
Javier Oviedo OD.
Director
@javieroviedo
El cierre de 2025 y la apertura de 2026 marcan mucho más que un cambio de año. Representan el paso de la reflexión a la acción. Si el 2025 dejó una solicitud clara de integración, el 2026 exige su ejecución decidida: integración entre tecnología y humanidad, entre ciencia y emoción, entre lo digital y lo presencial, entre todos los actores de la comunidad salud visual. Nuestra misión de llevar salud visual a América Latina ya no se encuentra en una etapa de adaptación; se encuentra en una etapa de definición.
La labor que realizamos atraviesa una transformación profunda, transversal y acelerada. No se trata de cambios aislados ni coyunturales, sino de un nuevo contexto estructural donde convergen política, entorno social, economía, tecnología, inteligencia artificial y un consumidor omnicanal cada vez más informado. Este escenario impacta por igual a profesionales, establecimientos, industria proveedora, formadores y líderes gremiales, y redefine la manera en que entendemos el ejercicio clínico, la gestión empresarial y la relación con el paciente.
Nuestro entorno latinoamericano ha estado marcado por inestabilidad política, polarización social y presiones económicas que afectan directamente el desempeño de los establecimientos de salud visual. El 2025 dejó en evidencia que los modelos tradicionales son frágiles frente a estos factores. El 2026, en cambio, exige estructuras más flexibles, estratégicas y profundamente conectadas con la realidad del consumidor y de la región.
En la práctica clínica, la incorporación de la inteligencia artificial ha representado un salto cuántico. Los equipos de diagnóstico, ya altamente precisos, integran hoy IA como apoyo al análisis, la interpretación de datos y la toma de decisiones. El 2025 permitió comprender su potencial; el 2026 demandará su uso responsable, ético y estratégico. Este escenario redefine el rol del profesional de la visión, llamado a liderar la tecnología sin renunciar al criterio clínico, la experiencia y el juicio humano.
De manera complementaria, la teleoptometría ha dejado de ser una opción emergente para consolidarse como una respuesta concreta a la falta y a la desigual distribución de profesionales en el continente. El aprendizaje del 2025 demuestra que, bien estructurada y regulada, amplía la cobertura, fortalece los sistemas de atención y genera nuevas oportunidades de ejercicio profesional. En 2026, su integración será clave para mejorar el acceso y el impacto social de la salud visual.
Desde el punto de vista comercial, el sector comprendió en 2025 que el consumidor decide en el entorno digital, aunque concrete su compra en el espacio físico. La búsqueda de información, la comparación, la validación social y la construcción de confianza ocurren principalmente en la vida virtual. El 2026 exigirá estrategias omnicanal coherentes, donde marketing, asesoría profesional y experiencia en tienda funcionen como un solo sistema.
El relacionamiento con el cliente también ha evolucionado. Es un consumidor más informado, más exigente y emocionalmente consciente. La venta ya no depende únicamente del producto o del precio, sino de la experiencia completa, del propósito que comunica la marca y de la coherencia entre lo que se promete y lo que se entrega. Este reto involucra a vendedores, administradores y proveedores, y requiere una alineación real entre todos los actores del sector.
En cuanto a los productos, la innovación es evidente. Lentes oftálmicos y de contacto incorporan alta tecnología para una adaptación cada vez más personalizada; incluso comienzan a integrarse soluciones que dialogan con el entorno digital del usuario. Las monturas evolucionan hacia materiales sostenibles, diseños auténticos y propuestas que integran tecnología, como audio, video y conectividad. En 2026, estos desarrollos serán cada vez más demandados por consumidores que buscan funcionalidad, estética y diferenciación, sin renunciar al confort ni a la identidad cultural.
as cirugías refractivas continúan avanzando hacia procedimientos menos invasivos y altamente guiados por tecnología de análisis y ejecución quirúrgica. Los resultados visuales alcanzan niveles de precisión e hiperagudeza que elevan las expectativas del paciente y abren nuevos escenarios de colaboración entre optometría, oftalmología e industria tecnológica.
En la administración de los establecimientos, el contraste es evidente. Muchos modelos siguen diseñados para un consumidor pasivo, presencial y poco informado. El 2025 dejó clara esta brecha. El 2026 exigirá administradores con visión estratégica, capaces de incorporar tecnología, inteligencia artificial y nuevos métodos de gestión, entendiendo que hoy la experiencia, la información y la coherencia pesan tanto como el producto clínico y comercial.
Con el cierre de este retador 2025, hacemos una pausa para agradecer las experiencias vividas y la sabiduría adquirida a lo largo del camino. Un año que nos exigió adaptarnos, aprender y fortalecernos como comunidad. Miramos hacia el 2026 con esperanza y convicción, entendiendo que la integración entre nosotros, con la tecnología y con una comprensión más profunda de la humanidad moderna será el motor que impulse nuestro crecimiento. Que este nuevo año nos encuentre más unidos, más conscientes y preparados para liderar, juntos, el desarrollo de la salud visual en América Latina. Feliz Navidad y un 2026 lleno de propósito, integración y visión compartida.



