Proteobacteria y Cyanobacteria, junto con un aumento de Firmicutes, Actinobacteria y Bacteroidota. En cuanto a los géneros bacterianos, el grupo control estuvo dominado por Pseudomonas, cuya proporción disminuyó de manera notable en MM. En contraste, se identificó aumento de géneros como Ralstonia y Cutibacterium. (1)
Los autores indican que el análisis diferencial mostró que L. vini fue significativamente más abundante en el grupo control, lo que sugiere una relación inversamente proporcional entre la severidad de la MM y los niveles de L. vini , así como con las citoquinas inflamatorias IL-6 y TNF-α. Adicionalmente, se observaron correlaciones positivas entre la presencia de Bifidobacterium longum y marcadores de inflamación ocular. En conjunto, estos hallazgos posicionan a L. vini como el principal marcador diferencial entre MM y el grupo control, con un potencial valor diagnóstico relevante. (1)
Finalmente, los análisis funcionales predictivos realizados mediante la herramienta bioinformática PICRUSt2 evidenciaron que, en el grupo control, se encontraban enriquecidas rutas metabólicas relacionadas con la formación de biopelículas, el metabolismo de aminoácidos y la regulación de la longevidad. En contraste, en el grupo con MM predominaron vías asociadas a mecanismos de comunicación bacteriana tipo quorum sensing, reparación del ADN y metabolismo de esfingolípidos.
En los modelos experimentales animales, los ensayos in vivo demostraron que la administración tópica de L. vini en los murinos redujo la tendencia hacia la miopía. Esto se evidenció por el aumento del espesor del colágeno escleral y por una mayor expresión de colágeno tipo-I. Un hallazgo complementario fue la inhibición de la alfa-actina de músculo liso, considerada un marcador de remodelado escleral patológico. Los autores describen además que L. vini disminuyó la respuesta inflamatoria en la superficie ocular sin generar alteraciones estructurales en la córnea. Esto coincide con estudios en donde se observa que en cultivos de fibroblastos esclerales humanos, L. vini también revirtió la reducción de colágeno tipo-I inducida por IL-6 y TNF-α.
Con estos resultados, los autores enfatizan que las alteraciones en la microbiota de la superficie ocular, en particular el aumento de la presencia de L. vini pueden influir en la progresión de la miopía a través de la modulación inmunitaria. Según señalan, L. vini podría contribuir a regular la inflamación local, un proceso que se ha relacionado directamente con el remodelado escleral y, por ende, con la comprensión de la fisiopatogenia de la miopía magna. (1)
Asimismo, destacan que la inflamación de la superficie ocular puede activar respuestas inmunitarias que desencadenan inflamación intraocular y cambios patológicos, como la degradación del colágeno escleral, favoreciendo la progresión de la miopía. En este contexto, los niveles elevados de citoquinas proinflamatorias, especialmente IL-6 y TNF-α, se correlacionan directamente con una mayor tendencia a aumentar al incremento de la miopía. (1)
Uno de los aspectos más relevantes del estudio de Zhao y colaboradores (2025) es la propuesta de que intervenciones dirigidas a la microbiota, como el incremento de bacterias beneficiosas como L. vini, podrían inhibir el remodelado escleral y frenar la progresión de la miopía. Esto subraya la necesidad de ampliar las investigaciones sobre el comportamiento de la microbiota de la superficie ocular en la MM, con miras a evaluar la administración de medicamentos probióticos o moduladores microbianos que regulen la respuesta inflamatoria asociada a la MM. (1)
Para fortalecer estas premisas los autores recomiendan incorporar técnicas avanzadas como la metagenómica shotgun y la secuenciación de ARN, con el fin de comprender con mayor precisión los mecanismos implicados y validar las terapias basadas en la microbiota. Estas aproximaciones permitirían establecer blancos terapéuticos, protocolos clínicos y sistemas de monitoreo de la progresión de la miopía fundamentados en el comportamiento microbiano y la respuesta inflamatoria asociada.(1)
Referencias
1. Zhao L, Xie Y, Chen W, Zhang Y, Lu Y, Li Y, et al. Advancing Myopia Management: The Therapeutic Potential of Microbiota-Targeted Interventions. Am J Ophthalmol. el 1 de noviembre de 2025;279:34–47. 2.shi-et-al-2023-global-prevalence-of-myopic-macular-degeneration-in-general-population-and-patients-with-high-myopia-a (1).
3. Li JJ, Yi S, Wei L. Ocular Microbiota and Intraocular Inflammation. Front Immunol. el 23 de diciembre de 2020;11.
4. Xue W, Li JJ, Zou Y, Zou B, Wei L. Microbiota and Ocular Diseases. Vol. 11, Frontiers in Cellular and Infection Microbiology. Frontiers Media S.A.; 2021.
5. Fu X, Tan H, Huang L, Chen W, Ren X, Chen D. Gut microbiota and eye diseases: a bibliometric study and visualization analysis. Front Cell Infect Microbiol. 2023;13.



